Petróleo, “el excremento del demonio”

Cuando la estadounidense Terry Lynn Karl llego a Venezuela era muy joven, le interesaba escribir sobre la OPEP porque creía que el cartel sería una asociación revolucionaria para los países pobres y unidos enfrentar al mundo desarrollado con un precio justo por el petróleo, así, la pobreza, la desigualdad y la inequidad, quedarían atrás en poco tiempo.

Para Karl, Venezuela era un país clave ya que allí residía Juan Pablo Pérez, considerado el ideólogo de la OPEP, la escritora esperaba que él le narrara los inicios de la organización, decía el escritor Ibsen Martínez.

Cuando Karl se reunió con Pérez, este le dijo “no estudies a la OPEP, es aburrido, estudia sobre lo que el petróleo nos está haciendo” después, al despedirse le profetizo “en 10 o en 20 años veraz como el petróleo nos llevó a la ruina”. La frase “hundiéndonos en el excremento del demonio” le pertenece a Pérez.

Politólogos, economistas, abogados, ingenieros, todos, de alguna manera han utilizado este libro y otros que en resumen sostiene que el petróleo más que una bendición es una maldición para los países que lo exportan.

Los libros “la paradoja de la abundancia, Booms petroleros y Estados petroleros” dicen en sintaxis “los Estados con mayor fuente de riqueza en el petróleo terminan prisioneros de un circulo vicioso de corrupción, ineficiencia, burocratismo”.

Y, estos no son los únicos estudios, en los años 80 hubo varios análisis como el de Andrew Warner y Jeffry Sachs, quienes examinaron unos 97 países en 20 años, el análisis arrojo que los Estados que más dependen del petróleo, su crecimiento fue más débil entre los décadas de los 70 y 80 que el resto de países que dependían de otras industrias o del talento humano o del comercio. Se expuso como ejemplo a Venezuela, Ecuador, México, con Corea del Sur, Taiwán, China y Japón.

Hoy, Karl, es una de las académicas más respetadas en los EEUU, dice “la dependencia en las exportaciones de petróleo está asociada con instituciones públicas débiles, sin capacidad de manejar los desafíos que presentan los tipos de desarrollo que produce este combustible”.

“El influjo de las rentas petroleras producen Estados rentistas cuyo comportamiento es parasitario, donde todos quieren vivir de lo que produce el Estado, lo hacen a través de los subsidios exagerados y del proteccionismo que aumenta el empleo burocrático acompañado de un exceso de gasto público con una tendencia a hacerse muy grandes, gestión que promueve una cultura parasitaria en la población”.

Sí y no. Los Estados petroleros por la explotación a la que son sometidos, tipo colonias, son empujados hacia el estancamiento que produce no solo subdesarrollo sino desigualdad social comparados con otros estados, incluso, en la misma región, porque, los productos naturales son vendidos sin valor agregado, fue la gestión de la derecha política que alquilo o entrego la soberanía del país a las trasnacionales, situación que peso en el desarrollo cultural con un mejor conocimiento gracias a una educación de mejor nivel.

Desde los inicios de la producción petrolera, con el primer barril, se adoptó una postura de infinito o de allá cada gobierno, cada uno de ellos se alquilaba no solo a Washington sino a sus empresas que por décadas influenciaban en la política local restando oportunidad a la creatividad colectiva por la sensación de abundancia que las reservas petroleras ofrecían.

Estos gobiernos de derecha jamás respondieron por los recursos del pueblo, simplemente alquilaban el país a la explotación de las trasnacionales que a su vez compraban a los políticos que pasaban a ser parte del botín de la nación.

Y, lo más grave para muchos países productores de petróleo se da con las divisas que ingresan distorsionando el tema cambiario, con el tiempo se pasa a adquirir casi todo lo que se consume perjudicando la producción local.

Sin embargo, a mayor precio por barril y más reservas de petróleo más dependencia con el mundo desarrollado se contrae. Somos parte de la OMC, ONU, CAN, MERCOSUR, Celac, ALBA, OEA, ALADI, y todos los países a su vez tienen convenios bilaterales y ellos con otros Estados con relaciones multilaterales tipo TLC con EEUU, Europa, China, Irán, Rusia, Brasil y otras naciones por la necesidad de vender recursos, eso es globalización como dice Stiglitz “es un comercio dirigido por las tarifas arancelarias que orientan los mercados hacia donde desean, es toda una borrachera político-comercial”.

Nosotros, en cambio, queremos una revolución que nos conduzca al socialismo, pero, vivimos en una perpetua contradicción porque no terminamos de reconciliarnos con los cambios, no estamos en paz con la libertad que nos dejó el Libertador, parecería, que esta libertad está escrita en piedra, es como si fuera una libertad acusadora así la tomo Chávez, el comandante en algo suprimió nuestros miedos y mejoro la ignorancia hasta que murió, hoy, vuelven los temores, los fantasmas que nos aterran y que están dentro de la V República y en la completa intimidad de cada uno.

El petróleo es la riqueza de Venezuela, riqueza presente y futura, es al mismo tiempo una maldición cuyo precio nos permitió construir una especie de revolución que alimenta un potente burocratismo que crece sin cesar como crece la inflación, la corrupción; y eso que somos católicos chavistas- revolucionarios y tenemos petróleo en grandes cantidades.

Nuestra ideología proviene de un liberalismo europeo por lo tanto tiene una fuerte carga capitalista a pesar de nuestro mestizaje hispanoamericano que, sin apartarnos de nuestra raíces indígenas y africanas está seriamente confundido. Nos duele la conquista como nos duele el retraso de la libertad porque no queremos aceptar nuestros prejuicios que nos impiden industrializarnos, no queremos reconocernos en nuestra ignorancia, preferimos las máscaras y los hábitos neoliberales que nuestro petróleo introdujo materializando nuestra cultura.

Estamos con el concepto equivocado de que al aumentar la clase media el proyecto revolucionario camina a la transición, eso es una ficción como le paso a los brasileños, se fueron de compras a New York, Miami, gastaban 5.000 dólares, después encontraron su mayor yacimiento de crudo en aguas profundas y llego el estancamiento con el real porque ese petróleo se demora en ser producido, el dólar con su especulativo capital daño a la sexta economía mundial, aprovechando esa deficiencia en el manejo ideológico de que subir a la clase media es revolución.

Esta es una visión unilateral del socialismo del siglo XXI, tampoco es un límite, pero, tampoco ha servido como una herramienta o un arma para realizar la voluntad de un pueblo.


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Raúl Crespo


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