OEA ha caído en un progresivo deterioro funcional que deslegitima su existencia

El presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez, expresó que los países del continente desean cambios en el sistema de justicia interamericano y no tiene sentido que el actual se mantenga, especialmente cuando Estados Unidos es la única nación que desea conservar las cosas como están. “Pa qué OEA, pa qué CIDH”, se preguntó el gobernante.


”Si ahí no hay cambios, hay que acabar con la OEA, pues vamos a crear nosotros nuestros mecanismos en estos espacios geopolíticos de unidad, de integración que están naciendo”, agregó Chávez, quien acusó a Estados Unidos y Canadá de estar “tratando de bloquear los cambios”.



Aunado a ello, el canciller de la República, Nicolás Maduro, indicó que “no podemos renunciar al poder que nos da la Carta de la Organización de Estados Americanos y el Pacto de San José para corregir los entuertos de un conjunto diplomáticos de la burocracia internacional que ha tomando la Corte Interamericana de Derechos Humanos para someter a los gobiernos”.

El diplomático aseguró que la CIDH cree estar por encima de los Estados. “Con el argumento maltraído de que la autonomía y la independencia de este organismo está por encima de los Estados, cosa que nosotros no aceptamos, entonces se pretende decir que tenemos que sentarnos de tú a tú” expresó.

Recordó que los Estados miembros tienen la potestad para modificar cualquier elemento que haya sido tergiversado en el Sistema Interamericano, atribución establecida en el artículo 76 de la CIDH, "son los Estados los que tenemos la función para legislar, crear, perfeccionar, y cambiar cualquier elemento que este torcido o que haya sido tergiversado de este sistema de derechos humanos”.

Asimismo, Maduro mencionó que Venezuela ha sido víctima de la tergiversación del sistema, cuando en el año 2011 el secretario ejecutivo de la CIDH, Santiago Catón, reconoció el golpe de Estado desconociendo la embestidura de Hugo Chávez como presidente constitucional.

Cabe destacar, que en el marco de la 42 Asamblea General de la OEA, el canciller de Bolivia, David Choquehuaca, manifestó que “si no logramos lanzar un mejor diseño posiblemente estemos asistiendo al final de una organización que no quiso salvarse a sí misma”, esto en consonancia con el mandatario Evo Morales respecto a que la organización está ante el dilema de refundarse o morir.

Por su parte, el presidente de Ecuador, Rafael Correa, criticó a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), a los medios de comunicación “manipuladores”, a las ONGs de los países desarrollados y a quienes “satanizan” a los Estados y la política pública.

En su discurso Correa dijo que instituciones como ese organismo regional y la CIDH deben “revolucionarse o desaparecer” para adecuarse a los cambios políticos en la región, pues según el mandatario, los “procesos revolucionarios de Latinoamérica” están “cambiando la relación de poderes en función de las mayorías”, para acabar con Estados que calificó de burgueses, aparentes e incluso “de plastilina”.

Entre tanto, el Secretario General de la OEA, José Miguel Insulza, reafirmó la “validez y vigencia” del organismo y afirmó que la OEA “continúa siendo una institución imprescindible”, apuntando que “son cada vez más los que acuden a ella, sabiendo que encontrarán siempre un espacio de diálogo”, donde “aún cuando no se puedan resolver todas sus inquietudes, al menos ellas serán escuchadas y conocidas”.

La cita de la 42 Asamblea General de la OEA se desarrolló en Bolivia con la presencia de 16 cancilleres y representantes de 34 países, las ausencias más notorias fueron de la secretaria estadounidense Hillary Clinton y del canciller de Brasil, Antonio Patriota.

Las discrepancias del Organismo

No cabe duda que las actividades desarrolladas por la Organización de Estados Americanos (OEA) como organismo hemisférico regional, diverge en la actualidad de los objetivos que el mismo ostentaba a nivel funcional desde su nacimiento, enmarcado en la época de la Guerra Fría. Sin embargo, existe un elemento que se mantiene vigente dentro de la Organización: la omnipresente participación que dentro de la misma tiene los Estados Unidos. Lo precedente ha convertido a la OEA en un instrumento a través del cual se justifican agresiones, presiones, chantajes por parte del Gobierno de Norteamérica hacia nuestros países.

Son muchos los casos suscitados a la largo de los más de sesenta años de existencia de la organización que ejemplifican, y aún más, demuestran que para los gobiernos norteamericanos la OEA no representa más que un instrumento político que adoptan en función de sus necesidades. EEUU históricamente ha facilitado la realización y despliegue de actividades de la OEA, estando éstas generalmente encaminadas a cubrir intereses propios y a establecer cierta agenda de prioridades en la resolución de los temas y eventos regionales que se presentan.

Al efectuarse un balance detenido del caso, se puede decir que Estados Unidos nunca ha sido emplazado en la OEA por promover el terrorismo, las dictaduras militares, ni por los crímenes que ha cometido en muchas partes del mundo. Otra gran particularidad es que los gobiernos norteamericanos han puesto en el banquillo de los acusados a muchos latinoamericanos, pero ninguno se ha atrevido a hacer lo mismo, hasta ahora, ni siquiera por reciprocidad.


El contexto internacional que vivimos en la actualidad diverge sustancialmente al que caracterizó la creación de la OEA, lo que obliga a una redefinición y adaptación de las funciones que debe desempeñar la organización en aras de cubrir las necesidades regionales.


Con el transcurrir de los años otros esquemas de integración se han creado, adaptado a nuevos tiempos y necesidades de los países miembros, tal es el caso de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) y la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), que en poco tiempo han logrado responder oportunamente a problemas planteados en el marco de los mismos. En contraste, la OEA ha venido cayendo en un progresivo deterioro funcional que deslegitima su existencia.


En función de lo anterior, vale la pena hacer un mea culpa, sobre la todavía presencia de nuestros países en el marco de la OEA, habiendo ésta demostrado su inoperatividad ¿Por qué en momentos de crisis los Estados miembros de la organización no presentan su retiro de la misma como acto de protesta? Quizás los Estados miembros se han sentido atados al sistema por cuanto el retiro de la organización los ubicaría en un contexto de aislamiento regional.


Finalmente, ante los nuevos desafíos globales y hemisféricos que enfrentan las naciones del continente, es imprescindible que la OEA se actualice y modernice para cumplir con sus funciones. Como premisa básica para lograrlo se debe anteponer con preeminencia el forjamiento de una verdadera voluntad política de compromiso por parte de los países de la región. Venezuela se ha convertido en eje fundamental en ese sentido, al disentir en reiteradas oportunidades de las posiciones asumidas por la organización, al responder a los intereses de los EEUU.

*La autora es periodista, analista político en Venezuela y colaboradora para este medio de información.

nirmanlucia@gmail.com


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Lucía Berbeo*


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