Salud Mental Decolonial, Utopía e Ideología

Todo comienzo de año es utópico, porque se sustenta en deseos del de-venir heraclitano,” no todos los años son iguales” y como humanos olvidamos rápido, lo que fue o pudo ser perturbador y nos quedamos con las esperanzas, esperanza es sinónimo de utopía, como verdades prematuras, anticipadas de cambios, transformaciones favorables por-venir como significado y sentido de la vida, pero también junto a la utopía subyace la ideología, como lo conservador del status quo, lo que encubre, oculta, todo aliento de emancipación y libertad.

La utopía y la ideología son un par dialéctico, respecto a la realidad social, sociedad y el mundo por transformar o por conservar, la utopía es esperanza permanentemente para la transformación, la ideología tiende a dejar las cosas como están, a través de crear una falsa con-ciencia en el ser humano, que en otros escritos hemos denominado colonialidad del ser y ciencia hegemónica, colonialidad del saber, que refuerza y potencia el conservadurismo, la quietud, la no transformación, evitando el conflicto social de clase de nuestra sociedad. 

El peligro que asecha a la utopía, es que se convierta en ideología, es decir, pierda su potencial transformador  y sea mutada en falsa con-ciencia, imponiendo un patrón ideológico de poder como dominación, ciencia como imposición hegemónica y subjetividad como conciencia alienada, extraña, falsa con-ciencia, colonialidad del ser, cerrando así el paso a la posibilidad a la decoloniadidad como utopía realizable históricamente.

San Agustín nos recuerda que, todo ser humano está habitado por tres virtudes: la fe, el amor y la esperanza, si perdemos la fe no por eso morimos. Si fracasamos en el amor, siempre podemos encontrar otro. Lo que no podemos perder  es la esperanza, la sabiduría popular nos señala “la esperanza es lo último que se pierde”, perder la esperanza es extraviar la utopía y con ello la posibilidad de la transformación de la realidad social, sociedad y el mundo, en última instancia es la pérdida absoluta del sentido de la existencia y la vida misma, es el suicidio como opción existencial desesperada.

Leonardo Boff (2024) nos indica. “… la esperanza tiene dos hermosas hermanas: indignación y coraje”, con la indignación rechazamos lo que nos parece malo y perverso, el mundo en el cual vivimos que impone tantos sufrimientos a la Pacha Mama, a la humanidad, la naturaleza, necesitamos develar y desenmascarar su deshumanización. 

Mediante el coraje, usamos todas las fuerzas para transformar lo malo en bueno y lo que es perverso en benéfico, tener el coraje de abrir caminos, para  algo nuevo y alterativo, reconocer al otro, al nosotros, sin inferiorizar ni subalternizar. Darle sentido y significación a la vida, la salud y obstaculizar el paso al suicidio como opción existencial desesperada, como colonialidad de la existencia.

Entonces, la Salud Mental Decolonial, es el encuentro dialéctico entre tres subjetividades: el ser como la subjetividad de la vida y la existencia, subjetividades de las interacciones, relaciones, vínculos comunales del amar y las subjetividades del tener-estar como convivencia comunal, territorializada. Sin las intersubjetividades del amar y el tener-estar, es imposible descolonizarnos, porque es negar y rechazar la existencia del otro y el nosotros, es reforzar la ideología como falsa con-ciencia mediante la colonialidad del ser, amar y tener-estar, como patrón ideológico de enmascaramiento, ocultación, es evitar la decolonialidad de la existencia, la vida y la Salud Mental decolonial. 

La utopía como fuente anticipada de transformación, emerge de un orden de colonialidad vigente, para dar paso a un nuevo orden transformador, la alteridad, que reconoce la otredad como pluralidad distinta, que se denomina decolonialidad, para borrar no totalmente, la impronta de pueblos conquistados, colonizados y colonializados que pesa sobre nosotros desde 1492 como enmascaramiento del otro (Enrique Dussel, 1994).

 

alcalaafanadorp@gmail.com

 

 


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