Matria playense (06)

Doña Oliva del Carmen Castillo Vda. de Vivas

Matrona y memorialista de La Playa.

Dedicado a sus hijos que hoy pueden y deben sentirse orgullosos por haber sido bendecidos con una madre ejemplar y el mejor padre: fueron un dechado de trabajo, rectitud y humildad.

"Nuestra muerte no es un fin si podemos vivir en nuestros hijos y en la generación más joven. Porque ellos son nosotros; nuestros cuerpos son solo hojas marchitas en el árbol de la vida"

Albert Einstein.

A los 96 años, 4 meses y 4 días falleció en la paz del Señor, tras sufrir una lamentable caída y no superar el post operatorio una noble, hacendosa y sin par playense Doña Oliva del Carmen Castillo, quien nació a las 4 de la tarde del 21 de abril de 1927(1), en el hogar de acendradas creencias cristianas y fe religiosa de Don Carlos Castillo y Doña María Vivas. Fue bautizada el 25 por el Pbro. José A. Pérez C. en la iglesia de Nuestra Señora de la Candelaria, siendo sus padrinos: Vicente Márquez e Ignacia Vivas(2). Contrajo matrimonio por ante la Prefectura Civil del Distrito Rivas Dávila el 21 de mayo de 1966 con Don Adolfo Vivas Vivas. Una unión para toda la vida hasta que la muerte los separó y hoy los une de nuevo. Honra y prez a su memoria.

El pasado 3 de agosto visité a Doña Oliva y conversé por más de una hora con ella, salí tan impresionado que al otro día regresé de nuevo a mostrarle unas fotografías. Tenía una mente privilegiada, casi fotográfica de La Playa de su niñez, se recordaba de lo más mínimo, de la cotidianidad, de los hechos luctuosos y de alegres, de los personajes, de las primeras casas y quienes las habitaban calle por calle sin equivocarse, de los trapiches, de la escuela y los primeros maestros… era una memorialista por excelencia, en su mente se detuvo el tiempo como un libro viviente cuyas hojas estaban a la espera de quienes las leyeran. Lamento haber llegado tarde y poder compartido tan poco. En mi celular quedó grabado el encuentro, lo he escuchado una y otra vez. Aunque no existe ni un guion ni un orden predeterminado será un tesoro para las futuras generaciones.

Uno de los relatos que más que sorprendió fue al final de la entrevista, al punto que después de oírla y grabarla como nota de voz, le pedí permiso para que la repitiera y hacerle un video. Se trata de un poema "A mi Madre" que se lo aprendió de memoria hacía 85 años, cuando solo contaba con 10 años. Resulta que su maestra Doña Flor Mendoza de Maldonado se lo había mandado de lección de un día para otro y como premio le pondría 20 puntos –por supuesto que muy pocas niñas se lo aprendieron-. "Murió mi madre, blanca azucena. Murió mi madre que me dio el ser, la vi en la noche pálida y triste, y la vi en la aurora al amanecer; de negro luto vestí mi casa cuando mi madre se me murió. Tan largo tiempo, tan largo viaje que en mi volvió. Al día siguiente llegué a mi casa, saqué un pañuelo, cubrí mis ojos y mis hermanitos me preguntaron ¿y ese sepulcro donde quedó? Corrí a contarles pero no pude, porque en mi pecho no consistió ni con clamura(3) ni con lamentos mi madre no volverá. En el campo techo venezolano cayó una brisa que me mojó, que son recuerdos de una madre tan estimable que a mí me crio. En el silencio de un camposanto llorando tanto perdí mi voz, porque perdida que fue mi madre después de Dios", lo recitaba con tanta dulzura y con orgullo decía: "Yo nunca lo he olvidado y lo recuerdo como si fuera ayer". Me señaló que una vez se lo dio a una de sus hijas y apenas se lo memorizó.

En una 1 hora, 1 minutos y 12 segundos de conversa aprendí tanto o más de la cotidianidad de La Playa que en mis investigaciones o leyendo y releyendo la Historia básica de La Playa. Doña Oliva era un libro abierto y son a esos libros vivientes que debemos acudir porque nos narran la historia con desinterés y sin querer ser los protagonistas. Con hechos reales y tal como ocurrieron, son mentes privilegiadas donde los acontecimientos vuelven a la memoria como si estuviesen pasando de nuevo. Como si viesen a las personas que describen u oyesen a quienes antes se los habían relatado. Lamentablemente vivimos en y de la desmemoria, nos importa más la última noticia del WhatsApp que la palabra orientadora del familiar o vecino del sector. Nos estamos quedando sin historia y lo peor sin quien nos la cuente.

Podría con su relato hacer interminables estas palabras en su honor, cuyo único mérito será retrotraerla en el tiempo cuando hoy la despedimos físicamente, porque espiritualmente siempre estará entre nuestros mejores recuerdos, los de su familia y sus vecinos que seguirán acudiendo a su casa en la búsqueda de una planta medicinal que era otra de sus aficiones en mantener pulcro su jardín. Quedé en deuda con una mata de cala anaranjada, prometida a su hija.

Sólo me referiré someramente a algunos hechos puntuales que me señaló y son del desconocimiento de muchos. Me habló de la gran crecida de las quebradas, cuando se juntaron a finales de julio de 1910 y La Playa Arriba debió ser abandonada para dar paso a La Playa centro, génesis de la actual. Del viejo camino que partía de donde Don Miguel Márquez, cerca vivía la Niña María Engracia Fandiño "María 3 meses" que murió de 103 años. De Vueltas viejas donde vivía Don Eufemiano Gutiérrez y salía a la cuadra de Los Jaimes (donde vivía la señora Rosa). De dónde estaba ubicado el sitio del Zamural, precisamente frente a su casa, los aquí presentes lo habías oído nombrar. Me contó su versión de las tres cruces de El Calvario y de la guerra de 1892 a 1899. Un recuento de los personajes de época, de Don Amador Vivas el papá de Adolfo. De las primeras maestras María José Sulbarán. De la muerte del padre Hazael Arellano. Me situó la Chipola por los años 30 y los primeros Pasos de Reyes escenificados. De las comadronas Natalia la mamá de Cirilo, Victoria Escalante y Juana Ramírez.

Lo más sorprendente fue cuando le pregunté para satisfacer mi curiosidad, pues ya lo sabía, que me hablase donde estaba ubicada la casa de Don Liborio Vivas y su destilería: su respuesta fue inmediata, en la actual casa de los Berbesí y después no paró en señalarme una por una la de Marcos Silva (supermercado), Dolores Soto (Aurita Sánchez), Juan Vivas (Auto Sport), Florentino Vivas, recordaba que había un barbecho donde vivió Don Máximo Rodríguez, Trino (papá de Carlos Castillo), dos viejitas Olaya, Argimiro Hernández, Feliciano Medina y siguió sin pasar ni yo interrumpir, una por una hasta el final de la calle. De inmediato le dije y por el frente de la calle igualmente me las describió de seguida como si las estuviera recorriendo nuevamente. Solo olvido algunos apellidos que ya le preguntaré a su prima Doña Carmen de Silva, otra memoria prodigiosa de La Playa.

Terminada la conversa hablamos, incluidos sus hijos de los tiempos de ayer y hoy, entre otras cosas me dijo y hoy quiero recordar algunas de sus frases lapidarias: "Lo de ayer ni parecido a lo de ahora", "En las conversaciones de los mayores uno tenía que retirarse, con la pura mirada lo mandaban para adentro", "Todo el respeto se acabó", "El mundo está como esta por uno mismo, uno es el culpable", "Yo le digo a las muchachas mías, uno está viviendo la vida así porque uno mismo se lo ha buscado", "Antes en Semana Santa uno no podía ni bañarse, ni podía gritar, ni correr o pisar duro", "Uno tenía que regresar a la casa a la hora que dijera, ni un minuto más", "Cuando habían dos personas mayores en la calle hablando uno no podía pasar por el medio sino por detrás", "A los padres (sacerdotes) se les pedía la bendición", "Los padrinos eran sagrados", "Y ahora que respeto hay, ninguno", "Ya ni los hijos respetan a los padres", en ese momento llegó su hija María de Nieto y después de responderle la bendición le dijo: "Aquí estoy hablando de los tiempos de antes", le pregunte cuantas nietas tiene: me respondió: "-Más de treinta" y bisnietos: "-También tengo bastantes" y tataranietos: "-Unos tres o cuatro". Orgullosa me contó: "Yo tuve catorce hijos y se me murieron tres, la menor tiene cincuenta y tres, la cuba"

Descanse en paz Doña Oliva del Carmen Castillo Vda. de Vivas que Dios la tenga en su santa Gloria y su ejemplo perdure por siempre. A su familia mi más sentido pésame, a la colectividad de La Playa solo me resta decir que su perdida es irreparable, en su mente estaba contenida la historia contemporánea que tanta falta nos hace conocer y promover, difícilmente quede alguien playense vivo con esa lucidez y ese conocimiento tan preciso y vivo de la comunidad. Doña Oliva son esos seres de luz irrepetibles que nacen cada cien años y cuando mueren dejan un vacío insustituible. Aunque bien lo dijo JK Rowling "Para la mente bien organizada, la muerte no es más que la próxima gran aventura"

Hoy doy gracias a Dios por llevarme hasta su casa el 3 de agosto y haberme embebido en su fuente de conocimiento. Somos viajeros del tiempo y muy pronto seguiremos conversando de esa gran aventura de conocer los orígenes y la historia de La Playa. Concluyó con palabras de Francesco Petrarca: "Un bello morir honra toda una vida" y más cuando ha sido una vida virtuosa y dedicada a hacer el bien.

Notas:

  1. "Venezuela, Registro Civil, 1873-2003", database with images, FamilySearch (https://www.familysearch.org/ark:/61903/1:1:6KPQ-HF9T : Thu Jul 27 21:16:25 UTC 2023), Entry for Oliva del Carmen Castillo and Carlos Castillo, 21 de abril de 1927.

  2. https://www.familysearch.org/ark:/61903/1:1:QGKF-C7DF

  3. Son los gritos exagerados que algunas personas lanzan en momentos de dolor.



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Néstor Abad Sanchez


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