Cuento o razón

¿Por qué no tenemos la paciencia de los gatos?

El periodista Juancho Marcano lanzó su mirada hacia el portachuelo de la Tacarigua de Margarita y observó al sol como una moneda de oro, destellando sus rayos resplandecientes, bien temprano en la mañana, mientras que una chicharra le cantaba alegre, como celebrando su entrada radiante al hermoso poblado.

Juancho Marcano, luego se quedó observando las ixoras del jardín y como todos los días, quedó impresionado por la alfombra roja que cubría gran parte de éllas y que les brindaban su néctar a las mariposas y a un colibrí que parecía que pasaba su embriaguez por el consumo de la miel de las flores, posado en una rama.

El reportero extasiado por el colorido de su jardín, se decidió a buscar una tijera para podar un poco las plantas y en el camino, en un mueble del garaje, observó a sus gatos Rockyto y Rockyta, descansando y en su eterno enamoramiento: uno al lado del otro. "Qué felicidad tan completa, como decía mi abuela, estos dos están felices, sin saber que el mundo anda de cabeza por una pandemia y por la maldad de muchos hombres que han hecho que el planeta esté temblando y asustado porque teme desaparecer", se dijo el periodista, quien recordó un artículo que había leído hace mucho tiempo, en el cual se sugería que había que tener la paciencia del gato para llevar una vida más llevadera y menos angustiante.

"¿Pero en qué consistía aquella vida que planteaba el autor de aquel texto? Bueno, en simplemente en tener paciencia y calma y dejar a un lado las preocupaciones, es decir llevar una vida de gato, el cual cuando se levanta en la mañana se procura su alimento y después que lo logra, se despreocupa y se echa a tranquilo a dormir, a descansar o quién sabe si a pensar en lo bello y tranquilo de la vida.

Cuando llega de nuevo la hora de comida, busca hacerlo, si la consigue fácil, se la come; si no, se dispone a obtenerla por otra parte o se dedica a cazar con paciencia la presa o el pájaro que otro día ha espiado tomando agua o comiendo frutas…"

En estas reflexiones estaba el periodista cuando llegó su perro Pipo del conuco y le contó que todo estaba tranquilo, por tanto Juancho dejó sus reflexiones y se dirigió al depósito a buscar la tijera para podar las plantas de su jardín.



Esta nota ha sido leída aproximadamente 564 veces.



Emigdio Malaver

Margariteño. Economista y Comunicación Social. Ha colaborado con diferentes publicaciones venezolanas.

 emalaverg@gmail.com      @Malavermillo

Visite el perfil de Emigdio Malaver para ver el listado de todos sus artículos en Aporrea.


Noticias Recientes: