El BID generaría la muerte del sistema de riego de Cumaná

El Proyecto del Sistema de Riego de Cumaná (SRC), está orientado al Norte, con Cumaná; al Sur, con el caserío Chirigua, sitio donde se encuentra la toma, ubicado a aproximadamente a 20 Kms. de Cumaná vía Cumanacoa; al Este, con la carretera Cumaná-Carúpano y al Oeste, con la carretera Cumaná-Puerto la Cruz (San Luis-Los Bordones), separado por el borde costero del río Manzanares buscando, al Norte, hacia la línea del litoral marítimo costero del golfo de Cariaco y del mar Caribe.

El "ensanche de la Planicie Sur", como también se le conoce, quedó expresado en la "Ordenanzas sobre Terrenos Ejidos", que hipotéticamente la municipalidad utilizó a finales de la segunda década del siglo XX.

En efecto, debemos reconocer la existencia de un vacio documental que debe ser llenado a partir de reconstrucciones hipotéticas de las distintos subperiodos de crecimiento de la ciudad de Cumaná. Esta debilidad historiográfica supone un empeño más firme en la búsqueda y empleo de fuentes de carácter técnico-urbano, fundamentalmente, legales y la cartográficas.

En la primera etapa, en apenas tres años (1.942-1.945), se expresa claramente la justificación económica del Sistema de Riego de Cumaná y en agosto de ese mismo año salió la licitación para la construcción de las obras, siendo adjudicadas a la Compañía Anónima Vial. El monto del contrato alcanzó un millón doscientos treinta mil novecientos ochenta y tres bolívares con setenta y cinco céntimos (Bs. 1.230.983,75), con un plazo de ejecución de 18 meses y finalmente fue inaugura en el año de 1.945 por el gobierno del general Isaías Medina Angarita (1941-1945).

En este sentido, Badaracco, en relación al proyecto de regadío estudiado por el Gobierno Nacional, señaló:

El proyecto de regadío ya estudiado por el Gobierno Nacional, en Cumaná, abarca una extensión de tres mil hectáreas, según se nos ha informado, de las cuales son mil ochocientas de propiedad particular, abarcando las charas y el resto pertenecientes a ejidos Municipales; y el aforo de nuestro río, en pleno estiaje, arroja un cifra de aproximadamente 260 millones de litros de agua, cada 24 horas.

El Proyecto del Sistema de Riego de Cumaná (SRC), nos permite apreciar un momento singular en la historia urbana de la ciudad cuando existió la voluntad política del gobierno del general Isaías Medina Angarita (1941-1945) para imponer sobre el territorio un ordenamiento en el crecimiento de la ciudad de Cumaná, dando por resultado una zona de ensanche con una superficie de 2.500 hectáreas de zonas agrícolas de las 6.740 hectáreas que tenia la ciudad de Cumaná, producto de la agregación de desarrollos puntuales, charas y ejidos municipales, vinculados a través de un deficiente sistema vial de trochas.

La segunda etapa, con apenas veinte y tres años (1.945-1.968), Cumaná, empieza a reconocer un advertido proceso de expansión por medio de un ámbito de actuación de naturaleza normativa para la ordenación urbana del uso del suelo del sector agrícola, partiendo de la idea de reemplazar la estructura parcelaria agrícola y adecuarla a la demanda del crecimiento urbano de la ciudad: logró imponerse, no solo las preexistentes zonas rural-urbana, sino también, un acelerado proceso de invasión desde la propia ciudad.

En efecto, la distribución de la tierra (en conjunto) en el Sistema de Riego de Cumaná, de las 2.500 hectáreas 1.115,19 hectáreas (44,63 %) fueron destinadas a obras civiles y urbanismo, 702.86 hectáreas (28,11 %) de superficie regada y utilizada, 291.19 hectáreas (11,65 %) con infraestructura agrícola y 390,26 hectáreas (15,6 %) no encuestadas. Empero, la tenencia de la tierra no estuvo determinada con exactitud: el 37% eran pisatarios, sin título de propiedad, no sujetas a ningún tipo de verificación legal, ni delimitada la superficie total, exacta ocupada.

En este sentido, Menéndez, en relación al crecimiento urbano y el cambio de uso en la ciudad de Cumaná, señaló:

Cumaná es hoy una ciudad que ha desbordado sus límites racionales de crecimiento, que ha invadido y destruido sus áreas de cultivo y que ha desequilibrado los sistemas ecológicos que embellecen su paisaje y proveen el agua que regula el clima […] la llanura costera donde está asentada la ciudad ha sufrido deterioros ocasionados por el cambio de uso de la tierra.

Este fenómeno resultó particularmente destructivo cuando se convirtió en zona de uso residencial, un área verde de explotación agraria intensiva vinculada estrechamente al mercado urbano local. Y, de este modo, la ciudad dejó de producir sus propios alimentos y, con ello, desapareció el atractivo ecológico, turístico y recreacional.

La existencia de una interpenetración entre lo urbano y lo agrícola, no entendida como franjas periurbanas o espacios rururbano, se acompañó de unos profundos cambios utilitaristas y generales, que la crisis actual de la ciudad parece haber acelerado, pasando de una vivienda por hectárea a ciento cincuenta habitantes y más por hectárea, constituyéndose, esta iniciativa, en la más absurda, grotesca, extravagante y pueril degradación de la calidad de vida que se haya registra en los últimos tiempos sobre Cumaná.

La tercera etapa, con escasamente cuarenta y un año (1.945-1.986), correspondiente a la inminente irracionalidad de la expansión urbana sobre el Sistema de Riego de Cumaná. La convivencia del Plan Rector (1.986) con las zonas de ensanchamiento de "uso productivo": no debió existir ninguna contradicción, ni siquiera de funcionamiento, en haberse planteado una mezcla de usos.

El establecimiento de los Planes Reguladores sobre las zonas de ensanche de producción agrícola y su relación con el resto de la ciudad, fue un atractivo y solventable problema de proyecto de diseño urbano-arquitectónico. No se le puede endilgar a la "ubicación" el carácter de variable que juega a favor de no aprovechar la fertilidad de los suelos.

Es cuestionable la forma irracional de como el Plan Rector trató el ensanche para desarrollos agrícolas. En este sentido, R. Yanez, señaló:

[…] esa importante superficie de tierras seleccionadas para desarrollos agrícolas, ha sido asaltada por nuevos conquistadores que se han abierto paso, a veces en forma irracional, a fuerza de concreto, asbesto, zinc y tejas: La Llanada, El Brasil, San Miguel, San José, Nueva Cumaná, Campeche, el Aeropuerto, Riveras del Manzanares, el nuevo Cementerio, instalaciones del INOS, construcciones privadas, son como hijos "in vitro" de boom urbanístico que desgarra el vientre de Cumaná y amenaza acabar con lo que le queda de pulmón vegetal, mediante un instrumento jurídico conocido como Plan Rector de la Ciudad, que algunos concebimos como hecho solamente pensando en el concreto armado y en desarrollos urbanos solo en las zonas más fáciles, sin importarles un comino la salud física y mental de los cumaneses actuales ni de los cumaneses del futuro […].

Efectivamente, el Plan Rector de la Ciudad de Cumaná (1.986), estimó 672,44 hectáreas (26,9%) pertenecientes al Sistema de Riego de Cumaná, distribuidas en 516 hectáreas para áreas agrícolas (AA) y 156,44 hectáreas en zonas de granjas (ZG) ubicadas al margen izquierdo del río Manzanares.

El problema fundamental en la preservación o no de las tierras del Sistema de Riego de Cumaná estuvo planteado, en el terreno económico y su reproducción, esta fue la razón que determinó la utilización de éstos desacertados criterios de crecimiento urbano. Y así se desprende de la manera como se abordó: la muerte de esta importantísima obra de ingeniería, no advertida en toda su dimensión por propios y extraños.

La cuarta etapa, son los correspondientes a los setenta años del Sistema de Riego de Cumaná (1.945-2.015); aquí la existencia de un conjunto de instrumentos a escalas distintas debieron contribuir a la existencia de un alto grado de coherencia en la decisión que se tomó a los efectos de planificar el crecimiento de la estructura urbana de la ciudad: el Plan de Ordenamiento Urbano de Cumaná (POU-1.992) y el Plan Especial Cantarrana-Camino Nuevo (1.994).

En este sentido, es bueno mencionar que el (POU-1.992), señala con mucha claridad la tendencia que debería respetar Cumaná en su desarrollo; en él se conceptualiza a Cumaná como una zona pesquera, industrial, administrativa y de servicios. A pesar de que el Plan Especial Cantarrana-Camino Nuevo (1.994), fue coherente con los Planes Reguladores anteriores, por lo menos en los criterios fundamentales: las ciudades o pueblos con énfasis en lo agrícola eran otras.

De allí, que de las 516 hectáreas de las áreas agrícolas (AA), estimadas en el Plan Rector (1986), sólo 240 hectáreas estaban ubicadas en Cantarrana-Camino Nuevo, de las cuales 65 hectáreas, están ubicadas en Las Charas del sector La Granja y 156,44 hectáreas en zonas de granjas (ZG), donde el 80% tenían predominio del minifundio o parcelas de 0,1 y 5 hectáreas. Muchas de estas tierras eran pertenecientes al IAN con un patrón de asentamiento de dos hectáreas por habitantes.

En efecto, las zonas de cultivo cercanas a Cantarrana-Camino Nuevo, limitadas por el antiguo IUT y la vía Cumanacoa se desaparecieron con todo y el Sistema de Riego, al igual que las zonas verdes de explotación agrícola, ubicadas del otro lado de la carretera.

La quinta etapa, serían los cien años del Sistema de Riego de Cumaná (1.945-2.045), se nos pretende conducir a unos profundos cambios de uso a las tierras y de densidades generales, constituyéndose esta iniciativa, en la más caricaturesca vergüenza sobre la calidad de vida que se haya registra en los últimos tiempos sobre la ciudad de Cumaná: urbanizar los terrenos del Sistema de Riego y colocar como pretexto el crecimiento de la mancha urbana.

En tal sentido, la distribución de la tierra del Sistema de Riego de Cumaná para el año de 2.012, en el esplendor del siglo XXI, de las 672,44 hectáreas estimadas por el Plan Rector (1.986), sólo 199.24 hectáreas (29,65 %) fueron determinadas; de las cuales 152,86 hectáreas (23,27 %) están ubicadas en áreas agrícolas (AA) y 46.38 hectáreas (7,58 %) en zonas de granjas (ZG).

Aquí habría que preguntarse cuál sería realmente el mejor negocio para la ciudad y sus habitantes. Las transacciones inmobiliarias o las inversiones agrícolas. Cuales realmente generan riquezas. Qué tipo de riqueza y a donde van a parar esas riquezas: esas respuestas habría que hacerlas extensivas al ciudadano alcalde del municipio Sucre del Estado Sucre.

De hecho, lo que justifica esta reflexión no es la salvaguarda de las 199.24 hectáreas de las áreas agrícolas (AA) existentes, que los planificadores del Banco Interamericano de Desarrollo (BID-Alcaldía) no parecen considerar, sino la connotación de esta nueva actuación normativa indicativa de una línea de acción que luego arropararía a toda la ciudad de Cumaná.

La preservación y la explotación de estas zonas forman parte de estrategias económicas, macro o micro, cualesquiera, lo importante es que su relación es indiscutible. La entelequia de estos estudios generarían uno de los puntos más débiles del Sistema de Riego de Cumaná: es lógico que así sea.

Si se habla de "áreas agrícolas y productivas" y no se llegan a cuantificar sus virtudes, difícilmente se contaría con argumentaciones sólidas para afrontar las discusiones en el terreno de lo económico y su reproducción.

Aquí no se puede dejar de lado ésta discusión: Cumaná, es un espacio del BID en nombre de la apertura entreguista del gobierno local.

En Cumaná, a los seis días del mes de junio del año del dos mil quince.

Arq. Servando Marin Lista

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Servando Marín Lista

Arquitecto- Es autor del libro "Desde la Comunidad": la arquitectura de multitudes (junio, 2010) dirigido a la formulación de propuestas de planificación del desarrollo estratégico para captar el objetivo esencial y específico de clarificar el compromiso y la responsabilidad de la explosión del Poder Popular con la problemática total de la ciudad, mediante todas las escalas de sus propias acciones para marchar rumbo al nuevo sistema de Ciudades Comunales, los Distritos Motores de Desarrollo y los Territorios Federales. Y autor, también, del libro "La Ciudad Comunal, la lucha de clases por el espacio" (nov, 2013) donde plantea una interpretación de los fenómenos urbanos, que constituye una herramienta sobre lo que ?desde afuera? de la estructura urbana, el poder económico y el poder político, conforman la lucha de clases por el espacio y avanza en el señalamiento de la necesaria ruptura con los valores, instituciones, relaciones de poder y las raíces más profundas de la sociedad capitalista.

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