A seis años del golpe de abril

Los días de abril de 2002 fueron aciagos para la República. El golpe de estado del 11 de abril permitió conocer con certeza el talante “democrático” de amplios sectores de la oposición venezolana. El filofascismo se manifestó en una celebración donde los aplausos constituyeron la expresión más rancia de dirigentes de la derecha. Cadáveres políticos, empresarios, obispos, sacerdotes, militares, periodistas y toda una caterva de arribistas lanzaban vivas cada vez que el empresario advenido en reyezuelo suspendía los Poderes nacionales legítimamente constituidos. Sin vergüenza, atenidos al apoyo que les brindó el imperialismo, se consideraron de nuevo en el poder. Triste para ellos, como señala la conseja popular, el movimiento golpista se convirtió en alegría de tísico. Es indudable que el protagonismo del pueblo venezolano impidió que la situación aberrante creada por los fascistas durante algunas horas en el país, lograra consolidarse. El rescate del hilo democrático demostró que los venezolanos queremos vivir en paz pero también estamos dispuestos a defender la Constitución Nacional y las Leyes de la República.

Poco tiempo tardaron los golpistas en mostrar sus intenciones; junto a los medios de comunicación iniciaron una campaña mediática para acusar al sector oficialista de asesinos y bandoleros mientras desataban una persecusión y violentaban los derechos humanos de innumerables compatriotas. Lo ocurrido en Puente Llaguno era apenas un ápice del proyecto dictatorial que manejaban los gorilas. La felonía disfrazada de felicidad apareció frente al país repartiéndose en trozos, el poder. Carmona Estanga hizo su agosto ante la mirada impavida de los venezolanos. Hoy, después de seis años, la oposición radical no ha aprendido la lección. Aún persisten en su idea de desestabilizar al país, de conducirlo a una guerra civil sin importarle el costo humano, político y social que pueda acarrear un conflicto. Todavía sueñan con acceder al poder por la vía de la violencia pues nada les importa el dolor ajeno ni los sentimientos del colectivo. Que no se equivoquen de nuevo; el Camarada presidente no está solo, detras de él bullen las huestes socialistas dispuestas a defender la constitucionalidad, la vida en democracia, los preceptos de igualdad.

caminosaltair@hotmail.com


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