Ta´ caro, dame dos

Invierta en Venezuela, el único país donde los consumidores exigen siempre precios más altos

El opositor promedio venezolano es un verdadero mártir. Cuando caiga el "rrrégimen" tendrán que erigirle una estatua al Capitalista desconocido. Vivo ejemplo es Pilarica, la gallega, quien está organizando otra marcha de antorchas, esta vez para rechazar las pretensiones del Gobierno de bajar el precio de las arepas.

No es que Pilarica sea dueña de una arepera. Bien se sabe que ese negocio es casi exclusivo de los portugueses. Ella lo que defiende es el sagrado derecho del consumidor a permitir que lo desplumen siempre y cuando sea con el propósito de llevarle la contraria al autócrata.

El opositor típico, particularmente el de Cierta Clase Media, sabe que una arepa de oreja e' cochino no vale 25 bolifuertes ni siquiera en el supuesto negado de que la haya preparado Sumito Estévez. Pero está dispuesto a pagar eso y más, sólo por oponerse al comunismo castrochavista, ¿es o no un mártir?

Mi amiga Elba Quiroz afirma que esta rara tendencia al masoquismo económico podría tener un efecto paradójico si el Gobierno decidiera montar una campaña para promover el ingreso de capitales. "Invierta en Venezuela, el único país donde los consumidores exigen siempre precios más altos". Elba hasta ha ideado una cuña de televisión en la que unas doñitas fashion van de compras y dicen a cada momento: "¡Ta' caro, dame dos!".

A lo largo de la década de la V República, los capitalistas desconocidos han emprendido innumerables de estas luchas de clase al revés, en las que quienes viven de 15 y último exigen reivindicaciones para los más ricos.

Cuando el "rrrégimen" ha querido regular las tarifas de los colegios privados, las voces de las heroínas y los héroes de la resistencia civil se han elevado. "¡Queremos pagar más, con nuestros curas no te metas!".

De antología fue la reacción frente al propósito del Ejecutivo (ya olvidado, por cierto) de racionalizar los precios de la medicina privada. Ni siquiera los dueños de las clínicas defendieron con tanta vehemencia las cesáreas de 500 millones. Es que, hasta como pacientes están dispuestos a inmolarse por la libre empresa.

Últimamente se han rebelado contra el plan de obligar a la agroindustria a que venda los productos normales, cuyos precios están controlados.

Pilarica dice que la dictadura quiere coartarle su derecho a comer arroz con ajo incorporado, atún pasado por jugo de limón y espaguetis que traen, de fábrica, el queso puesto. En privado confiesa que tales engendros culinarios son un asco y que el aditivo no justifica que cuesten hasta el triple. Pero paga los altos precios y se come esas maluquesas con estoicismo. Son -háganle ya su estatua- los mártires desconocidos del capitalismo.

clodoher@yahoo.com


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Clodovaldo Hernández


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