Lo cierto es que Rosales, Aznar, Bush y demás compatrañeros terminaron siendo también unos cabezemotor…

Crónicas anteriores de este humilde hombre del pueblo (más sabio por viejo que por diablo) y que podrían terminar organizadas en un libro con prologuista ñángara auténtico y todo si acaso el Perro y la Rana lo hiciera posible, contienen en su conjunto la apreciación de que Chávez es un formidable gladiador, con un puño izquierdo tan potente que, en una de dichas crónicas lo comparaba con la patada de una mula, pero que ahora, con este triunfo tan siquitrillador del 3 de diciembre, no me queda otra opción más descriptiva y decorosa que compararlo con otra patada mucho más potente: con la de Emeterio, que también dentro del género híbrido es lo más terco que hay… (Por ahora).

Pensaba que el gladiador de Sabaneta –quien ha dicho recién saliendo de Managua que no anda armado sino sólo con su palabra salida del corazón- era un vergatario, pero resultó todo un megavergatario (y pido excusas a mis lectores por haberme quedado corto) aun cuando sabía que Rosales no era un rosal en flor sino un simple chiribital reseco de ideas, en lo que parece insistir hoy desde su inmerecida gobernación junto a sus más conspicuos adláteres. Sabía que el pobre Aznar terminaría tan atribulado, que ya hasta las castas militantes suyas se le están desnudando para las portadas de las revistas, en lo que podríamos denominar un alzamiento o revolución pepista no sé si sexual, dado que en materia de sexo desde sus inicios el mundo como que nació revolucionado, como ocurriera en aquella España levítica incluida la de Primo de Rivera, y que sirviera como de hontanar doctrinario a los ancestros políticos de Aznar, donde un joven se excitaba al máximo tan sólo viendo orinar agachada –para colmo con faldones de la época- a una prima suya detrás de una baranda (y cuyo desnudo de la pepista esta hasta chamas del PSOE apoyan). Y que si por si acaso alguna pesoista pretendiera emular a la pepista desnudándose para otra portada, quedaría rogando desde ahora mismo porque saliera de primera Trinidad Jiménez, de quien no quisiera morirme sin verle sus reales contornos ideológicos bien desnuditos. Y que por último sabía de Bush, que fue el verdadero contrincante de Chávez, lo que busca significar su propio apellido cada vez más y con mayor nitidez por aproximación fónica y toponímica portando el sufijo er: el de ser un despiadado carnicero de primer mundo, junto con su escudero McCain, hoy algo menguado en el nivel de su poder enloquecido.

Pero bueno, eso es clavo pasao, pero que no por pasao dejará de seguir siendo clavo por muchísimo tiempo…

A ver, pero vayamos al acto de toma de posesión en la Asamblea Nacional.

A sus puertas Chávez sería recibido no sólo por su directiva, sino por algunos miembros del denominado Poder del pueblo también, que no se muestra nada más que como un simple cognomento…

Una mujer, por primera vez en la Historia, tomaría el juramento. Le tocaría en suerte -y por obra de su compromiso revolucionario- a Cilia Flores. Su discurso previo: acorde con la lógica del juramentado. Y su agraciado rostro: sencillo, sin otros adornos que no fueran los que natura le diera. La respuesta del juramentado: no ya ortodoxa, sino tan heterodoxa que bien pudiera asimilarse a una proclama ardiente.

La actitud de Chávez al dirigirse a la tribuna de oradores, sería de humildad, de sencillez revolucionaria. Por eso es que resulta un hombre antipoder ortodoxo, aunque sus oponentes más enconados quieran endilgarle pretensiones autocráticas. Al sólo iniciar su discurso, aclararía lo de su sonrisita cuando se desplazaba:

–Le veo la cara a mamá y adivino que se estará diciendo, ¡qué irá a decir este muchacho del cipote, Dios mío!

Y al decir aquello, del rostro de su mamá se apoderaría un rubor campesino y puro que pretendió ocultar detrás de un hombro que a su lado tenía, pero no dejando de advertírsele también mucho orgullo por tener un muchachote de tan provechosas travesuras…

Desentrañando los códigos socialistas del discurso revolucionario del Libertador en Angostura, resultó Chávez riguroso y lujosamente académico.

Tan pronto entrara en el análisis de las legítimas y legalísimas razones que tiene el Estado para no renovar la concesión a la perniciosa RCTV, CNN se iría a comerciales y dejaría de transmitir su discurso para siempre. (El de Chávez, porque el del autor del histórico braguetazo lo ha repetido ad náuseam).

Y dejaría la inquietud Chávez acerca de dónde y cómo habría de colocarse su tercera banda presidencial… ¿Y acaso puede dudarse de que sea ello un asunto a resolver? Él mismo propondría la solución: a lo largo; pero habría que ver, porque otra opción podría haber.

Dijo Chávez abundando que le hubiera gustado ser cura, teniendo enfrente al cardenal Urosa Sabino muy serio, pero aprehensivo. (No quisiera imaginarme qué estaría pasando hoy en el Vaticano si Chávez hubiera llegado primero a Teniente-Cardenal por rebelde, y luego a Papa por votación secreta del Colegio Cardenalicio). Y le preguntaría al competente, inteligente y leal Pedro Carreño: ¿Qué libros que hablen de socialismo le ha enviado usted a los ilustres prelados de la Conferencia Episcopal que muestran tanta avidez por el tema?

-Los de Marta Hanneker y otros… señor Presidente -le respondería Carreño-.

¿Y El Capital? – repreguntaría Chávez de inmediato-…

¡Y qué repregunta tan buena, carajo, resultaría esa venida de tan buen preguntón!


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Raúl Betancourt López


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