¿Apresar o no apresar a Guaidó?

A los 6 años de la partida de Chávez el mejor tributo a su memoria

 es resistir corajudamente a las embestidas del imperio y sus lacayos.

 

Si algo debe poner en práctica la dirigencia de la Revolución Bolivariana en la difícil coyuntura en la que nos encontramos son las enseñanzas de su máximo dirigente Hugo Chávez en sus últimos 20 años de vida y de consagración al pueblo venezolano.

Todos debemos recordar, en estos momentos, como Hugo Chávez derrotó la rebelión de los militares en Altamira, quienes contraviniendo todas las leyes existentes, un 22 de octubre de 2002 se apostaron en la plaza y comenzaron a desconocer públicamente al Presidente. Posteriormente se conoció que fue Chávez quien “impuso” la decisión de que los militares sublevados no fueran desalojados por vía violenta, convencido de que serían derrotados políticamente, más temprano que tarde.

En las filas del chavismo es mayoritaria la opinión de quienes consideran que el diputado Juan Guaidó debe ser arrestado para contrarrestar el peligro que supone su golpe continuado contra el gobierno legítimo y constitucional del Presidente Nicolás Maduro. Quizás, por eso mismo los gringos le ordenaron retornar a Venezuela. Tan es así que Elliott Abrams, declaró que en caso de ser detenido Guaidó esto sería causa de una “gran preocupación” y tendría “una respuesta política y diplomática” de EE UU y países aliados. Bien lejos de declaraciones anteriores en las que otros personeros de Washigton parecían decir que en caso del gobierno tocara a Guaidó llegarían los marines a rescatarlo y a finiquitar a bombazos la revolución.

Detener y enjuiciar a un conspirador convicto y confeso como el diputado Juan Guaidó no es un asunto de mera legalidad, sino que debe ser analizado en el contexto de la confrontación que a Venezuela le ha impuesto el gobierno de los Estados Unidos  en alianza con gobiernos de derecha en Latinoamérica y aliados europeos de los EE UU. Así que tendría más valor para los propósitos desestabilizadores del imperio un Guaidó tras las rejas que un Guaidó violentando la legalidad a los cuatro vientos.

No puede ser considerado un mero asunto jurídico ni de legalidad la detención y el enjuiciamiento al conspirador Guaidó. Es una cuestión que va más allá. Una República asediada por los cuatro costados y en la mira del imperio debe manejarse con “nervios de acero” ante las provocaciones recurrentes del imperio y las celadas del oponente que, como en una magistral partida de ajedrez, pueden terminar llevando a la secuencia de movimientos que conducen a un inevitable jaque mate.

Que la derrota del 23F que se le propinó al imperio  no se le revierta en triunfo político al novato Guaidó. Que siga conspirando a los cuatro vientos que esta “sui generis” dictadura venezolana puede terminar dándole la sorpresa del siglo al imperio y a sus lacayos. Nadie debe olvidar que el diputado Guaidó no se manda, él se autoproclamó presidente por una orden directa de la Casa Blanca, así mismo regresa a Venezuela por indicación expresa de quienes financian su aventura. 

 



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Juan González


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