Al fin, presidente Maduro

Desde el fallido golpe de estado del año 2002, y después de la larga trayectoria de saboteos, conspiraciones, guarimbas, presencia de paramilitares, paro petrolero, etc, permanente, abierta y solapada por parte de los dirigentes opositores, yo me vengo preguntando que pasó con nuestra memoria histórica o si hay manos ocultas que impiden que se apliquen las leyes a los responsables. Las leyes están allí, sólo hay que aplicarlas para que pueda ser real el estado de derecho.

El perdón que el presidente Chávez ofreció en ese momento, a todos aquellos incursos en el delito de traición a la patria que desembocó en ese intento de golpe, es la máxima expresión de magnanimidad, única en la historia conocida, de un ser especial que consideró que, concediendo un perdón, y llamando a la unidad, al trabajo, por una Patria justa, aún con las diferencias conceptuales de lo que cada quien considere justo, vería aparecer una dirigencia que realmente tuviera como norte el bienestar de la Patria, que no es otra cosa que el bienestar de sus ciudadanos.

Pero al contrario, eso sólo sirvió para considerar que tal gesto era una demostración de debilidad y que por lo tanto tenían el camino abierto para continuar en la conspiración permanente. Y así lo han seguido haciendo. Impunemente además.

La llamada Comisión de la Verdad que se creó por esos tiempos, en la cual el presidente Chávez, siguió confiando en que aparecería un mea culpa de los golpistas, y él mismo, en su grandeza ofreció corregir las fallas que fuera necesario corregir, todo con el fin de llegar a la paz y a transitar los caminos de una auténtica democracia por parte de los golpistas, fue una verdadera pantomima, donde los que abiertamente fueron participes de la asonada, asistían a dicha comisión con gestos de burla y deliberadamente en defensa del guión del yo no fui, con excusas algunas veces pueriles y otras veces de avieso desprecio por lo que se pretendía.

La misma conclusión a que llegó el Tribunal Supremo de Justicia de entonces, que "se trataba de un grupo de oficiales preñados de buenas intenciones", constituye de por si algo burlesco a las instituciones de una nación, pues no indica otra cosa que eso era un juego de niños al cual no debía dársele importancia. Pero los muertos y sus familiares están aún clamando justicia.

Pareciera que la Proclama de nuestro Libertador en la Carta de Jamaica, son lindas y emotivas palabras dignas de celebrar, pero no de emular. De manera que aquí se continuó con el perdón seguido de nueva conspiración y luego un nuevo perdón. No, definitivamente son errores de la revolución que no deben seguirse permitiendo so pena de convertir el marco legal y constitucional del país en el basurero de las buenas intenciones.

Basta ver como la ex diputada Maria Corina Machado, Enrique Capriles (creo que es la primera vez que nombro al símil de El Diente Roto), Leopoldo López, Ledezma y tantos otros que abiertamente participaron en el golpe, firmando incluso la decisión de eliminación de todos los poderes constitucionales, y luego postularse y estar en la sacrosanta Asamblea Nacional, como los mejores ejemplos de demócratas.

Capriles, María Corina, Ledezma, por ejemplo, andan campantes con sus despojos mortuorios sobre sus espaldas, con 43 de las últimas víctimas directas, hablando de justicia social y hasta siendo nominados y electos para responsabilidades en cargos que visiblemente lo utilizan no para ejercerlos, sino como bastiones para seguir conspirando. El López está preso, aunque en una suite de lujo, por su cobardía a enfrentarse a sus mismos correligionarios quienes lo tenían destinado a sacrificarlo para sacarlo del camino, pues ya no les convenía su presencia. Él mismo se entregó porque su fortaleza y bravura no eran sino pura careta, como todos ellos, son todos unos cobardes. Su guapeza termina cuando no tienen delante el escudo imperial. Su cara de terrorista que puso cuando agredió a Rodríguez Chacín, desapareció ante el temor de pasar ahora a victima de su misma gente.

Ayer cuando el presidente Maduro, solicitó al presidente de la Asamblea Nacional a estudiar los mecanismos para impedir que quienes han incurrido en actos similares no pueden seguir "jugando a dos bandas", me dije que por fin llegó el momento de encaminar a la oposición por los senderos democráticos; y aquellos que quieran continuar en el juego hasta ahora impune de participar en los cargos de elección popular y al mismo tiempo jugar a la traición a la Patria, garantizarles la libertad de ser opositores o bien pueden decidir irse a las guerrillas como lo hizo una generación de jóvenes en los años 60. Esa generación imbuida de sueños libertarios y de justicia social, se fue a las montañas a desafiar al gobierno, pero no mendigaron ni ponían dos caras. Equivocadamente o no, fueron unos valientes que pagaron con sus vidas muchos de ellos, la osadía de querer lograr un mundo justo. Ahí está la historia.

Propongo emular al entonces presidente de la República, quien no dudó un instante de ilegalizar a los opositores y convertir al país en dos grandes pozos: uno de muertos y desaparecidos y otro de encerrados en mazmorras en las cuales muchos desaparecieron por las horribles torturas.

Miento, no deseo que eso vuelva, la experiencia la viví directamente, cuyo brazo ejecutor no solo llegaba a los directamente involucrados en esa rebelión, sino que llegaba a los familiares aún muy lejanos, amigos, compañeros de trabajo y hasta vecinos.

A concebir pues, leyes inexorables, como lo pedía nuestro Libertador, que permitan traer la paz a nuestro país, y conducir sus destinos por la real vía democrática.



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Marina Guaithero de Maica


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