El pensamiento metafísico

La inocencia de los escuálidos

27-11-13.-Dejamos al margen la alta burguesía para concentrarnos en ese estrato del proletariado que no le ha tocado vivir en ranchos ni pasar hambre pareja y a aquellos quienes, si la pasaron mal, por alguna razón non sancta habían o han mejorado económicamente.

Son dos maneras claras de ver el mundo, la visión materialista, dialéctica o científica, y la idealista, metafísica, mecanicista, empírica o vulgar. Los escuálidos se cuadran de punta a punta con la segunda.

La visión idealista ha acompañado al hombre desde su formación originaria. Se pensó que ya todo estaba programado y acabadito cuales Adán y Eva a quienes no se les conoció infancia alguna, salvo su pasmosa inocencia o ignorancia. A lo sumo, los hombres primitivos y los ya “civilizados”, pero ingenuos, pensaban que nacíamos, vivíamos una primera vida transitoria y luego entrábamos en una eterna y segunda vida de ultratumba. Así de tieso fue nuestro pensamiento de otrora.

Luego de muchos cientos de miles de años, los escuálidos, por ejemplo, piensan que la situación del país en lo económico, en lo cultural, en lo deportivo, en lo sanitario, en fin, en todos esos aspectos, ciertamente ha mejorado notable e inocultablemente. Lo hacen porque no se puede tapar el sol con un dedo, sólo que ellos se imaginan, así piensan, que a ellos les iría mejor porque, supuestamente, todo seguiría igualito como está ahorita, pero con el disfrute de los privilegios que ellos tenían antes con exclusividad, y privilegios que ahora, no menos inocultablemente, la revolución igualitaria de las personas en cuanto a dignidad, salud, economía, vivienda, deporte, estudios, etc. los ha extendido a todos y todas las personas sin exclusión alguna.

Y tiene razón en pensar que todo seguiría igual porque su manera de ver el mundo es metafísica, razón por la cual se olvidan y pecan de una ingenuidad pasmosa al pensar que, si sus antiguos mandatarios regresan al poder político, la situación actual en lo económico, en lo cultural, en lo deportivo, en lo sanitario seguiría tal cual se halla ahorita. Piensan que, además, seguirían con sus empates, sus conexiones en las oficinas burocráticas, con sus amigos y amigotes de antes. Por ejemplo, muchos escuálidos ya no cuentan y añoran con la cadena de ex trabajadores de Pdvsa, esa gente que ellos conocían y que ahora se hallan autoexiliados. Además de las pensiones de vejez, jubilaciones y subsidios varios que ahora disfrutan por igual y como jamás antes disfrutaban todos, gozarían de aquellos privilegios que antes disfrutaban con la mayor indolencia hacia los pobres, hacia los niños de la calle, hacia los desdentados, los leporinos, los discapacitados, etc.

Veamos, pues, la conducta y el odio encarnado en la escualidad como una manifestación de inocencia mezclada con ignorancia y con ese empirismo y vulgaridad de pensamiento que caracteriza la gente incapacitada para ver que estamos en una sociedad clasista, que los excluidos de ayer no estaban marginados por flojos ni por incapaces, sino por que pertenecen a la clase proletaria desempleada. Ellos piensan que los burgueses, los ricos, son así porque han sido muy trabajadores, muy ahorrativos, que han heredado y han sabido administrarse en la vida, y ellos, la pseudoburguesía ilusa, podrían también ser ricos si la suerte los acompaña.


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Manuel C. Martínez M.


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