¿Es posible bailar tango en el inconsolable mundo de la MUD?

Hace unos días en la mañana, justo cuando me disponía ir por unos tomates, veo en VTV (en una revista llamada “Contrastes”, conducida por dos bellas jóvenes periodistas venezolanas; bellas por sus respectivas inteligencias, aposturas y demás especificidades físicas que las emperifollan; por sus sencilleces, por sus cadencias tan habitualmente sensuales y por sus entonaciones y sonrisas de ensueño) que una pareja bailaba, de manera impecable, un bello tango que sospecho alusivamente arrabalero. Y resulta que también eran venezolanos ellos. Él, parecido físicamente a un gran amigo de mi juventud con talento, galanura y sandunga, y que se fuera prematuramente de este mundo que tanto disfrutamos, y ella, típica morenaza venezolana dotada de hermosura y con una paisajística giba que no le salía precisamente de entre sus omóplatos…

Y luego de haber disfrutado de dicho baile rioplatense, que resulta en verdad tiernamente enfático y sentencioso, el caballero hizo, a petición de Marinés mientras María Alejandra observaba sonreída y achinadita, un esbozo de lo que serían los primeros pasos para alguien que quisiera aprender a bailarlo. Y con la pedagogía propia de Chávez, comenzó a explicarlo. Resulta que todo en principio obedece a una forma de caminar: del caminar tanguero; es decir, de una forma altanera, pausada y desdeñosa que, para fortuna, es posible ensamblarlo con el de una pareja afín que sepa entender la marca que le señala ese paso; porque lo demás deviene de vueltas y restantes guirnaldas dancísticas que le resulten compatibles, dentro de una ortodoxia coreográfica, claro está. Así pues que, luego de pensar que bailar tango era muy difícil, esa mañana me demostró el bailador de marras que no, que las cosas difíciles, sólo en apariencia lo son, al basarse en cosas muy sencillas.

De inmediato pensé – ya que trátase de caminares tangueros – si era posible que dentro de la monolítica unidad de la MUD pudiera alguien marcar un paso y que otro (u otra) aceptara la marca de manera dócil, por no decir sumisa, para que se pudiera entonces bailar un tango político dentro de lo que más, que un bonche, pareciera más bien unas muy particulares honras o pompas fúnebres anticipadas por lo que sucederá en ese para ellos fatídico 2012.

La imaginación por tanto puso frente a mí las siguientes potenciales o reales parejas tangueras. Primero que todo vi a Ramos Allup como el único capaz de marcar el paso en esa vaina. A los demás los vi, para tales fines consiguientes, como muy cazurros… Entonces vi a Ramos Allup ensamblando bien y pacíficamente con Rosales, con Ledezma y hasta con Pablo Pérez. Con Marquina ni se diga, aunque no vaya pal baile. Pero cuando trataba de ensamblar con Capriles Radonski y María Corina Machado, notaba arrítmicos entreveros de piernas y el disgusto manifiesto por la forma arrebatada como Capriles Radonski le miraba los labios, y luego cómo María Corina evitaba a todo trance atraerlo, al no seguirle su torpe marca y donde luego se descubriera que, además de no querer ensamblar con él ni de vaina, lo consideraba más feo quel coño además de muy desgarrado en su hablar.

Y me di cuenta, por último, que dentro del chavismo sí es perfectamente posible esto, ya que el PCV, y demás fuerzas del Polo Patriótico, pudieran aceptar racionalmente la marca de Chávez aunque a ratos - muy espaciados por cierto - pudieran como sentir un involuntario pisotón en alguno de los deditos de sus pies…

canano141@yahoo.com.ar


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Raúl Betancourt López


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