Diputado, búsquese a uno de su tamaño

Me provocó poner en el título: Diputado golpista. Pero no caeré en esa tentación. Soy revolucionario y por lo tanto, diferente. Acepto el título que el 26 de septiembre del año pasado, dentro del marco de nuestra democracia, le dio su electorado. Pero diputado, aunque no voté por usted y no lo haré jamás en mi vida así sea para elegir al rey de los calvos, apelo a mi derecho humano a exigirle respeto. Aproveche que la democracia rebelde le abre espacios para interactuar con sus semejantes y deseche el facilismo –ahora sí lo digo- GOLPISTA que ayudó a forjar en abril de 2002.

Diputado, haga un acto de constricción con usted mismo. Oblíguese a ser decente en el Parlamento. Pelee por lo que cree, exponga sus alegatos, defienda sus intereses, pero hágalo, señor diputado, dentro de las normas. Sabemos que para quien coquetea con la subversión no es fácil, pero haga el esfuercito.

Mire, trate de jurar por sus seres queridos que más nunca manoteará en la cara al digno presidente de la Asamblea Nacional como lo hizo el pasado jueves 20. ¡Cómo se le ocurre! ¿Qué es eso de apuntar con su grosero dedo índice a la cara de un hombre que ha hecho de la vida un instrumento a favor de la vida misma?, ¿acaso cree usted señor diputado, que está en la tarima de Altamira?, ¿qué pasó por su mente cuando dirigía su imperializada mano hacia el guerrillero digno, valiente y ejemplar que es Fernando Soto Rojas?

Señor diputado: empezó muy mal. “Muy bien”, dirían otras y otros “porque se le vio la costura”, pero a mi juicio, señor diputado, desperdició una buena ocasión. No crea que –necesariamente- los aplausos de su bancada eran de júbilo y aprobación. Al menos yo no quiero imaginarlo porque si efectivamente fue así, caramba, pongamos las barbas en remojo.

Diputado, reflexione. Terrible fue su show. Respete, insisto. Quítese el sombrero ante su colega-presidente del legislativo y como decían en mi barrio: búsquese a uno de su tamaño para que pueda insultar con ligereza, porque el más chico de nuestros revolucionarios –definitivamente- le queda muy grande.


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Ildegar Gil

Comunicador social

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