Teleamazonas, Globovisión y los gobiernos son los culpables

“Los abusos de la libertad de expresión deben ser reprimidos” decía Benjamín Franklin, pero se preguntaba ¿a quién daremos el poder de hacerlo?

En el periodismo como en la política cada generación ha sido más cínica que la anterior. La creencia en los viejos valores se escurre rápidamente por los intereses de los medios convertidos en verdaderos partidos políticos al servicio del neoliberalismo. Masiva publicidad que los sostiene.

La honestidad periodística y política está fuera de moda y el uso de la palabra está sujeto al dinero. No constituye simplemente un problema moral, es un real problema inmenso que afecta en forma directa nuestra capacidad de vida. Un sistema democrático está construido sobre la honestidad y la creencia sobre la honestidad del prójimo, pero los medios y los gobiernos se encargaron de destruirlo, en lugar de eso, la falsedad de la política y la deshonestidad en la información distorsionan a la sociedad por el cinismo en el que se desenvuelven.

Gobierno y medios, fuerzas negras, el gran bastión de la futura desconfianza. Estoy seguro que el presente es un gran foro para discutir tan complejo problema, porque el tema no encara solo a la libertad de expresión, se aplica igualmente a la libertad académica y a la manipulación política, y a todas esas libertades que son esenciales si la mujer y el hombre desea hablar, escribir, actuar y confiar en la verdad de una democracia.

Este es el punto, confiar en la política de gobierno y confiar en la palabra de los periodistas para el ejercicio de la democracia, verdadera libertad que debe ser protegida hasta contra la ira de la desaprobación, porque no nos cansaremos del coraje de manifestar lo que pensamos. Y, como nuestra libertad de expresión descansa en una profunda crisis de credibilidad, la convicción de un futuro mejor no puede doblegarse por favores o ganancias.

La libertad, no solo de expresión, la libertad toda para practicar una verdadera democracia está bajo un grave ataque legal, nuestra confianza, por lo tanto nuestra efectividad diariamente es presionada y será sometida a menos que tengamos el coraje de decir lo que pensamos. No es suficiente que nos levantemos para defender la libre expresión, debemos luchar contra las falsedades del gobierno y de los medios de comunicación que nos rodean y que son los que representan la real amenaza.

Y, el conjunto de estos propósitos, los de ustedes en la universidad donde forman al periodista y los nuestros en la práctica de la democracia son la verdadera batalla y constituyen la fuerza que, por décadas busca la verdad y la propagación de la verdad.

Muchos son los enemigos que se presentan en forma diversa y con muchos disfraces, no puedo reconocer a todos los que están dentro de los medios y del gobierno, pero, a algunos si los conozco y se bien que la mayoría son enemigos de ambos. Una parte están formados por los que no entienden ni se preocupan por el cambio, es un complejo de inferioridad intelectual, los obliga a soslayar las controversias y a discutir en sus propios términos. Los otros son los que “entienden” y técnicamente aceptan los desacuerdos, pero que, igual que los otros buscan beneficios al suprimir alguna parte de la verdad por el dinero.

El problema de la honestidad de los medios y del gobierno es un asunto que a todos nos compete porque todos somos responsables dentro de una democracia, y debería ser motivo de una preocupación directa y de una acción inmediata. Esta constituye una parte de la falta de confianza que a traído el cinismo casi sin paralelo, que amenaza la fe en nuestra revolución, en nuestro país y en nuestra integridad en el exterior.

rcpuma061@yahoo.com


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Raúl Crespo


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