El poderoso poder de la prensa

La prensa ha sido considerada como el cuarto poder aunque, a veces y entrebastidores, esté por encima de los tres primeros o, más concretamente, del gobierno de turno. Alguien dijo que los pueblos han sido dominados más por el engaño que por la fuerza. Si los ejércitos están para cumplir con mantener el orden público por el poder de la fuerza de las armas, los medios de comunicación –por lo menos los más poderosos de la propiedad privada- lo están para el engaño por medio de las palabras.

Dicen que quien siembra vientos cosecha tempestades. Los medios de comunicación que engañan necesitan que los pueblos admitan que otros escriban la historia en la cual deben creer fielmente; que tengan acceso a lo que no entienden; que toleren lo que no comparten; y que se resignen a las mentiras porque eso les hace más feliz que despertar con verdades que les crean dificultades y conflictos políticos. Lo que sí saben los medios de comunicación es que no es osible engañar todo el tiempo a todo un pueblo; es decir, se pueden marchitar las rosas pero no la primavera.

En el mundo de los que saben –por lo menos- medio leer puede desaparecer, por múltiples causas o motivos, un elevadísimo porcentaje de personas que en toda su vida no llegan a leer un solo libro pero es casi imposible que en este tiempo alguien se muera sin leer aunque sea un periódico. Incluso, aunque no sepa leerlo bien. El capital privado no crea medios de comunicación para generar conciencia o ilustrar conocimientos sobre las realidades y necesidades del mundo sino, especialmente, para mantener la mayor ignorancia sobre las mismas a través del engaño, la mentira, la desfiguración de las verdades, porque eso es lo neurálgico del negocio económico, fundamentalmente, privado.

El capitalismo desarrollado con su pragmatismo sobre la vida social ha hecho que a aplastante mayoría de la sociedad viva más de los gustos que de los valores, que lo importante no es que le informen verdades sino que les vendan ilusiones y que los principios son patadas o brazadas de ahogados o de ahorcados porque el valor máximo de la vida está en las conveniencias olos oportunismos del momento. En fin, lo importante no es que sobren razones para luchar por la felicidad colectiva, porque lo que realmente vale es que siempre –a los pueblos- le falten ganas para decirse a romper las cadenas que les oprime por voluntad del sistema o régimen que domina la sociedad en que viven y se desenvuelven. Los que engañan pueblos no pocas veces se olvidan que sólo a la luz del día se llega por los caminos de la oscuridad de la noche. Si un loco es capaz de usar una linterna para dar sus pasos en la oscuridad, los pueblos utilizan el nivel de su conciencia para asirse de luz en la lucha por hacer realidad sus ideales.

Vargas Vila decía que no había “nada igual al poder de la idea, y como la prensa es su voz y su reflejo, nada hay igual al poder de la prensa”. Pero también decía Vargas Vila que “Amordazar a un pueblo, es lanzarlo a la revuelta, porque la supresión del derecho de queja predice el derecho de insurrección”. Que no olviden eso los amos de los poderosos medios de comunicación privados que hacen de la mentira el principio más sublime de su ideal.

Cuando un medio de comunicación guarda silencio sobre lo que debe informar verazmente a la opinión pública para decir lo que le coviene al régimen que oprime a la sociedad y le niega su derecho a la ilustración del conocimiento, simplemente, está mintiendo cuardando su mala fe ante la verdad callada. Para los amos del capital es un delito que los pueblos piensen y no que opinen en los pasillos angostos o en las callejuelas de los barrios.

Cada vez que suelo escribir sobre el tema de medios de comunicación, los cuales no existirían sin periodistas que cumplan la misión que encomiendan los amos del capital, recurro a ese que siendo joven escribió, en un medio tan convulsionado y peligroso para el periodismo como lo es Colombia, un libro extraordinario titulado “¿Quién nos escribe hoy?”, donde hace una descripción maravillosa e irrefutable del periodismo, señalando que éste “… es a la sociedad lo que el sistema linfático a nuestro cuerpo: el responsable del equilibrio inmunológico. Viene a ser así como una red de pequeños vasos capilares y tejidos –en nuestro caso los periódicos y las revistas- que se encargan de hacer circular la linfa –la información- a través de nuestro cuerpo –la sociedad-. El sistema linfático sirve de filtro para los gérmenes –si no realizan su función éstos nos invaden- y es el encargado de activar las células blancas que establecen los mecanismos de defensa. Esta es la que creo debe ser la esencia del periodismo: buscar la inmuidad de la sociedad a través del conocimiento racional de los hechos, detener la manipulación de los medios, ser mecanismo de defensa para lo nocivo y desterrar la ignorancia de la malainformación. Cuando este sistema inmunológico no funciona apropiadamente nuestro cuerpo sucumbe ante las infecciones. Cuando el periodismo no cumple con su función ante la sociedad, la vulnerabilidad es total….”. Y agrega Dony Ramírez lo siguiente que es bueno que los periodistas tomen en consideración y lo analicen sin rechazo inmediato por heridas morales o conveniencias nihilísticas de la política: “En estos tiempos existe una enfermedad conocida como SIDA que destruye las células creando una crisis en el sistema inmunológico, no sólo en cantidad sino en calidad de respuesta. Pues bien, el periodismo actual mina nuestras defensas y nos hace completamente vulnerables: los periodistas son el SIDA de nuestra sociedad”. ¿Existe alguien que le quite la razón a Dony Ramírez, aunque sabemos que él no se refiere a todos los medios de comunicación ni a todos los periodistas?

Bueno, todas esas cosas anteriores para entrarle al análisis de la esencia de esta opinión. Un escándalo mayúsculo se ha desatado en Europa y, especialmente, en Inglaterra el caso del espionaje teléfonico ordenado por un monopolio poderoso de medios de comunicación. Cuando el escándalo traspasa las fronteras impermeables de la sociedad, entonces, el Estado busca un escarmiento moral para que los intereses económicos de los monopolios y la reputación de la elite gobernante no sufran daños colaterales de ninguna naturaleza. Al populacho (que es el pueblo explotado y oprimido) se le deja la potestad de gozar los embrollos de los de arriba pero que no se atreva hacerse eco de rebeldías que pongan en tela de juico el status quo establecido y dominante. Que se produzcan, en Europa, mil Puertas de Sol no es el problema esencial para los Estados burgueses. Lo importante es que no exista vanguardia política clasista que intente llevar la indignación a los hechos prácticos que derrocan gobiernos. El pragmatismo, llevado incluso a los tuétanos del proletariado europeo, sigue predominante y no corre riesgo –por ahora- evidente de derrumbarse por abismos indeseados para los grandes monopolios económicos que deciden, en el mercado, el destino de las sociedades.

Al señor capitalista y monopolista Ruper Murdoch se le fue un poco y más la mano para también una pata para intervenir a su antojo en la política británica por el hecho de ser uno de los más ricos empresarios de la economía comunicacional inglesa. No le ha bastado con su misión de engañar a la mayoría de la sociedad sino que su ambición lo llevó a espiar a la monarquía y, con esmerada atención, a los personajes más relevantes de la política inglesa. Su “prestigioso” periódico (New Of The World) caracterizado por “incorruptible” cuando se trata de montos muy bajos de dinero y sólo para decir pocas verdades en los asuntos más triviales de la vida social inglesa tuvo, por moral burguesa, que cerrar sus puertas para que el mundo –en general- y la sociedad británica –en particular- estén seguros de que habrá un Estado monárquico-parlamentario capaz de defender los derechos de la democracia y, con especial mención, el de la privacidad política.

¿Por qué tanto interés del señor Murdoch en el espionaje político y policial inglés?

Nada más y nada menos que deseaba ponerle su guante completo a la empresa británica Shy Broadcasting. Eso se llama afán desmedido por más propiedad privada para gozar de más poder político individual. El señor Murdoch quería ser el dueño único de “BSkyB”, que es lo mismo que decir: ser el amo de la más poderosa, influyente, rica y lucrativa red de televisión por vía de satélite en Gran Bretaña que es mucho más que Inglaterra.

No pocas veces quienes con un solo puño quieren abarcar demasiado terminan con muchos callos en sus manos. El señor Murdoch quiso no sólo ser un magnate tipo Onassis sino un Zar al estilo Nicolás. Por eso miró tan lejos sin darse cuenta que sus anteojos le permitían un límite de distancia menor que la del águila entrenado para cazar conejos que terminan, asados y condimentados en los platos bien adornados en casas de campo donde los más ricos hacen sus orgías económicas burlándose del dolor de sus víctimas.

Los políticos ingleses saben y comparten que la corrupción está legalizada hasta en el idioma siempre y cuando el escándalo no llegue a dormir en alguna de las camas del palacio Buckingham o se sitúe como entrometido en la habitación donde el Primer Ministro goza sus placeres del sexo. El señor Murdoch no sólo quiso dormir en el palacio de Buckingham sino asentarse por largo tiempo en la habitación del Primer Ministro. Y la moral o ética monárquico-parlamentaria eso no lo permite auque algún aspirante a rey deserte para hacer su vida familiar con una mucama o joven de servicio doméstico en otro país que no sea Inglaterra.

Conclusión política: imaginemos al señor Murdoch o alguien parecido a él, como suele ser entre los más ricos de este mundo la semejanza de bolsillos, dueños de la red más importante de televisión, de los periódicos más importantes, de las revistas más importantes de una nación imperialista y también metidos en el negocio de las armas de la guerra. ¡Santo Dios! ¿Cuántos muertos necesita para mantener su imperio? ¿Cuánta materia prima saqueada requiere para sostener su imperio? ¿Cuántos periodistas incondicionales necesitan para mantener engañada, por lo menos, a una buena parte de la sociedad? ¿Cuántos gendarmes o mercenarios requieren para sacar del medio a quienes denuncien las atrocidades y perversiones de su imperio? ¡Santo Dios! En definitiva: el señor Murdoch quería ser el sistema linfático de la sociedad inglesa para que las células blancas no pudieran establecer mecaismos de defensa ante sus tropelías y el SIDA, a través de sus periodistas, creara crisis inmunológica para él mantener la hegemonía en el negocio de las medicinas que no curan pero alivian al paciente de los dolores mortales mientras le llega la muerte por vía natural o por violencia.

Quienes crean que el señor Murdoch va a quedar arruinado económicamente por el escámdalo de espionaje que realizó en Gran Bretaña, se caerán de la mata de coco desde donde lo estén soñando. Siempre habrá, mientras exista capitalismo y-especialmente- imperialista varios Murdoch que no sólo espiarán a sus competidores y a personajes de la política dominante sino, fundametalmente, a gobernantes que no quieran rendirse incondicionalmente a sus designios económicos. El capitalismo no subsiste sin travesuras como la del señor Murdoch.



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Freddy Yépez


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