Caso Twitero impostor

Yo, Isrrael Antonio Sotillo Infante, Venezolano, Mayor de Edad, Titular de la Cédula de Identidad 4.798.493, Abogado (Inpre 27.449) y Periodista Profesional (CNP 11.616), domiciliado en la Ciudad de Valencia, Capital del Estado Carabobo, denuncio ante la opinión pública nacional e internacional que en la Red de Internet se está utilizando mi nombre como titular de una cuenta de Twitter que no me pertenece; en absoluto, no accedo con esa tipo de tecnología de la información a la denominada autopista virtual. Esta denuncia la hago toda vez se está utilizando mi nombre y apellido, inclusive, con fotografías tomadas también de archivos del Ciberespacio para emitir mensajes a través de esta novedosa herramienta comunicacional con finalidad crear zozobra y angustia en la población venezolana.

Sirva esta manifestación de acusación pública para hacer algunas reflexiones en torno a este hecho que más que perjudicar mi nombre como militante revolucionario de toda la vida, busca desestabilizar políticamente al país, ya que tiene que ver con el Jefe del Estado. Hay un sector influyente de oposición sedienta de sangre y muerte que se ve actuar en esa dirección. Hasta ahora en plena Revolución Bolivariana más de doscientos cincuenta campesinos y campesinas nuestros han sido asesinados por manos del sicariato terrateniente. Cómo sería si esa derecha recalcitrante llegara al gobierno. Sin duda intentarán liquidarnos a todos y todas, a quienes queremos profundizar radicalmente en los cambios sociales. Por eso lucho con las fuerzas y posibilidades que me da la vida para evitar que vuelvan al poder.

El rito del Chivo Expiatorio es una variable que siempre ha servido de purificación civil cuando hay inundaciones, hambrunas, enfermedades o cualquier otro flagelo. Azotada la Ciudad por los desmanes de la naturaleza o por la acción de los hombres había que sacrificar a alguien para redimir al pueblo. Así era en la Antigua Grecia. Me niego a creer que este sea el caso que nos asiste.

En primer lugar, el hecho demuestra en que hay gente conspirando día y noche, que no duermen pensando en cómo sacar al Comandante Chávez de Miraflores; que aprovechan cualquier circunstancia para activar sus hilvanados planes de desestabilización.

En medio de estas reflexiones surge, necesariamente, un planteamiento: Qué informar, cómo informar, quién informa, lo cual sigue siendo un problema que nuestro proceso de cambios no ha podido despejar. Aquello de veraz y oportuno debe ser tomado más en serio por quienes dirigen la política informativa del Estado. Pienso que debe ser más inteligente. Además de la razón hay que imprimirle imaginación, mucha imaginación sino, estamos navegando en las aguas de un Océano Incierto. Uno ve que hay en nuestra dirigencia como que una sensación de vergüenza en muchas de las cosas que se están haciendo y en las cosas que están diciendo, porque el mensaje no es suficientemente clarificador. El mensaje oficial requiere mejor elaboración. Derrida apunta que no hay nada fuera del texto. Todo en la vida es como un texto… y este no es más que un juego de diferencias. Un juego de presencia y ausencia.

De nuestro lado, de quienes profesamos el marxismo-leninismo, las ideas del Che Guevara de y otras y otros revolucionarios, creo que nos falta resistencia al presente. Debemos ser más creativos con miras al futuro que apela a eso que al principio de la Revolución se llamó la Refundación de la República, de la patria; evolucionar para vivir en una nueva tierra, tratando de restablecer desde el primer día y para siempre una relación distinta con la naturaleza y acompañando al propio pueblo en su camino hacia el pueblo que aún no existe. Es verdad que somos libres, pero también es cierto que debemos liberarnos y que entonces la libertad debe rebelarse contra las alienaciones. Immanuel Kant decía, que cuando dejemos de obedecer a Dios, al Estado, a nuestros padres podremos legislarnos nosotros mismos, pero lamentablemente el filósofo de Königsberg, pedía que nos atuviésemos a los valores que ellos nos transmitían. Vale aquí lo del viejo sabio de la sociedad: “No es nunca la conciencia la que determina la vida real, sino que es la vida real aquello que determina la conciencia”, son palabras de Carlos Marx.

Nuestras ideas como gente de izquierda sobre la verdad del socialismo vienen siendo cuestionadas, inclusive desde el corazón mismo de la Revolución Bolivariana. Pero andamos dispersos y es urgente recuperar la unidad perdida de los revolucionarios para salir a dar la batalla con nuestras ideas en el seno de nuestro pueblo, sin avergonzarnos, siempre del lado de la clase obrera. El inmovilismo absoluto nos va a condenar indefectiblemente a la autodestrucción de nuestra sociedad si seguimos con los brazos cruzados. La historia no nos absolverá.

En ese mismo contexto uno se pregunta: ¿Participa de alguna manera la clase trabajadora en el diseño y la elaboración de la estrategia comunicacional de la Revolución Bolivariana? Evidentemente que no. ¿Tiene algo que decir la clase trabajadora? Innegablemente que sí. He allí el gran dilema. La revolución se proclama participativa y protagónica y la participación de la clase trabajadora está ausente en la toma de decisiones. Y esa praxis mata la letra del texto fundamental. Es tan solo un ejemplo, hay muchos.

Otra, la utilización apresurada e indiscriminada del Twitter, ya lleva varios errores cometidos que han afectado de alguna manera a la Revolución Bolivariana. En el caso de Joaquín Pérez Becerra y en el de la guitarra de Shakira, seguramente habrá otros asuntos relacionados con la innovación electrónica, pero resaltan esos; ese tipo de twitteo ejecutado por parte del proceso dejó secuelas aún no subsanadas en la conciencia del pueblo… y ahora el Twitter Impostor que ha sido utilizado no sé por quién o quiénes para propagar un rumor necrófilico; en un claro ejercicio, bien perverso, por lo demás, de la palabra limpia, libre; hecho que nos obliga con premura a darle más importancia al tema de las comunicaciones.

Aceleradamente el Twitter se está convirtiendo en la fuente informativa por excelencia de la clase media que genera opinión pública y que accede a la aldea global con esta nueva tecnología, incluida la Revolución Bolivariana como es sabido por todas y todos. No me opongo a los adelantos tecnológicos, de alguna manera fui corredactor de varias de las leyes que regulan la materia comunicacional e informática en Venezuela (Ley Especial contra los Delitos Informáticos); pero ya vimos con las muestras anteriores que todavía el Twitter no constituye una fuente confiable, amerita no solo la verificación del hecho sino, además, requiere la consulta de la fuente que la genere. Les corresponderá a los cientistas de la comunicación social, entre otros, aportar ideas acerca del buen uso de las nuevas tecnologías.

La reflexión final pasa por apreciar cómo el Estado afrontará estas amenazas contra su existencia. ¿Se incumbirá la Fiscalía del Ministerio Público por este caso del Twittero Impostor? ¿Habrá interés en dilucidar estos temas con prontitud y seriedad? Son preguntas que esperan respuestas, no por mí, únicamente, sino por el resto de la sociedad en general, de la cual formo parte. Se vienen cometiendo errores de comunicación, muy seguido, y eso compromete a la propia Revolución Bolivariana en su consolidación. Se entiende que no somos responsables de las victimas sino ante las víctimas.

Gracias al trabajo acucioso de “La Hojilla”, que conduce Mario Silva pude enterarme de la usurpación de mi identidad en INTERNET, eso se agradece.

Ratifico, por último, que por ahora no poseo cuenta de Twitter en la Internet, así lo dejo constar por medio de este escrito.

¡Larga vida al Comandante Chávez! ¡Larga vida a la Revolución Bolivariana! ¡Comandante Pa´lante!

POST-DATA: No hay crimen perfecto. Se equivocó quien pretendió utilizar mi nombre como cuentahabiente de un Twitter que no me pertenece: Mi nombre se escribe ISRRAEL con dos rr; en estos momentos no ostento ningún cargo de elección popular, y además, los errores ortográficos no me asisten en esa cuantía.

isotilloi@gmail.com


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Isrrael A. Sotillo I.


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