Ezequiel Zamora insignia de lucha del pueblo venezolano

"No es mi culpa que la realidad sea marxista"

Jean Paul Sartre citando al Che Guevara

Las utopías consuelan: cuando se escribe y se publica lo creado, a uno lo mueve la esperanza de contribuir en algo en el logro de una solución positiva de las contradicciones políticas y sociales en las que se encuentra una sociedad, en este caso, la venezolana, que por momentos se pueden considerar irreconciliables, aunque se reconocen los esfuerzos de mucha gente para evitar que corra la sangre. En todo caso, éste no es un tiempo de inacción y de molicie, sino de trabajo, de mucho trabajar, en el que cada quien haga lo que sabe hacer. Tiempo hemos tenido para aprender, aunque hemos estado defendiéndonos.

En ese espíritu, renovado por la simbología que representa lo cronológico en la vida de los pueblos y de los seres humanos, acabamos de iniciar un nuevo año, me ubico en el tiempo de Ezequiel Zamora, para extraer de esos días, pero sobre todo, del personaje al que Laureano Villanueva, le confirió el título de "Valiente Ciudadano", algunos parámetros y precisiones acerca de ese hombre que vivió en aquel agitado momento de la historia venezolana, y quien a lo largo de toda su vida se caracterizó por su verdadera adhesión y respeto por las masas populares, por la gente más sencilla.

Ezequiel Zamora, fue hijo de Paula Correa, y tuvo por abuelo paterno a Juan de Zamora, a quien Federico Brito Figueroa, describe como un "hombre de cuenta e historia"… "atrabiliario y tenaz"; y por padre a Alejando Zamora, un blanco de orilla, quien murió en combate, como un soldado más, en 1.821, cuando su hijo Ezequiel, contaba con tan solo cuatro años de edad. El progenitor de Ezequiel Zamora había caído dando la pelea en medio del fragor de la guerra, luchando a brazo partido por la independencia nacional.

Los historiadores coinciden en que los auténticos forjadores del carácter de Ezequiel Zamora, fueron: en primer lugar, su madre Paola Correa, mujer valiente y abnegada, firme en la firmeza, bien resuelta a la hora de defender a su hijo y la causa por la que éste guerreaba, y por ser poseedora de una alta moral ciudadana; asimismo, aprendió de su cuñado Juan Gáspers, revolucionario europeo quien se desplazó a nuestra América, huyendo de la reacción feudal-absolutista imperante en su Francia natal. También le dio de beber un poco de la fuente de la justicia social, su maestro Vicente Méndez, quien le insufló consciencia de clase en sus años de estudiante; al igual que su muy entrañable José María García, amigo y compañero de la escuela, quien desempeñó un significativo papel en la formación ideológica del gran dirigente, y de quien fue el jefe indiscutible de la Revolución Federal.

La primera prisión sufrida por Ezequiel Zamora, refiere el historiador Federico Brito Figueroa, es de suma importancia en su desarrollo intelectual, en su maduración como caudillo popular: la represión autoritaria, la truculencia electoral y la vulneración del orden jurídico, por los mismos sectores políticos que lo habían establecido, lo llevaron a concluir que las luchas periodísticas y la agitación verbal son menos que impotentes frente al poder de las clases dominantes, estructurado económica, social y políticamente para reprimir las justas luchas de los oprimidos. La represión impulsa el pensamiento que lentamente se había venido formando en la mente de Ezequiel Zamora: era necesario olvidarse de las insignias y cambiarlas por balas y machetes. Más de un campesino le había formulado la observación al oído "… catire, la colmena hay que castrarla con candela y de un solo golpe porque si se alborotan las avispas nos pican".

Ezequiel Zamora, Jefe del Pueblo Soberano, encarna, como ningún otro protagonista de nuestra historia patria, la igualdad o la igualación social venezolana; él es el portador feraz del espíritu enérgico de la insurgencia armada; representa un distintivo elevado de la lucha revolucionaria para fundar la concordia social cada vez que esta sea deteriorada. Una arenga hecha en una asamblea por el Jefe del Pueblo Soberano, en la plaza de San Francisco de Tiznados, es fiel testimonio de su profunda vocación popular:

"…luchamos para proporcionar una situación feliz a los pobres, […] los pobres nada tienen que temer, no tienen nada que perder, que tiemblen los oligarcas, no habrá ni ricos ni pobres, la tierra es libre, es de todos".

Ezequiel Zamora, con su ejército popular, personifica el artículo 350 constitucional contra la oligarquía; por eso le temen tanto los burgueses, la clase mercantilista, especuladora y usuraría; su nombre y su gesta al lado de las muchedumbres, les aterra: ¡Oligarcas Temblad! ¡Viva la Libertad!

A la hora de valorar el significado de la Guerra Federal, no debemos dudar en ningún momento de qué se trató, debido a que los historiadores reaccionarios la consideran como un movimiento armado sangriento y sin ninguna significación social; todo lo contrario, fue una guerra campesina, una guerra civil dirigida contra todos los sistemas de servidumbre; fue un movimiento de masas, de clases explotadas y oprimidas contra las clases explotadoras, lo cual ha quedado suficientemente demostrado, ya que no era solamente una lucha de competencia entre conservadores y liberales. Las luchas de la Guerra Federal venezolana, se dieron para exterminar en su totalidad al Estado oligárquico existente; la guerra campesina venezolana siempre propugnó por uno nuevo reparto de la propiedad en su conjunto, de allí su carácter democrático revolucionario y popular.

En los países coloniales los campesinos son revolucionarios, afirmaba Frantz Fanon, pues, no tienen nada que perder y todo lo tienen por ganar. El campesino que muere de hambre fuera del sistema de clases, es el primero de los explotados que lo único que lo redime es la violencia. Para él no existe compromiso ni acomodo posible. A lo largo del devenir histórico los campesinos se han levantado en rebelión contra los opresores, aunque también la historia está llena de ejemplos en los que ha soportado en silencio y por largos períodos la explotación y la opresión más violentas. Un ejemplo de lo primero, es lo ocurrido en Venezuela con la rebelión de 1.846, liderada por el Indio Francisco José Rangel, quien, para ese entonces, era Comisario de Tacasuruma y Timbique, y venía de invadir, al frente de doscientos peones, los pueblos de Güigüe y Magdaleno; por cierto que la bandera del Indio Rangel, era "tierra y hombres libres", y su plan era apoderarse de Villa de Cura, unirse con la guerrilla de los llanos, marchar hacia Maracay, donde se encontraba el parque de armas y seguir hasta Caracas; y de lo segundo dan cuenta los distintos pactos que las clases poderosas han acordado siempre para poseer y disfrutar las riquezas de la República.

Nombres hay en la historia, unos más, otros menos conocidos, pero los nombres son el dinamo que la impulsa cuando adquieren en el tiempo y el espacio la fuerza retumbante que los hace imborrables. He aquí los nombres de los cuadros de dirección del Ejercito del Pueblo Soberano:

Estado Mayor: Jefe del Pueblo Soberano, Ezequiel Zamora; Coronel Francisco José Rangel; Coronel Manuel Ibarra, Jefe de Estado Mayor; Coronel Juan Evaristo Cabezas; Coronel Segundo Martínez; Comandante José Bernardo Masabé, Secretario de Estado Mayor; Comandante José Brandford, Comisario de Guerra.

Comandantes: Pedro Aquino, José Urbano Figueroa, Francisco Pulido, Francisco Pacheco, Rosalio Herrera, Nicolás A. machado, Carmelo Díaz, Santos Rodríguez, Tomás Rondón y Jesús González (a) Agachado.

Capitanes y Tenientes: Juan Antonio Tovar, Faustino Brea, Gregorio Matute, Juan Brito, Fernando Bolívar, Remigio Ledezma, José Viloria, Lucas Aquino, Gumersindo Sánchez, Dámaso Peralta, Ramón Zuloaga, Juan Cándido aponte, Felipe Pereira, José Martel, Agustín Aular, Francisco Montero, Policarpo Sánchez, Joaquín Rodríguez Guerrero, Zoilo Medrano, Manuel herrera, Miguel Masabé, Luciano parra y Leocadio Álvarez.

Cipriano Castro, pundonoroso defensor de la soberanía patria, de honrada trayectoria política, y admirador de Ezequiel Zamora, prescribió en sus días de Presidente de la República, que se hiciera una indagación profunda, ya que dudaba de la versión oficial, para así determinar, sí, realmente los restos enterrados en el Panteón Nacional eran los mismos del genio de la estrategia militar de la Batalla de Santa Inés. La investigación dejó entrever el sainete que montó el presuntuoso general de la "adoración perpetua", don Antonio Guzmán Blanco:

"… la casa donde se enterró a Zamora era propiedad de la familia Oviedo, como he dicho, y a poco de sepultado lo desenterré en unión de dicha familia, para identificarlo, habiendo quedado convencido de su legitimidad porque aún reconocían sus facciones y parte de su uniforme. Luego volvimos a cubrir el despojo, acudiendo a aquella sepultura toda la gente que pasaba por San Carlos, basta que habiendo llegado el Ejército se exhumaron definitivamente los restos; no habiendo yo escrito nada sobre el particular, porque el General Guzmán Blanco al colocar en el Panteón los otros restos que decían era de Zamora, formuló un proceso para cubrir su responsabilidad: y finalmente porque ningún Gobierno había tocado el asunto hasta hoy…"

La historia está cubierta de signos que es necesario descifrar y estos signos que revelan semejanzas y afinidades, sólo son formas de la similitud. Así, pues, conocer será interpretar. En todo caso, el atentado de Ezequiel Zamora, ocurrido en el sitio de San Carlos, Estado Cojedes, el 10 de enero de 1.860, y continúa siendo, a 158 años de haber acaecido, un misterio, una incógnita para la historia de nuestro país, a pesar de que la historiografía deja claros indicios de quiénes fueron los responsables, y de quiénes participaron materialmente, de ese asesinato, cuya comprobación particularizada será obra de la historia militante y de quienes investigan desde esa perspectiva. Salvar a la historia patria del derrumbe a la que siempre la han querido llevar los enemigos del pueblo; asumirla a plenitud, esa debe ser nuestra labor, sino estaríamos renunciando a la condición humana.

Ezequiel Zamora, está grabado en la consciencia de nuestro país como una persona muy meritoria; demostró con su ejecutoria pública ser un verdadero amante de su patria, cuyas virtudes, todas, las volcó a favor los condenados de la tierra venezolana; en él se conjugan los rasgos que nos convierten en lo que somos: seres humanos y no Dioses: la risa, el orgullo, la locura, los cuales se alternaron con su sensibilidad y en el amor por la justicia; sin duda que hay muchísimos motivos que resaltar, los cuales palpitan en el corazón irredento Ezequiel Zamora sirve de ejemplo vivo, presente, a la estupefacción del pueblo venezolano.

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA:

BRETON, ANDRÉ: Antología del humor Negro. Editorial Anagrama, S.A. Barcelona, 1991

ALAVI, HANZA: Teoría de la Revolución Campesina. Comité de Publicaciones de los Alumnos de la Escuela Nacional de Antropología e Historia. México, 1974.

BRITO FIGUEROA, FEDERICO: Tiempo de Ezequiel Zamora. Ediciones de la Biblioteca. Universidad Central de Venezuela. Caracas, 1996.

FOCAULT, MICHEL: Las Palabras y las Cosas. Siglo XXI Editores, México D.F., 1990.

FUENTES; CARLOS: El Espejo Enterrado. Taurus, México D.F., 2006.

HUIZER, GERRIT: El Potencial Revolucionario del Campesina en América Latina. Siglo XXI Editores, México D.F., 1977.

MÉSZAROS, ISTVÁN: La Obra de Sartre, La búsqueda de la libertad y el desafío de la historia. Vadell Hermanos, Editores. Caracas, 2013.

TRANQUILO, CAYO SUETONIO: Los Doce Césares. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana, 2005.

VILLANUEVA, LAUREANO: Vida del Valiente Ciudadano General Ezequiel Zamora. Monte Ávila Editores. Caracas, 1992.



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Isrrael Sotillo


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