La estupefacta carta del SNTP

El Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa mandó una carta a la Universidad de La Plata, en Argentina, para protestar por la entrega al presidente Chávez de nada menos que un premio de periodismo.

La directiva del SNTP se declaró estupefacta por el galardón otorgado a quien describen como un notable enemigo de la libertad de prensa. La carta, a su vez, abunda en estupefacciones.

Comencemos por lo más simple. EL SNTP pinta un cuadro tan desolador de las empresas periodísticas acorraladas por el rrrrégimen que, ¡válgame el cielo!, no sé con qué cara podrá ahora un delegado sindical reclamar ni tan siquiera el pago del cesta-tique. Uno lee la cosa y le provoca -luego de enjugarse las lágrimas- hacer asambleas en las redacciones para proponer 50% de rebaja salarial voluntaria.

Esa parte de la carta parece un remitido de la patronal, aunque tengo la impresión de que ni siquiera los señores dueños de medios se atreven a lloriquear de una manera tan mocosa. La burguesía -aunque, en general, es muy desvergonzada- gusta de guardar ciertas apariencias.

Otro aspecto para quedarse con la boca abierta es el manejo ligero que nuestros gremialistas hacen de la clara y filosófica diferencia entre expresar una opinión y hacer una grave acusación. Los líderes sindicales afirman que don Guillermo Zuloaga fue enjuiciado por “opinar”, cuando bien se sabe que el reputado caballero acusó al Presidente de ordenar asesinatos en masa el 11 de abril. Si estos colegas creen que se puede decir “Esta es mi opinión: usted mató a 19 personas”, debe ser que faltaron a demasiadas clases universitarias, especialmente a las de Ética y Legislación de Medios.

En el punto más “estupefaciente”, para repudiar el lauro a Chávez, presentan una lista de agravios contra la prensa: que si Jaua da empujones; que si el tirano trata mal a las muchachas; que si no nos invitan a las ruedas de prensa; que si unos enloquecidos patearon nuestros indefensos pompis de reporteros y -la peor- que no les dan publicidad oficial a nuestros empobrecidos jefes… ¡vea usted qué abuso! Y así intentan cuestionar la asignación de un premio que rinde tributo a Rodolfo Walsh, un periodista que se enfrentó a una dictadura de verdad; que denunció torturas de verdad y desapariciones de verdad y terminó él mismo desaparecido de verdad. Un hombre que no tuvo apoyo de grandes medios (estaban en otra onda, ¿por qué sería?), sino que trabajó a punta de multígrafo y radiobemba.

Si Walsh -allá donde habitan los desaparecidos- lee la carta del SNTP, podrá agregarle un episodio a su Antología del cuento extraño o -mejor todavía- ponerle un epílogo a sus Cuentos para truhanes. Honor y gloria a su memoria.

clodoher@yahoo.com


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Clodovaldo Hernández


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