En honor a su madre muerta y en repulsa a la injusticia jurídica estadounidense

Gerardo: debes resucitar dos veces para cumplir la condena

En toda la historia de la humanidad, antes y en plena lucha de clases, jamás se conoce un ejemplo de tan bárbaro exabrupto jurídico como suelen presentarse cotidianamente en la “administración de justicia jurídica” en Estados Unidos. Los esclavos eran maltratados, torturados, encarcelados y asesinados sin fórmula de juicio alguna, porque no gozaban de derechos de ninguna naturaleza y menos jurídicos; los campesinos fueron –aun siguen siendo en varias partes del mundo- maltratados, torturados, encarcelados y asesinados con o sin fórmula de juicio alguna; los obreros fueron –aun siguen siendo en muchos lugares del planeta- maltratados, torturados, encarcelados y asesinados aunque el capitalismo, de manera hipócrita, dice reconocerles derechos del hombre y el ciudadano y, especialmente, jurídicos para vender su fuerza de trabajo a quien mejor se la pague o contrate. El fusilamiento ha existido desde tiempo inmemorial, desde que la humanidad se dividió en clases sociales que pugnan por el poder político para mantener –fundamentalmente- el dominio económico sobre los explotados y oprimidos o por conquistar la emancipación de toda expresión de esclavitud social. Pero de esto no se trata esta opinión.

En la mayoría de las naciones del planeta Tierra se ha concluido con el episodio de las sentencias de muerte, aunque muchísimos Estados la apliquen sin que las víctimas vayan a juicio jurídico y, en otros casos, sí. Sin embargo, la tan nombrada democracia más perfecta del mundo, la estadounidense, la ejecuta de múltiples formas, es decir, sin juicio o con juicio jurídico. Pero, al mismo tiempo, el Estado estadounidense es el más duro e inflexible crítico contra la pena de muerte en otros países. Ni Dios entiende esa contradicción hipócrita por donde se le mire.

Existe, en muchos lugares del planeta, la sentencia jurídica de cadena perpetua, aunque buena parte de su población, por razones religiosas, crea en la resurrección de los muertos. No nos metamos con ello, por ahora. Lo que no se conoce en los países donde existe la pena de cadena perpetua, salvo en Estados Unidos, es que el resucitado ya tenga de antemano otra sentencia de cadena perpetua y, además y de ñapa, unos cuantos años más de prisión.

La “administración de justicia jurídica” estadounidense se tiene, por los ideólogos del imperialismo capitalista y sus acólitos, como la manifestación más ecuánime, más justa y más correcta de todo el planeta. No existe un jurista en el mundo, cuyo bolsillo se enriquece a costilla del sufrimiento y la esperanza de “libertad” de los reos, que no ponga como ejemplo, en sus defensas o casos jurídicos, la sana y perfecta “administración de justicia jurídica” en Estados Unidos. Sin embargo, todos esos juristas, todos los políticos, todos los ideólogos, todos los sociólogos o historiadores, en fin, todo ser que tenga cuatro dedos de frente y su sentido común posea alguna idea de Estados Unidos, saben que la más bochornosa, la más injusta, la más salvaje, la más cínica, la más hipócrita “administración de justicia jurídica” en este planeta de naciones o pueblos es, precisamente, la estadounidense.

En nombre del monopolio económico, la democracia capitalista y el dólar, primeramente; en nombre de Dios, en segunda instancia; y de la sociedad estadounidense, en tercer lugar, se aplica la más grotesca de todas las “administraciones de justicia jurídica” del mundo. Nadie en el planeta, absolutamente nadie por muy déspota que sea el gobierno de una nación, se burla tanto de la humanidad, de su propio pueblo, de las leyes, de las víctimas y de Dios, como la injusta administración de “justicia” estadounidense. Para saber eso no se requiere ser ni experto ni estudioso de la jurisprudencia. Hasta un ciego o un sordo, por instinto, sabe que eso es así y no de otra manera.

Pero en el caso de Estados Unidos, la “administración de justicia jurídica” está supeditada, en todas sus partes y en toda su globalidad, a la política imperialista, a esa que se propone juzgar y condenar toda persona que considera representa un estorbo para los planes y designios de los amos de la economía capitalista. Estados Unidos es un país donde, con mucha facilidad y de manera fraudulenta, una víctima es convertida en victimario y lo contrario, siempre y cuando eso corresponda en provecho de los intereses –fundamentalmente- económicos de los grandes amos del capital. De esa forma cinco cubanos que alertaron al gobierno estadounidense de actividades terroristas, fuera y dentro de su territorio, que iban a ser acometidos por grupos que hacen vida formal en Estados Unidos, en vez de agradecérsele su labor fueron arrestados y entregados a las manos de la injusta “administración de justicia jurídica” estadounidense, acusados de peligrosos terroristas. Fueron juzgados y condenados en vez de reconocerle públicamente, de parte del Estado, la extraordinaria labor de información donde alertaban sobre grupos y personas que tienen el terrorismo como su arma fundamental de lucha política. No hubo oído receptivo, en casi toda la cofradía encargada de la “administración de justicia jurídica” estadounidense como tampoco en el gobierno, en el Congreso y demás instituciones estatales de Estados Unidos para levantar una voz que pusiera fin al exabrupto del juicio contra los cinco héroes cubanos.

Uno de los cinco héroes, Gerardo Hernández, fue condenado (¡ojo con esta burla y perogrullada jurídica de la más sana y correcta administración de justicia jurídica!) a dos (entiéndase bien: 2) cadenas perpetuas y de ñapa: más quince (15) años de prisión. Condenar a prisión a un inocente es el rostro más macabro de la justicia jurídica. Los cinco héroes cubanos han sido víctima de esa falacia. Pero en el caso de Gerardo Hernández, en lo particular por el fallecimiento de su madre sin poder asistir a ese último y triste momento familiar como lo es la sepultación del cadáver, es igualmente un crimen planificado, preconcebido en las mentes de aquellos jueces que siempre serán tiranos en cada acto de sentencia a un inocente. Cargarán con el peso de la muerte de la madre de Gerardo Hernández, porque sabiendo que siendo éste inocente con la condena, crearon un profundo dolor a su progenitora que mientras vivió no pudo ser reparado. De nada, absolutamente de nada y en respeto y honor a algunos jueces estadounidenses, valió que la Corte de Apelaciones de Atlanta hubiese decidido que no existían elementos para que los cinco héroes cubanos fuesen juzgados por delitos de terrorismo contra Estados Unidos.

Para que Gerardo Hernández pueda cumplir la condena que le fue impuesta debe, no por la voluntad de Dios sino de la insanta inquisición de la administración de justicia jurídica estadounidense, morirse una primera vez y resucitar, regresar a la cárcel, volver a vivir y padecer las tropelías de ella, morir nuevamente, resucitar por segunda vez, hacer su nueva vida –tal vez- en peores condiciones que antes hasta pagar los quince años que le sumaron a las dos cadenas perpetuas. ¿Acaso no se han dado cuenta los jueces y fiscales estadounidenses que eso es una verdadera ridiculez y burla a la sociedad, al derecho y sus leyes, a Dios, al reo mismo, a sus familiares, a los carceleros y a los propios administradores de la justicia jurídica de Estados Unidos? Los fiscales y jueces estadounidenses que condenaron a los cubanos a cadenas perpetuas más una suma de años de prisión son creyentes en Dios, pero, al mismo tiempo, sólo creen que algunos reos están en capacidad de resucitar mientras que para ellos mismos esa posibilidad no existe. ¿Acaso eso no es una burla a sí mismos y sus propias creencias religiosas?

Los jueces malignos que condenaron a los cinco héroes cubanos –en general- y a Gerardo Hernández –en lo particular- jamás entenderán que el dolor, causado a millones y millones de personas en el mundo por tan injusta y macabra manera de administrar la justicia jurídica en Estados Unidos, no se traducirá en una venganza personal sino en ese género de odio que abarca el espíritu contra todo un régimen que se sustenta en la esclavitud globalizada de los explotados y oprimidos. Esos jueces que creen llegarán al Cielo para ser recibidos y premiados por Dios por condenar inocentes, recibirán el repudio eterno de pueblos enteros incluyendo gran parte del propio pueblo estadounidense.¡Honor a esa madre que vivió en poco tiempo el largo dolor de saber que su hijo siendo inocente fue condenado a dos cadenas perpetuas más veinticinco años de cárcel y no pudo en ningún momento tenerlo entre sus brazos para premiarlo con esos besos dulces, que reflejan la intensidad del amor maternal por el hijo que luchó buscando la felicidad y la paz de todos los seres humanos del planeta!



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Freddy Yépez


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