Mundalización de Honduras

La conquista y la colonización del continente denominado América son resultado del desarrollo del capitalismo mercantil, que rompiendo las estructuras feudales en todos los órdenes de la vida, no sólo amplió la visión del mundo conocido hasta entonces, sino que produjo la integración, en un proceso único, del desarrollo de la sociedad humana.

El feudalismo abarcó un largo período del desarrollo de la sociedad. En Europa occidental, donde alcanzó sus formas clásicas, pasó por tres etapas: la primera, conocida con el nombre de Alta Edad Media, se extendió desde el siglo V al siglo X; la segunda, la Edad Media propiamente dicha, comprende los siglos que van del XI al XV; y la tercera, la Baja Edad Media, desde fines del siglo XV hasta mediados del siglo XVI.

En el primero de estos períodos se produjo la fundación de la propiedad feudal y la gradual reducción a la servidumbre de los campesinos de las comunidades libres y de los antiguos esclavos y colonos; el segundo período corresponde al apogeo del feudalismo, y el tercero es el período de la desintegración feudal y de la gestación de las nuevas relaciones capitalistas.

En este último período se produjo una revolución en las fuerzas productivas, por ejemplo, se construyeron las bombas hidráulicas, los ascensores de minas, los hornos de fundición, las máquinas-herramientas simples para la elaboración del metal, el perfeccionamiento del molino de viento y de la rueda hidráulica; la invención de la rueca y de la imprenta; los progresos de las construcciones navales, etc.

Esta revolución de las fuerzas productivas entraron en conflicto con las relaciones feudales de producción, creando las premisas para la sustitución del feudalismo por un régimen económico social más progresista: el capitalismo.

De este nuevo sistema económico social, es decir, del capitalismo en su primera fase, surgieron las posibilidades materiales, sociales, y políticas de la conquista y colonización de nuestro continente americano, llamado a impulsar, mediante la estructuración del mercado mundial, el desarrollo capitalista en su etapa posterior, la del capitalismo industrial, base de la sociedad occidental de los tiempos modernos.

Solamente en estas condiciones permitieron ponerse en contacto el país de los maya-toltecas con el resto del mundo, por virtud de riguroso cumplimiento de las leyes históricas, fue posible lo que se llama la mundialización de Honduras.

Es decir, que esta entidad humana y territorial iba a salir de la comunidad primitiva para incorporarse al proceso único, universal, del desarrollo de la sociedad humana, no por voluntad propia, que estaba muy lejos de tenerla, sino por la fuerza inexorable de los procesos económicos, sociales y políticos que constituyen el verdadero motor de la historia, manifestados en esta ocasión en un devenir que conmovía a toda la raza humana.

La conquista y colonización de América significó para los pueblos de este continente la ruptura de su estado de desarrollo económico, social y político no sólo respecto a las naciones del Viejo Continente, sino también del existente entre ellos mismos, produciéndose el establecimientos de vínculos entre sí, aunque fuera por el penoso hecho de compartir la misma situación de sometimiento en relación con la dominación española.

Así el mundo todo, como consecuencia de ese proceso de advenimiento de un nuevo orden social, históricamente superior al feudalismo, se integró por vez primera, ensanchándose hasta los más lejanos confines y estableciendo entre los pueblos de los distintos continentes una relación universalizadora, ya presentida por el hombre en épocas remotas, pero que sólo el desarrollo del capitalismo vino a sentar las bases de su realización grandiosa.

La plataforma de tales cambios es fundamentalmente económica y, en esencia, es el proceso de formación del mercado mundial, dentro del cual los pueblos americanos vinieron a jugar un papel decisivo. Ese es el fenómeno histórico que nos permite hablar de la mundialización de América y, por tanto, de la mundialización de Honduras.

El impacto producido por la presencia europea en la realidad americana produjo cambios radicales en la estructura de la sociedad indígena, que transitaba en un estadio inferior del desarrollo social respecto a las naciones europeas. Una mezcla de relaciones primitivas –gentilicias, tribales- de relaciones esclavistas y feudales deformadas todas, pero con predominio absoluto de las segundas- caracterizó el nuevo orden económico-social establecido.

Ahora bien, al hablar de la sociedad primitiva de la Antigua Copán* y de los maya-toltecas**, decimos que su existencia data a algo así como 30 siglos antes de la era cristiana y algo así como 45 siglos hasta la conquista de América. Según lo dicho Honduras anda hoy como por los 50 siglos de existencia.

Otro aspecto a resaltar que conviene aclarar aquí es el del desarrollo desigual de la gran sociedad humana, en forma que mientras en unos lugares va adelante, marcando el ritmo de vanguardia, en otros muy numerosos, va a la zaga, adoptando los más variados matices.

Largo ha sido el camino recorrido por el hombre americano para llegar a ser lo que es, incorporado con características marcadamente definidas, al desenvolvimiento único, totalizador, de la sociedad humana. Proceso universal, complejo y contradictorio. Pero sometido siempre a leyes que, actuando a través de la actividad misma de los hombres, van configurando estadios muy definidos en las estructuras y relaciones sociales, determinantes de las distintas épocas históricas.

El desarrollo social, que cubre ya un recorrido de un millón de años, se ha operado en ciclos sucesivos: la sociedad primitiva, desde su arranque con el pitecantropo, pasando por el hombre Cro-Magnon, hasta el admirable griego de la rapsodia homérica; la sociedad esclavista con sus clases opuestas y sus instituciones absurdas; y la sociedad feudal con su patriciado enfermo de vicios y sus insurrecciones populares; con sus apósteles cristianos y sus invasiones bárbaras, con sus guerras de papas y emperadores y sus Cruzadas para liberar el Santo Sepulcro; con sus castillos señoriales y sus villas artesanas.

Ya para el siglo XIII el comercio internacional se había extendido por toda Europa occidental, llevando “un sedimento de prosperidad que permitió que la gente tuviera horas libres, y le fuera posible adquirir manuscritos y poder interesarse por la literatura, el arte y la música”. La actividad intelectual se desbordó por nuevos cauces, rompiendo los límites estrechos del teologismo medieval. La Edad Media estaba llegando a su fin.

Este era el acontecer de la parte más desarrollada del otro hemisferio. La estructura económica de la sociedad europea renovándose; la Iglesia paganizándose de la Acrópolis; los encendidos faroles del Renacimiento cultural y artístico; la gloria de la conquista y colonización de España; el inesperado genio de Cristóbal Colón; la empresa capitalista que dio a la humanidad el provecho de ignorado continente; la mundialización de estos océanos y de estos territorios y con ello la mundialización de Honduras.

En la historia, los acontecimientos tienen relación unos con otros. No hay hechos aislados, y se equivoca quien así los considere. El lejano Renacimiento de las repúblicas italianas tenía conexión, aunque pareciera increíble, con una nación en perspectiva, que al ser enlazada con la mundialización llevaría el nombre de Honduras.

Si no hubiera habido Renacimiento, desarrollo capitalista, investigación científica, Honduras no habría entrado a formar parte como unidad territorial en la ronda universal. Pero es necesario aclarar que lo que hay en el fondo del Renacimiento son nuevas fuerzas productivas (capitalistas) que entran en conflicto con las viejas relaciones de producción (feudales) porque requieren nuevas relaciones de producción (capitalistas).

En Florencia, en Génova, en Venecia, en 100 ciudades más de la Península itálica existía las nuevas fuerzas productivas que habían conquistado las nuevas relaciones de producción. Mientras tanto en España, en Francia, en Inglaterra, en los principados alemanes, en el resto de Europa en una palabra, existía la posibilidad próxima o lejana de que las nuevas fuerzas productivas se impusieran sobre las caducas relaciones de producción y las sustituyeran por las nuevas capitalistas.

Por tanto, en el Renacimiento se encontraba ya un nuevo hombre, dedicado a la producción de mercancías, dedicado al comercio terrestre y marítimo, interesado en el enriquecimiento, curioso de la ciencia por la utilidad que le prestaba en el negocio, impulsor de las invenciones por los beneficios que le acarreaban, partidario de las conquistas de territorios por las ganancias futuras que podrían añadirle y devoto del buen vivir, de la literatura, del arte, de la filosofía, los cuadros, los palacios, las tertulias y las bellas mujeres.

Ahora bien, como hemos aclarado el capitalismo mercantil trajo a América como plan conquistador la sustitución de la sociedad primitiva por una sociedad esclavista. Como resultado de aquel nos encontramos en presencia de Honduras en los cuadros del mundo.

EL PAPEL DE LAS TRANSNACIONALES EN CENTROAMÉRICA

Lo importante del proceso político en que aparte de hacer justicia a los centroamericanos, tras décadas de postergación, dictaduras militares retrógradas y todas las miserias socioeconómicas, es la necesidad de instrumentar urgentemente canales democráticos efectivos y de mayor justicia social, si no se quiere correr el riesgo de bloquear todas las salidas pacíficas a la crisis y de estimular una guerra civil destructiva, como la de Nicaragua, cuyas trágicas consecuencias pueden extenderse a otros países latinoamericanas.

En este contexto, uno de los argumentos que se repite de forma velada, o incluso expresamente, y que ha manejado a lo largo de la historia de Centroamérica en el siglo pasado y en el actual, tiende a identificar la explotación económica por parte de la inversión extranjera, especialmente la de los Estados Unidos –jamás la integración justa como lo plantea el ALBA- como la causa de los regímenes dictatoriales, contradicciones y tensiones sociales.

Entre las características propias de Centroamérica, destaco por su importancia el tejido social que subyace detrás de la ofensiva transnacional (clases sociales, grupos, castas militares e institucionales) y justifican su presencia. Pero también se redimensiona otro problema: que el peso específico de dicha inversión tropieza con barreras a su expansión por el reducido tamaño de un mercado interno (en cada país y a nivel de toda la zona), que a su vez está limitado por una polarizada distribución del ingreso que no permite ampliar más el capita transnacional en industrias de consumo y obliga a retomar viejas formas de explotación en nuevas condiciones históricas, como en el caso de los agronegocios destinados a la expansión de la demanda de alimentos en mercados de altos ingresos, como los Estados Unidos.

El papel de las transnacionales en Centroamérica obedece al proceso de internacionalización del capital, debido a la forma, el período histórico y las condiciones propias del espacio socioeconómico en que penetra, le imprime a los países de la región, a la vez que rasgos similares a los de otras economías latinoamericanas, modalidades propias de dominación del capital foráneo. Los aspectos básicos de esa concepción son los siguientes:

1. La categoría explicativa del crecimiento de las economías centroamericanas es la acumulación de capital.
2. El análisis económico de los modelos de internalización pasa necesariamente por el esquema institucional de los países centroamericanos y de ninguna manera se circunscribe a los elementos puramente económicos. Por eso la naturaleza del Estado y la caracterización de las clases sociales de las clases sociales, desempeñan un papel importante en las condiciones de penetración y funcionamiento de las empresas transnacionales en las economías locales.
3. Las relaciones económicas internacionales que se derivan del movimiento de mercancías y de capitales entre los distintos países de la región, están condicionadas por la presencia de las empresas transnacionales en economías oligopólicas dependientes, con graves desequilibrios intrarregionales y con Estados que desempeñan un papel decisivo en el proceso de acumulación de capital.

Como vemos, la penetración de la inversión extranjera en Centroamérica, se da a través de los tres modelos de internacionalización del capital, tuvo como principales objetivos los siguientes: a) el modelo sustitutivo encaminado a satisfacer una creciente demanda intrarregional de productos manufacturados que antes se lograba por medio de importaciones directas de los Estados Unidos; b) el modelo agroindustrial obedece a la estrategia trazada por los Estados Unidos y por ciertos organismos internacionales, en el sentido de especializar a los países centroamericanos como proveedores de alimentos y contribuir al control de las fuentes ejercido por las empresas transnacionales; c) el modelo de subcontratación industrial para la exportación o “maquila”, persigue explotar la fuerza de trabajo del trabajador de forma barata y abundante de los países centroamericanos en las llamadas “zonas francas”, que constituyen verdaderos paraísos fiscales para la inversión extranjera; y d) que a pesar de la presencia de los tres modelos de internacionalización, se verifica la continuidad del mismo modelo transnacional de dominación, es decir, el de la explotación de los recursos naturales y de la mano de obra barata, en Centroamérica.

Como conclusiones podemos decir que en términos generales, el patrón actual de acumulación se caracteriza por una barrera a la industrialización sustitutiva, básicamente por la estrechez de un mercado interno controlado de forma oligopólica por la empresas transnacionales y por una tendencia a lograr mayores tasas de acumulación en la producción de bienes de consumo para la exportación, fundamentalmente en la industria alimenticia.

Lo anterior se confirma, cuando observamos que la inversión en el sector agroindustrial ha estado dirigida a lograr una especialización capaz de competir en el mercado internacional de alimentos de origen agropecuario y marítimo. En ese sentido, se dotó al tradicional sector agropecuario de una base tecnológica intensiva en capital, por lo menos en ciertas fases de la producción como son las plantas procesadoras y empacadoras modernas, mecanización agrícola, infraestructura adecuada, costosos medios de transporte terrestre, marítimo y aéreo para la exportación de productos perecederos, etc.

El proceso de acumulación está ligado, por definición, a un proceso de concentración y centralización de capital preferentemente en aquellas ramas que constituyen el nervio vital de dicho proceso. A ello se agrega un conjunto de políticas proteccionistas, de exenciones arancelarias y de incentivos fiscales de los cuales disfrutan las instalaciones industriales extranjeras.

Finalmente, la transferencia de excedente es un mecanismo que sólo satisface los intereses de una parte del bloque dominante, es decir, a los aliados del capital extranjero, burguesías nacionales de Centroamérica y a las propias empresas transnacionales, aunque al hacerla el Estado entra en conflicto con otros segmentos del bloque de poder. Este proceso de lucha por el excedente (entre el capital foráneo y el sector agropecuario controlado por la oligarquía y burguesía tradicionales) se resolverá en cada país en función de la correlación de fuerzas existentes en el interior del bloque de poder y los demás sectores y clases sociales.




*En la zona de Petén, Yucatán, Guatemala y Honduras, se desarrolló la civilización Maya. Período de desarrollo (1500 a. J. C.). El imperio Maya tuvo como centro el Petén con las ciudades de Tinkal (centro comercial), Palenque (centro artístico) y Copán (centro científico y religioso).

**Los Toltecas y el Nuevo Imperio Maya. Importantes cambios se produjeron en América Central, después de declinar de Teotihuacán, en el siglo IX. El centro de civilización pasó a ser el pueblo de los Toltecas, actualmente extinto, que hablaba nahualt (familia lingüística a la que pertenecían los aztecas).


m.linares.benitez9@gmail.com


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