Los goriletis andan sueltos

¿Sucesión contitucional forzada?

“Cuando yo uso una palabra”, dijo Humpty Dumpty en un tono bastante desdeñoso, “significa lo que yo decido que significa – ni más, ni menos.” “La cuestión es”, dijo Alicia, “si usted puede hacer que las palabras signifiquen cosas tan diferentes.” “La cuestión es” dijo Humpty Dumpty, “quién es el amo, eso es todo.”

Lewis Carroll. Alicia a través del espejo.

¿Sucesión Constitucional Forzada? Así llaman los afectados por el síndrome del “delirium extremis” antichávez en Venezuela, a los acontecimientos de ruptura del hilo constitucional en Honduras. Ignoran obviamente que nada de esto existe en la Constitución, y que no hay renuncias forzadas ni inventadas. Tampoco militares que emergen de la providencia, interpretando a gusto las leyes, y sus efectos. Este espectáculo no es más que una simple contra-revolución preventiva, cuyo guión esta en el Pentágono, y dice: bloqueo de “revoluciones democráticas y pacíficas”. Ya basta que la soberanía popular ponga o quite. Ha llegado el tiempo del poder constituido diga adiós al poder constituyente.

El antagonismo extremo hacia Chávez, y los procesos de polarización generan algo más que el llamado (por Rigoberto Lanz), “síndrome de la realidad invertida” (de la “perspectiva invertida”, he acotado por mi parte). Este algo más es propio de comunicaciones políticas claramente distorsionadas, de fenómenos patológicos de grupo. Anthony Wilden en su conocido texto “Sistema y estructura. Ensayos sobre comunicación e intercambio” enfatizaba que la ideología dominante del capitalismo, al sobredimensionar las relaciones de oposición entre “humanidad” y la “naturaleza”, y entre los miembros de las comunidades humanas, sustituía un valor de supervivencia de corto plazo (la competición) por un valor de supervivencia a largo plazo (la cooperación). La “información” tiene un valor de supervivencia, la “desinformación”, un valor de entropía, desorganización y muerte.

Anclas y empresas de difusión masiva están a la carga: desinformen ¿Gorilas mediáticos? Parece que en Venezuela están sueltos hace ya mucho rato. Exaltan la barbarie golpista, entrelineas como siempre: “restablecimiento del orden constitucional”, “vacio de poder” o “sucesión constitucional forzada” ¡Simples eufemismos! Por puro fanatismo y capricho antichavista, por supuesto. Se trata de una estupidez con parámetros claramente definidos: si se asocia positivamente a Chávez es malo, muy malo-malo. Si se asocia negativamente a Chávez es bueno, muy bueno-bueno. Lamentablemente, gente que se dice muy inteligente, caen en este estado. Un mundo empobrecido, sin matices ni profundidad, de ataque-defensa. Todo esto nos lleva a una conclusión: estamos ante climas de opinión prebélicos. No nos quejemos al tener que recoger los vidrios rotos de un país en guerra civil.

El Sociólogo Jesús Ibáñez enseñaba que la información, en la acepción más usual del término, no es algo que nos permita meramente elegir entre opciones ya predefinidas. En un sentido más profundo, nos permite constituir tales opciones, construir las alternativas. ¿Qué opciones estamos construyendo día a día, cotidianamente, en nuestras “guerras de información”? En sentido de la pragmática de la comunicación, considero indispensable sustituir los espacios de opinión homogeneizados por la línea política editorial de los Amos oficiales o privados, por paneles plurales, heterogéneos, con gente que piense y opine distinto, que logre respetarse, tolerarse, reconocerse, sobre todo que humanice al adversario político. ¿Ingenuidad? Tal vez.

La dictadura mediática de un lado no se combate con la dictadura mediática del otro. Eso no es hegemonía democrática en el terreno de la comunicación-cultura. Esto es hegemonía autoritaria de ambos lados. Clausewitz sabía lo que significaba “del ascenso hacia los extremos”. Y usted, ¿Lo sabe?

El golpe de Estado en Honduras puede ser un pretexto para enderezarnos, o para curvar aún más las contradicciones. El asunto es si la oposición democrática a Chávez, y las fuerzas socialistas realmente democráticas en el campo del chavismo comparten reglas mínimas comunes principios, valores y procedimientos que definan un terreno común para la política. Lo otro es guerra. No son cuestiones semánticas menores, lo enseña la actual experiencia Hondureña.

La violencia contra la Constitución en Honduras muestra la caverna que amenaza las frágiles culturas democráticas. Hay tanto revolucionarios “puros” como nostálgicos del 11 de abril que desconocen el ABC de un terreno mínimo para la democracia. Wilden nos enseña: “Quienquiera que defina el código o el contexto, tiene el control (…) y todas las respuestas que acepten ese contexto renuncian a la posibilidad de redefinirlo.” Algunos quieren ser Amos absolutos, para controlar códigos y contextos, imposibilidad de redefiniciones. ¡Cuidado con los que nos hablan de “pureza moral e intelectual” en el debate revolucionario y político! No quieren que pensemos con cabeza propia.

Luego de la actitud del Congreso Hondureño, hay que poner las barbas en remojo para el 2010 en Venezuela. La AN será convertida en caja de resonancia de la estrategia del Pentágono, a pesar de la proyección de una línea blanda de la Casa Blanca. Quien quiera oír que oiga, quien quiera ver que vea. No son casuales los tímidos rechazos al golpe en sectores de la oposición, y las defensas al mismo en los aparatos mediáticos. El test democrático hacia todo el espectro político e ideológico en América Latina y el Caribe ya ha comenzado. La contra-revolución preventiva hace tiempo que comenzó.

Dicta la Constitución de Honduras (art.2): “La suplantación de la soberanía popular y la usurpación de los poderes constituidos se tipifican como delitos de traición a la patria”. También dice (art 3): “Nadie debe obediencia a un gobierno usurpador ni a quienes asuman funciones o empleos públicos por la fuerza de las armas o usando medios o procedimientos que quebranten o desconozcan lo que esta Constitución y las leyes establecen. Los actos verificados por tales autoridades son nulos. El pueblo tiene derecho a recurrir a la insurrección en defensa del orden constitucional”. El numeral 12 del artículo 205 dicta entre las atribuciones del Congreso hondureño, admitir o no la renuncia del Presidente. Faltaría decir: “la cual aceptó…” Pobre oposición venezolana. Cuidado entonces, los Goriletis andan sueltos.

jbiardeau@gmail.com


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Javier Biardeau R

Articulista de Opinión. Promotor del Pensamiento Crítico Socialista. Profesor de Estudios Latinoamericanos-Sociología UCV.

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