Magnicidio a punta de polvo

Las campañas electorales en Estados Unidos resultan muy menesterosas de ideas, pero cuajadas de burda de muna. Hasta los artistas con su música, o con cualquiera otra gracia personal que los distinga, se involucran en ellas para tratar de inclinar la balanza a favor de uno u otro candidato, que, en el fondo, son la misma miasma.

Y sabido es, que el sexo resulta un tema apasionante incluso en la pedagogía, dado que se ven rumbosas profesoras, a lo largo y ancho de este mundo ajeno, que además de enseñar su asignatura propiamente dicha, también enseñan sexo a sus alumnos… (¡Tanto en teoría, como en la práctica, señoras y señores!) Así se está viendo… ¡Y vaya con qué asiduidad!; pretendiéndose clarificar, a la vez, que el hecho de estar casadas -las preceptoras-, no se convierte para nada en obstáculo. Y casi todas rondan los 30 años de edad. ¡Bendiitoo! Y tanto que llegué a enamorarme, solo, de algunas de las que tuve. Llegué al extremo de amarlas, en completo silencio, pero con pasión caótica… Y lo peor es que ellas lo han ignorado. ¡Qué pena!

Pero apartando la resultona mezcolanza de cosas (creo que las que forja Manuel Caballero incluso son más enrevesadas y absurdas) se ha presentado un hecho revelador. Y no es otro que, la otoñal vedette cubanovenegringa, María Conchita Alonso, acaba de avisar su apoyo al viejito MacCain, lo cual pudiera significar una revitalización de su frágil apariencia física. Y mental, aún más.

Con su lógico razonamiento de pecadora impenitente, ha dicho que: "necesitamos un líder que puede propiciar el tipo acertado de cambios, y John McCain cuenta con la experiencia y el criterio necesarios para gobernarnos durante estos momentos de incertidumbre".

Pues nótese, cómo el “gusanismo” que la posee, y el polvo, han hecho manifiesto estrago en las neuronas de esta “piernas lindas”, que recuerdo con fijeza casi obsesiva: eran rosadas, torneadas y jugosas, como las de las bailarinas del Bolshoi. ¡Ah malaya de lo que me he perdido en esta vida, por no haber estado en el lugar correcto, y en el momento oportuno, o al revés!

Y luego de darme una bofetada como reprimenda, continúo.

Debo sospechar –y me cabe-, que ante semejante declaración de amor ideológico, el viejito MacCain se dispondrá cobrar… ¡Ah, pues, anótenlo! Recordemos que los fascistas irrecuperables gustan de cobrar hasta con los presuntos éxitos. Valga el ejemplo de la ‘piro-piro,’ que aspiraba cobrar completo, si ganaba la presidencia, y así lo voceaba a los cuatro vientos. Y lo peor es que siempre ha estado cobrando, la muy zángana, como lo dicen las grabaciones mollejúas que han salido a la arena delictiva, para provocar sólo náuseas y prevención definitiva en la gente decente de este país.

Pero decía, que el viejito MacCain -que en cuanto a polvo debe ser también veterano por su experiencia en Vietnam- querrá cobrar. Y la verdad es que no creo que a su edad aguante un apretón fuerte en la tabla del pescuezo, producto de la garra de la fogosa María Conchita, bajo culmen, sin correr el riesgo de caer fulminado por el disloque de una o varias sus cervicales, probablemente muy osteoporóticas ya.

Pudiera terminar todo, entonces, en un curioso magnicidio, insisto, pero normal, por tratarse de ellos en lo estrictamente particular: trátase, como se sabe, de dos grandes amantes del polvo.


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Raúl Betancourt López


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