Gaza: el fin de la humanidad

Apareció en el cielo una gran señal: una mujer envuelta en el sol como en un vestido, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas en la cabeza. La mujer estaba encinta, y gritaba por los dolores del parto, por el sufrimiento de dar a luz

Apocalipsis 12:1

Un tirano desnudo recorre al mundo y todos exclaman al verlo: ¡qué finas ropas lleva nuestro Rey! Se nos sirve algo que huele muy mal, de muy mal aspecto, de pésimo olor, y fingimos comer rosas. Un tsunami se acerca y seguimos tomando el sol. Apareció una mujer vestida de sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas, pero nadie la ve.

Noviembre 2023. Campo de Refugiados de Jabalia, Gaza. En la mira del fúsil Remington se ve el rostro cansado de una mujer, camina lentamente por la calle rodeada de escombros, lleva un bebé en brazos. ¡DISPARO!, ¡on target! La mujer cae inerme. El francotirador, satisfecho, espera (la cacería no ha terminado, alguien querrá salvar al bebé que llora en el suelo). Se acerca un muchacho, intenta llegar a rastras hasta el niño, sabe lo que puede pasar. ¡DISPARO! El muchacho ya no se mueve. ¡DISPARO! El bebé ya no llora. El francotirador marca tres rayas más en su record.

Tal al-Hawa, ciudad de Gaza, enero 2024. Por la pantalla del Thermal Viewer del tanque se ve el interior del auto. Solo sobrevivieron una adolescente de 15 años y una niña de 5 a las primeras ráfagas. La muchacha (Layan) tiene un teléfono móvil y llama a la Media Luna Roja: « ¡Nos están disparando, el tanque está a mi lado! ». ¡RÁFAGA!, 64 disparos en 6 segundos, silencio, El cuerpo de Layan es un manantial de sangre. La niña, Hind, aterrorizada, toma el teléfono: «Tengo mucho miedo, por favor, vengan». La operadora de la Media Luna le promete que pronto irán por ella, con suma dulzura la consuela, trata de distraerla, mantiene la línea abierta, conversa con ella, oran. Pasan las horas mientras la Media Luna Roja trata desesperadamente de conseguir autorización de las fuerzas de ocupación para enviar una ambulancia. Hind sigue en el auto con los seis cadáveres de sus tíos y primos ─la familia trataba de huir de los bombardeos de las fuerzas de ocupación─. La niña insiste una y otra vez: «Vengan a buscarme. ¿Vendrán a buscarme? Está oscuro». La Media Luna Roja finalmente consigue la autorización, informa a los mandos militares israelíes los datos de la ambulancia, los nombres de los paramédicos y sus números de identificación. En respuesta, reciben un mapa y una ruta segura para la ambulancia. Entre tanto, el tanque se acerca más al auto. Los tripulantes del tanque saben que la niña está viva, la pueden ver, seguramente ya les notificaron que la rescataría una ambulancia de la Media Luna Roja. Los militares conversan, quizás les divierta la situación. ¡RÁFAGA! La vocecita de la niña se apaga, ya no le responde a la operadora... La ambulancia, visiblemente identificada con las insignias de la Media Luna Roja, llega al lugar. Los paramédicos informan de su llegada. ¡EXPLOSIÓN! Ahora, los paramédicos tampoco responden… Luego de 12 días de trámites, las fuerzas de ocupación permiten el paso a la zona. De la ambulancia sólo queda un amasijo de hierros y dos cadáveres calcinados. El auto destrozado tiene 336 perforaciones de bala, en el interior hay siete cadáveres con impactos de bala, Hind Rajab, de seis años, es uno de ellos; HIND RAJAB DE SEIS AÑOS. HIND RAJAB…

Actos abominables cometidos un número incontable de veces, todos los días durante casi dos años continuos, y siguen… En la Franja de Gaza se ha llegado al destino. Allí termina el camino de la humanidad.

Los diccionarios otorgan dos acepciones principales a la palabra humanidad: como la totalidad de los seres humanos (la especie humana) y como cualidad o estado del ser humano: compasión, humanitarismo, piedad, misericordia, filantropía, consideración, benevolencia, caridad, bondad, sensibilidad, amor, altruismo, afabilidad. Los antónimos: inhumanidad, crueldad, brutalidad, barbarie…

El fin de la humanidad como «genero»: Con el genocidio en Gaza se extinguió la humanidad entendida como el conjunto que incluye a todos los seres humanos. Si ese conjunto existiera, deberíamos aceptar que en Gaza vive una especie no humana y nociva, porque no los tratamos como humanos, sino como plaga. Una plaga que se elimina de manera masiva, organizada y sistemática, con especial cuidado de no dejar vivas a las crías y a las hembras con capacidad reproductiva. Israel fue la entidad «elegida» para el exterminio, poderosamente armada, constitutivamente formada para el odio y el racismo, con largo historial en la faena asesina. Sus métodos de destrucción ─prolongados, crueles y sádicos─ han funcionado con toda precisión. Los cuerpos de los habitantes de Gaza ─famélicos, destrozados, incinerados y aplastados─ son la evidencia de experimentos militares exitosos. Las almas de los palestinos muestran los efectos de las estrategias de deshumanización a pesar de la resistencia enorme de ese pueblo tan humano, tan esencialmente humano. Toda la maquinaria del poder se ha puesto a prueba en estos dos millones de personas: Las empresas (inversiones y ganancias), la tecnología bélica, la inteligencia artificial, el control de los medios de información, el poder represivo del Estado. Mañana, en otro lugar de la tierra, con gente herrada como «plaga», los dueños del mundo harán lo mismo. El hegemón del terror ha demostrado que no existe la humanidad como totalidad de seres humanos, sino que ellos definen quiénes son humanos y quiénes no.

«No. Esto no es un conflicto. Es vivisección. Y la humanidad, esta especie que se atreve a hablar de belleza y eternidad, observa. Racionaliza. Sigue adelante.» Ezzideen Shehab

El fin de la humanidad como «cualidad»: La Franja de Gaza es un campo de batalla entre la inhumanidad y la humanidad, ésta última entendida en su segunda acepción: como condición o conjunto de cualidades relacionales positivas, las que propenden a la felicidad común y a una vida en la que todos puedan alcanzar su plenitud. En ese pedazo de tierra frente al mar, los mártires caídos no sólo son los miles de niños, mujeres y hombres palestinos, allí también perecieron la compasión, la piedad, la misericordia, la filantropía, la consideración, la benevolencia, la caridad, la bondad, la sensibilidad, el amor, el altruismo, la afabilidad y…la justicia.

En tierra palestina, los grandes poderes han demostrado que pueden encerrar a dos millones de seres para masacrarlos, que pueden asesinar de mil maneras a los niños y mujeres que marcaron para el sacrificio; que pueden capturar y torturar a cualquiera; que pueden destruir de raíz los medios de vida de toda una población: hospitales, escuelas, tierras de cultivo, fuentes de agua, tiendas de refugiados; que pueden atacar organizaciones internacionales y prohibir el mar, prohibir el agua, prohibir el alimento; que pueden matar a todos de sed, de hambre, de desamparo; sin escrúpulos, sin misericordia, impunemente, burlonamente, porque son los emperadores del mundo, porque su poder de muerte es la verdadera Ley, la que escriben con la sangre de los corderos de Dios que son los pecados del mundo.

«No hay ilusión más obscena, más grotesca, que la creencia de que el hombre es la cima de la creación. Si lleva una corona, está hecha de escombros y adornada con dientes arrancados de bocas de niños […] El hombre no es lo que se imagina. No es portador de justicia ni criatura de verdad. Es, en su forma más auténtica y definitiva, el más refinado creador de sufrimiento que jamás haya pisado la Tierra.» Ezzideen Shehab

En Gaza, el ideal de humanidad fue revocado, o más bien, se develó su vacuidad, su condición de «sombra de Hiroshima». De nada sirvieron los testimonios del horror que nos enviaron las víctimas, o los gestos solidarios de unos cuantos idealistas que trataron de detener a los asesinos. Ya lo sabemos con certeza, los valores humanos signados por la empatía no son universalmente aplicables y por lo tanto no existe tal cosa como «la humanidad». Esos valores sólo cuentan para el ínfimo círculo de familiares y amigos, y a veces, según la propaganda oficial, para la gente de piel blanca que habita ciertos países en el occidente del hemisferio norte.

Sin embargo, a pesar de la horrenda derrota sufrida, la devastada Gaza sigue siendo el campo de batalla entre la humanidad y la barbarie. Los gazatíes mantienen vivas las grandes cualidades humanas (la «humanidad»): solidaridad, heroísmo, resiliencia, compasión, valentía, inventiva, creatividad, amor, arte, poesía, precisamente cuando son tratados como una plaga y no como humanos; en tanto que en el bando opuesto están los poderosos verdugos con su barbarie ─y acaso nosotros mismos por nuestras omisiones─ encarnando la cara demoníaca de la esencia humana, lo inhumano que no es pura animalidad, sino algo peor. ¿Son los palestinos, y todos esos quijotes que combaten por ellos en el mundo, el último reducto del ideal de «humanidad»?

En Gaza apareció una mujer vestida de sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas, pero nadie la ve.

 

Pediatra

Venezuela, agosto 2025



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