Los siete obstáculos para fundar un Estado Palestino

Para que haya un Estado Palestino (el israelí ya existe), deben estar conformes:

El Consejo de Seguridad e la ONU (que lo está).

Las principales potencias de Oriente Próximo: Turquía y Arabia Saudí apoyan la Solución de 2 Estados (S2E), mientras la teocracia judía de Israel y la chiita de Irán son los dos únicos miembros de la ONU que se oponen a este proyecto. Ambas han invertido ingentes recursos para dividir las filas de los partidos palestinos, y debilitar a la histórica Organización de Liberación Palestina (OLP) en favor de sus propias agendas políticas. El periódico francés Libération informó en 2018 que Israel entregó a Hamas 1.300 millones de dólares entre 2012 y 2022 enviados por Qatar, país que alberga la sede política del grupo palestino y residencia de su dirigente Ismail Haniyeh (además de albergar una megabase de EEUU con 8.000 efectivos). Hamas también ha recibido millones de dólares de los ayatolás de Irán. «La aniquilación de Hamas» proclamada por Benjamín Netanyahu, líder del partido Likud, en realidad, ha sido el santo y seña de la aniquilación de los palestinos. Su objetivo es proseguir con el proyecto del Gran Israel, que acabaría con millones de personas de la tierra judía de la Torá. Por su parte, el propósito del ayatolá Jamenei de lanzar la consigna «del río al mar» (ewn referencia a las tierras situadas entre el Jordán y el Mediterráneo, o sea, Israel, Gaza y Cisjordania), y adoptada por Hamas, es «borrar a Israel del mapa», y «devolver la mezquita de Al Aqsa a los musulmanes». ¡Vale! Y ¿Qué hacer con los 9 millones de israelíes? «Nuestra intención no es echarlos al mar. Eso lo decidirán los palestinos», dijo Jamenei, en un intento de desligarse de las acciones de Hamas, después de que EEUU enviara el portaviones Dwight D. Eisenhower al Golfo Pérsico, y el Gerald R. Ford a las costas de Israel. Es obvio que el próximo gobierno de Tel Aviv, aun sin Netanyahu, no va a renunciar a la naturaleza etnonacionalista de carácter colonial del estado fundado sobre las palabras del Dios. Y el Gobierno de Alá de Irán tampoco podrá deshacerse del supremacismo islámico-chiita inherente en sus genes. Sin un cambio fundacional en el sistema político de ambos estados, no habrá ni paz en la región ni un Estado Palestino. Los halcones de EEUU, Israel e Irán, implicados en la actual guerra, han saboteado cualquier proceso de paz en la zona, y no solo entre Israel y Palestina, sino también entre Irán, Arabia Saudí y EEUU.

Los partidos políticos palestinos. La S2E fue la propuesta del líder del Frente Democrático de Liberación Palestina, el comunista Nayif Hawatmeh, tras la guerra de 1967 (a pesar del apoyo de la Unión Soviética y China, los países árabes fueron derrotados por Israel-EEUU). Al principio de los ochenta, la masacre de Sabra y Chatila, como parte del plan israelí para hacerse con el control del Líbano, fue un gran revés para la Organización para la Liberación Palestina (OLP), que además fue hostigada porSiria y la extrema derecha sunnita y chiita libanesa; tanto que en 1985 la organización tuvo que instalarse en Túnez. La promesa de su líder Yaser Arafat en 1997, de que anunciaría un Estado palestino en el plazo de dos años se quedó en nada. Los Acuerdos de Oslo (1993), firmados por el primer ministro israelí Yitzhak Rabin y Arafat, llevaba el sello de la derrota de los palestinos, después de varios reveses: la desaparición de la Unión Soviética, el principal respaldo de la causa palestina; la guerra liderada por EEUU contra Irak en 1991 (otra nación víctima del fin de la URSS), y luego también contra Siria y Libia, los tres principales estados semi laicos árabes que apoyaban a la OLP; la islamización de la lucha Palestina con el surgimiento de organizaciones como Hamas, que buscan el fin de Israel para instalar un Estado Islámico en las tierras sagradas. La afirmación del líder de Hamás, Khaled Meshaal de que aceptaría un Estado Palestino dentro de las fronteras de 1967, sin reconocer la condición de Estado de Israel, es jugar con la confusión: Hamas depende de los jeques árabes que buscan una normalización de relaciones con Israel, y también de los ayatolás apocalípticos.

Aun sin Likud y Hamas como protagonista del escenario, los siguientes factores impiden la instalación de un Estado Palestino:

A pesar de las concesiones unilaterales palestinas en los Acuerdos de Olso a Israel, Rabin fue asesinado por el terrorista judío Yigal Amir, y Arafat atacado por los islamistas; su defensa a Sadam Husein (odiado por los ayatolás de Irán y también por los jeques árabes), durante la guerra del 1991, no sólo significó la privación de la OPL de los fondos que recibía de los saudíes, sino que desató una competición entre Teherán y Riad para potenciar a las organizaciones islámicas, convirtiéndoles en los protagonistas absolutas del escenario palestino. Hoy la situación es mucho menos favorable a las demandas nacionalistas palestinas que en 1993.

El papel de la extremaderecha abrahámica judía e islámica (tanto sunnita como chiita) pone el último clavo al ataúd a las aspiraciones de paz y convivencia entre ambos pueblos. El objetivo de Hamas (Movimiento de Resistencia Islámica) es la «liberación» de la mezquita de Al Aqsa, que es el nombre de su operación de 7 de noviembre contra Israel. En Israel la señal de la consolidación de este proceso salió a la luz en 1994, cuando el sionista Baruch Goldstein asesinó a 29 musulmanes y dejó malheridos a otros 125 cuando oraban en la Tumba de los Patriarcas en Hebrón, provocando además los primeros ataques suicidas de Hamas contra civiles judíos.

Las dos sociedades, palestina e israelí, han girado radicalmente a la derecha: Hoy, de los 56 diputados del partido Laborista y los socialdemócratas Meretz que había en 1992 quedan solo cuatro, y en el lado palestino, el discurso populista de Hamas, basado en emociones y fe, impide una posición racional. Salvo un sector minoritario de la izquierda israelí que sigue defendiendo la autodeterminación del pueblo palestino, el resto se divide entre los que ignoran a esos «infrahumanos», y los que apoyan su eliminación gradual o por una «Operación quirúrgica», la Nakba2, para que se vayan, ¿A dónde? ¡Eso no es su problema!

La independencia de un futuro Estado Palestino es cuestionable desde hoy. ¿Sobrevivirá al choque de intereses de sus patrocinadores, los ejes de Arabia Saudí- EAU, Qatar- Turquía, y EEUU-Israel e Irán? Las ruinas de 12 años de la guerra contra Siria, sus millones víctimas, son testigos de tal pulso.

Palestina: ¿un estado sin serlo?

Para ser un Estado, Palestina debe tener:

Una población permanente (que tiene).

Un territorio delimitado, que incluya Gaza, Cisjordania con Jerusalén Oriental, como capital, según el consenso internacional. Pero, por el sabotaje preventivo de Israel, Cisjordania está desconectada físicamente de Gaza, con unos 750.000 colonos además (y con derecho a matar a los palestinos) que se han apoderado de las tierras cultivas y de los recursos acuíferos palestinos, protegidos por un muro de 721 kilómetros. Luego, el 60% de Cisjordania (dividida en 68 guetos) es zona C bajo la ocupación militar israelí, un centenar de puestos de control y 505 obstrucciones para impedir la libre circulación de los palestinos ¿Serán reubicados estos colonos en Israel? Y los cerca de 1,8 millones de árabes israelíes, ¿serán expulsados a Palestina? ¿Se eliminará el muro en el Estado Palestino? No crean que el desalojo de 8.000 colonos de Gaza en 2005 (y sin un acuerdo con la Autoridad Palestina) fue por la buena voluntad de Tel Aviv: Pretendía entregar el poder a Hamas para poder ir a por la OLP en Cisjordania, a quien realmente temía Israel. Pues, el panislamismo, del mismo modo que distorsiona el origen del Nakba (la expulsión de los palestinos de sus tierras)nofrece un no-camino hacia la liberación nacional. Al trasladar su capital de Tel Aviv a Jerusalén (con el apoyo de Donald Trump quien llevó la Embajada de EEUU a la «ciudad Sagrada», y que Biden se ha negado a revertir), Palestina se queda sin su capital, salvo que acepte instalarse en la aldea de Abu Dis, en Jerusalén, como proponía Israel antes del 7 de noviembre, como su no-intención de que haya un Estado Palestino.

Un ejército. Si desde hace décadas, Israel ataca Estados soberanos como Irak, Líbano, Siria, Irán, y sus instalaciones militares, ¿Aceptaría que Palestina tenga fuerzas armadas?

Capacidad de soberanía nacional: ¿Dejaría Israel que Palestina explote el gas del Mediterráneo y tener control sobre sus recursos acuíferos? El capitalismo desarrollado israelí, para su imparable expansión, necesita materias primas, y nuevos mercados, y no piensa conseguirlos desde la cooperación, sino mediante el expolio y guerras, como manda la naturaleza de este sistema político.

En el mejor de los casos, el Estado Palestino, que no estaría basado en las fronteras de 1967, tendrá unos símbolos de soberanía (bandera, escudo, himno y parlamento) y será una especie de bantustán a lo sudafricano de Apartheid, bajo el dominio de Israel: un Estado fallido antes de nacer.

En 2020, Donald Trump y Benjamín Netanyahu firmaron un acuerdo para dar la Solución Final a la causa palestina.

Y ¿Un estado binacional federal?

En esta solución pensaba el intelectual palestino Edward Said. Sin embargo, para fundar un estado binacional, además de ser laico y democrático (pues, las religiones abrahámicas discriminan a las personas por su origen, ideología, sexo, recursos y credo), también debe basarse en el equilibrio entre ambos en cuanto al poder económico, para no subyugar al otro, algo que un enfoque nacionalista prefiere no tratar.

El dictamen del Tribunal Superior de Israel, en 1970, de que «no existe una nación israelí separada de la nación judía», borra los preceptos fundamentales de la Declaración de Independencia en 1948, en la que Israel prometía garantizar la «completa igualdad de derechos sociales y políticos para todos sus habitantes independientemente de su religión, raza o sexo». El escándalo de esterilización forzosa de las migrantes procedentes de Etiopía, y la discriminación de las mujeres judías por el propio estado judío son las muestras más visibles de que Israel no puede convertirse en una estructura de poder progresistas y democrática.

Para cualquier «alternativa», la Autoridad Palestina debería haber creado puentes con el pueblo israelí, que en su mayoría es perjudicado por unos gobiernos que ignoran sus derechos (lo mostraron en sus histórica protestas de los sábados contra un Netanyahu tramposo y corrupto, además de ser un peligroso pirómano en la política exterior). Las preocupaciones de los trabajadores israelíes, en cuanto al empleo, vivienda, pobreza, corrupción, etc. son las mismas que cualquier otro pueblo de la zona. En Jerusalén, el 81% de los niños palestinos y el 36% de los niños judíos viven por debajo del umbral de pobreza (2019), según la Asociación por los derechos civiles de Israel. Uno de cada tres niños en Israel vive en pobreza, formando parte de los 2,6 millones de los habitantes del pequeño país que duerme con el estómago vacío, a pesar de que el país tuvo un crecimiento económico de 8% (2021).

Aun así, el principal obstáculo ante ambas soluciones es el poderoso lobby israelí en Europa y EEUU, y los numerosos motivos del apoyo incondicional de Washington a Israel.

«Análisis concreto de la situación concreta»: estamos ante un cambio cualitativo de la correlación de fuerzas (en perjuicio de las fuerzas progresistas), y una nueva fase de la estrategia de Israel en apoderarse de Gaza, lo cual requiere un cambio radical en los planteamientos políticos, tácticos y estratégicos. La ausencia de una izquierda poderosa, con visión objetiva de la situación regional y mundial, agravada por una atmósfera enturbiada por emociones exaltadas, bloquean la necesaria reflexión para elaborar soluciones viables que palíen el inmenso sufrimiento del pueblo palestino. Los partidos progresistas palestinos deben crear lazos con la lucha de los pueblos de la región en contra de los regímenes reaccionarios, que -como hoy se les ha visto el plumero-, han dejado solos a los palestinos, sacrificándolos ante sus infames intereses.

Es imposible la liberación palestina del yugo del colonialismo israelí y el imperialismo de EEUU, sin una sincera alianza con la lucha unitaria de las naciones de Oriente Próximo por la democracia y la libertad, al menos que, al igual que Israel, niegue la lógica de los vasos comunicantes.

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*Nazanín Armanian es iraní, residente en Barcelona desde 1983, fecha en la que se exilió de su país. Licenciada en Ciencias Políticas. Imparte clases en los cursos on-line de la Universidad de Barcelona. Columnista del diario español on-line Público. Fuente: http://www.nazanin.es/- Público.es.



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