De alto interés, los días de impunidad del tío Sam finalmente terminaron

Traducción desde el inglés por Sergio R. Anacona

Strategic Culture Foundation 

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*/El edificio del poderío imperial norteamericano nunca había sido cuestionado en sus basamentos. Ahora sí./*

Rusia y China han resuelto llevar a los perpetradores norteamericanos del sabotaje al Nord Stream a rendir cuentas. Los días del Tío Sam –en realidad décadas—de violenta criminalidad en realidad han terminado. Tendrá mucho que pagar en cuanto la tiranía imperialista de Washington choque con el muro de la realidad.

Varias semanas han transcurrido en las que Estados Unidos y sus lacayos occidentales han estado obstruyendo en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas retorciéndose y resistiendo los llamados de Moscú y Beiyín para una investigación criminal internacional del sabotaje en el Mar Báltico de los gasoductos que fueron volados el mes de septiembre pasado.

Un grupo de observadores independientes tales como el profesor de economía norteamericano, Jeffrey Sachs y el ex analista de la CIA, Ray McGovern, han coincidido con el informe investigativo publicado el día ocho de febrero por el reconocido periodista, Seymour Hersch que señala que el presidente Joe Biden y sus altos asesores de la Casa Blanca ordenaron al Pentágono destruir el Nord Stream de gas natural que está situado a lo largo del lecho del Mar Báltico desde Rusia hasta Alemania.

Rusia y China son inflexibles acerca de no permitir que este grave caso sea ignorado. Ellos quieren una investigación adecuada, establecer responsabilidades internacionales y un juicio criminal. Moscú y Beiyín tienen plena razón en insistir en esto. La presunción de impunidad de Washington y sus aliados occidentales se ha prolongado por demasiadas décadas. Aquí el dólar se detiene y tanto Rusia como China son lo suficientemente fuertes para asegurar que Estados Unidos no pueda amenazar, chantajear y retorcer brazos para eludir la investigación.

El proyecto Nord Stream es una gigantesca obra de infraestructura civil internacional que tuvo un costo de más de 20 mil millones de dólares en su construcción que tomó más de una década. Con una longitud de más de 1.200 kilómetros bajo el Mar Báltico. Se trata de una impresionante hazaña de ingeniería que simboliza el beneficio mutuo, la buena vecindad y el comercio cooperativo.

Para Estados Unidos volar este gasoducto con el propósito de expulsar a Rusia del mercado energético europeo y forzar el suministro de su propio gas y más caro, constituye un impactante acto de terrorismo de estado y de criminalidad. Potencialmente también constituye un acto de guerra en contra de Rusia y un insensible sabotaje contra sus supuestos aliados europeos cuyos ciudadanos ahora están experimentando miseria económica debido al alza en los precios de los combustibles. Los trabajadores alemanes esta semana han paralizado toda la economía a través de protestas industriales, colapso de negocios e insoportable costo de la vida.

Por supuesto que el sabotaje del Nord Stream es un asunto urgente de justicia elemental y responsabilidades por un delito atroz como también de masivas reparaciones financieras internacionales. Resulta casi risible como el auto proclamado protagonismo norteamericano "orden mundial basado en la ley" está desesperadamente dejando las cosas para más tarde sobre un notorio incidente de perjuicio y caos.

Pero más que la esencial obligación de justicia es el legado de impunidad. Que los perpetradores de ese violento acto terrorista no rindan cuentas sienta un peligroso precedente. De otra manera ¿qué detendría a terroristas estatales para no cometer actos de sabotaje igualmente descarados y de belicismo? El mero concepto de derecho internacional y la Carta de las Naciones Unidas resultan demolidos, no solamente socavados.

El incidente del Nord Stream potencialmente abre una era de desenfrenada ilegalidad y bandidaje estatal –de parte de una superpotencia nuclear—Estados Unidos –que emplea secuaces occidentales como encubrimiento. Los medios de prensa occidentales en su desgano por investigar también están expuestos a ser meros canales de propaganda al servicio de los amos imperiales.

El presente nos recuerda los años de la década del 30 durante el expansionismo del fascismo de parte de la Alemania nazi y otras naciones imperialistas, incluyendo a Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Italia, España, Japón y otros.

La Alemania Nazi no fue el único culpable durante los primeros tiempos de la barbarie, sin embargo, el revisionismo histórico occidental oficial se auto absuelve.

Luego de la Segunda Guerra Mundial en medio de las cenizas de la destrucción y alrededor de ochenta y cinco (85) millones de muertos, las Naciones Unidas y su Carta fueron fundadas ostensiblemente para entronizar estrictamente que no habría una repetición de las ilegalidades y terrorismo estatal al estilo de los años 30.

Esa elevada aspiración fue siempre una patética ilusión. Las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial no presenciaron ningún alto al belicismo imperialista y los subterfugios fueron llevados a cabo principalmente por Estados Unidos y sus aliados occidentales. Qué mofa resultó que a Estados Unidos y Gran Bretaña se les otorgara el status de miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU dado que estas dos delincuenciales potencias han sido notoriamente responsables de las incontables guerras posteriores a 1945.

Las guerras que duraron décadas en Vietnam, Irak, Afganistán son los crímenes más destacados de la "relación especial" anglo-norteamericana.

Durante las décadas de la Guerra Fría la Unión Soviética suministró un limitado recuento de las peores depredaciones cometidas por los imperialistas occidentales. La República Popular China no era lo suficientemente fuerte para actuar como una fuerza disuasiva.

Alrededor de dos décadas después que la Guerra Fría terminó el año 1991 luego de la disolución de la Unión Soviética, los gobernantes de Estados Unidos percibieron una licencia para llevar a cabo "una dominación de espectro completo". Washington se embarcó en frenéticas e interminables guerras que hasta hace poco seguían prevaleciendo.

La primera comprobación de la realidad sobre la desenfrenada violencia de los imperialistas de Estados Unidos y sus secuaces de la OTAN fue la intervención militar de Rusia en Siria a fines del año 2015 con el propósito de poner fin a las maquinaciones occidentales para una vez más realizar una operación de cambio de régimen. Washington y sus cómplices no pudieron alcanzar sus viles metas, pero en todo caso, los norteamericanos persistieron en ocupar ilegalmente parte del país árabe y robar sus recursos energéticos.

Ucrania es una manifestación completa del fin de la impunidad de Estados Unidos.

Rusia bajo el gobierno de Vladimir Putin ha recuperado el poderío militar que se perdió con la disolución de la Unión Soviética. En algunos aspectos, la Rusia actual es aún más formidable debido al desarrollo de nuevas formas de armamento tales como los misiles hipersónicos y los sistemas de defensa antiaérea S-500. También la economía de Rusia se encuentra en mejor situación que en la Unión Soviética que descansaba de manera excesiva en el militarismo. Por lo tanto, Moscú ha sido capaz de resistir la agresión económica que Washington y sus aliados han tratado de montar a raíz del conflicto en Ucrania.

También igualmente importante, China ha alcanzado la condición de superpotencia económica y militar. Juntos, Rusia y China ahora presentan una fuerza invulnerable de contrapeso a Estados Unidos y sus aliados occidentales.

Aproximadamente ocho décadas después del fin de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos estuvo relativamente libre de hacer su gusto atropellando el derecho internacional y la soberanía de las naciones, produciendo tasas de muerte por el orden de millones y aterrando al planeta con su "benigna" y narcisista tiranía.

El conflicto en Ucrania donde Rusia ha declarado que "he dicho basta", frente a años de agresión de parte de la OTAN liderada por Estados Unidos, está demostrando que los días de impunidad finalmente han terminado para el otrora monopolio norteamericano.

Washington de manera incesante ha alzado las apuestas en Ucrania a una altura insostenible. Ha apostado la casa y la granja con el propósito de subyugar a Rusia para su consiguiente e insaciable operación contra China. Pero Moscú y Beiyín responden al faroleo de Estados Unidos: El dólar se detiene aquí.

El edificio del poderío imperial de Estados Unidos nunca había sido cuestionado en sus basamentos. Ahora sí.

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Finian Cunningham

Analista internacional


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