‘Dejemos a los niños fuera de esto’: la guerra de Putin afecta a los estudiantes rusohablantes en Europa

En todo el continente, los alumnos rusos se enfrentan a la intimidación, el acoso y la humillación por la invasión a Ucrania, otro efecto perverso de una guerra que afecta de manera abrumadora a personas inocentes.

Alex Ebert, de 11 años, iba en el autobús de regreso a su casa, en un suburbio de Aquisgrán, al oeste de Alemania, cuando cuatro chicos le dijeron que él estaba matando a niños ucranianos, según afirmó su madre.

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Uno de ellos, que lo había empujado la semana previa, según lo que Alex le contó a su mamá, y se había referido a él con una palabra despectiva para los rusos, le azotó la cabeza contra una ventana y lo pateó en el estómago y en la espalda. Alex, que habla ruso porque sus padres son originarios de Kazajistán, se bajó en una parada y se sentó en el suelo hasta que unos desconocidos en un auto se detuvieron y lo llevaron a casa.

"Estaba llorando y adolorido", comentó su madre, Svetlana Ebert. "No entiende qué tiene que ver él con todo esto".

La invasión del presidente ruso, Vladimir Putin, ha matado a cientos de niños ucranianos, ha dejado huérfanos a muchos más y ha desplazado a millones, además de destruir viviendas y escuelas. Sin embargo, también ha permeado en la vida de niños rusohablantes en toda Europa, quienes han tenido que pagar por la agresión de Putin con humillación, hostigamiento y acoso escolar (otro efecto perverso de una guerra que está afectando de manera abrumadora a personas inocentes).

"Este problema crece cada día más", opinó Carsten Stahl, el activista antiacoso más prominente de Alemania, quien señaló que había recibido una gran cantidad de reportes de acoso escolar de estudiantes rusohablantes. "Estoy furioso y muy avergonzado".

En los salones de clase de Europa, niños desconcertados por la guerra han hecho preguntas y reciben respuestas. Sin embargo, como sus gobiernos han buscado aislar a Rusia a nivel tanto cultural como político, también han desahogado sus temores y en ocasiones han buscado culpables o imitado la hostilidad de los adultos, con el riesgo de crear nuevos campos de cultivo para la violencia y la intimidación en un continente que vuelve a sufrir por una guerra.

Con frecuencia, los acontecimientos mundiales han brindado excusas para el acoso. La pandemia de la COVID-19 trajo consigo una ola de acoso contra niños asiáticos y, en 2016, tras una serie de ataques terroristas del Estado Islámico, los niños musulmanes reportaron un incremento en el acoso escolar. Ahora, relató Stahl, la preocupación por la guerra en Ucrania ha agregado nuevos objetivos al tipo de comportamiento vengativo que puede llevar a los niños a no ir a la escuela y, en algunos casos, derivar en depresión y pensamientos suicidas.

En Harsefeld, una población a las afueras de Hamburgo, Anastasia Makisson, de 13 años, quien es rusoalemana, recibió varias notas anónimas en la escuela en las que la llamaban nazi y la exhortaban a regresarse a Rusia a "beber vodka con Putin".

Makisson también comentó que algunos estudiantes se le acercaron para gritarle: "¡Putin!". A Anastasia le gustaba la escuela, pero, desde que le llegaron las últimas notas en abril, no ha regresado debido al temor que siente. "Tengo miedo de que alguien me pegue. Todos se me quedan viendo. Es como si pensaran: ‘Qué asco, es rusa’".

Su padre, Ilya Makisson, mencionó que la escuela prometió investigar el asunto, pero que todavía no había hecho nada al respecto. La escuela no respondió a una solicitud de comentarios.

Alrededor de una semana después de que Rusia invadió a Ucrania, Elisa Spadoni, de 13 años, que es italorrusa, terminó su tarea en su casa en el centro de Italia y revisó el grupo de WhatsApp de su clase. En el chat, un compañero de clase la llamó "hija de Putin". En otro mensaje, se leía: "Por mí, mejor que te mueras".

Cuando Elisa les pidió a sus compañeros que dejaran de enviarle esos mensajes, un chico respondió: "Nos detendremos cuando ustedes dejen de lanzar misiles a Ucrania". Y también escribió: "Mañana, la golpearé".

Elisa, que antes era una estudiante dedicada y entusiasta, le dijo a su madre que ya no quería ir a la escuela.

"Me sentía avergonzada. Desearía no tener ascendencia rusa", dijo Elisa.

Cuando su padre reportó el acoso a su maestra, la educadora comentó el asunto en clase, narró Elisa. Sin embargo, su madre aseguró que la niña esperó varios días antes de abrirse y hablarles sobre los mensajes; su madre se enteró de que había estado llorando en la escuela a través de sus compañeros de clase.

Como Elisa, muchos de los niños rusohablantes que han sido molestados intentan quedarse callados; en algunos casos, por vergüenza, como ocurre a menudo con el acoso escolar. Entre aquellos que alzaron la voz, algunos padres de familia temen que hablar sobre los incidentes pueda acarrear más problemas para sus hijos o dar la impresión de que apoyan la guerra.

Pero las organizaciones y algunas autoridades de toda Europa admiten que eso es un problema.

"Los compañeros de clase, sea cual sea su nacionalidad, no tienen la culpa de las acciones del agresor", comentó la ministra de Educación de Lituania, Jurgita Siugzdiniene, en un comunicado dirigido a las escuelas.

"Dejemos a los niños fuera de esto", dijo en televisión Gianmarco Medusei, presidente del consejo regional en la región de Liguria, en el norte de Italia. La organización benéfica Save the Children en Dinamarca también expresó su preocupación. "Ningún niño debe ser intimidado por lo que los adultos deciden hacer", dijo en un comunicado.

Anna-Mariia Kraevskaia Hansen, de 14 años, dijo que en su pequeña escuela en la ciudad danesa de Horsens, algunos de sus compañeros de clase comenzaron a señalarla en los pasillos, diciendo: "Mira a esta espía".

Algunos niños le dijeron que debería irse a su casa en Rusia, y otros que podría arrojarles bombas.

"Algunos niños simplemente piensan que es gracioso", dijo Anna-Mariia. "Pero fue muy doloroso".

Su madre, Nelli Kraevskaia Hansen, dijo que Anna-Mariia tenía problemas para dormir y se ausentó de la escuela algunos días porque se sentía agotada.

Morten Tido Madsen, uno de los profesores de Anna-Mariia, llevó a algunos alumnos aparte y les preguntó por qué le decían cosas malas a ella o a los demás. Algunos dijeron que era algo "divertido e inteligente" o que "no les importaba". Madsen les preguntó si les gustaría recibir comentarios similares y dijo que sabía que les importaba porque son personas amables que no quieren lastimar a los demás.

"Lo que es importante para los niños es: ¿Quieren ser malos o buenos?", dijo. "Ningún niño quiere ser un chico malo".

A veces, Madsen le pedía a Anna-Mariia que se uniera a ellos y compartiera cómo se sentía por los comentarios.

"Ven que ella es Anna-Mariia, es una estudiante, no un país", dijo. "Ella no tiene que disculparse por las acciones de Putin".

El caso de Alex, el niño de Aquisgrán, sirve como muestra de que el acoso escolar y el hostigamiento no solo afectan a los niños rusos porque muchas personas hablan ruso en las antiguas repúblicas soviéticas tales como Estonia, Kazajistán y la propia Ucrania. El ruso es el quinto idioma extranjero más hablado en Europa, según un informe de la Comisión Europea.

En Londres, Yaroslav Fedorov, de 11 años, quien es ruso, contó a través de una llamada telefónica, que él y un amigo ucraniano salían de la escuela cuando tres chicos mayores los detuvieron. "Nos dijeron: ‘¿Por qué están hablando ruso? Los golpearemos’". El director habló con los muchachos después de su queja, dijo Yaroslav. Los representantes del plantel se negaron a comentar.

Karolina Krilova, de 14 años, y originaria de Estonia, estaba parada con un amigo en una plataforma de tren en Vantaa, Finlandia, cuando dos adolescentes se les acercaron y los acusaron de apoyar la guerra y amar a Putin, luego les arrojaron latas vacías de bebidas energéticas.

En Aquisgrán, Svetlana, la madre de Alex, aseveró que, después de ejercer una presión considerable, la escuela programó una reunión con el chico que pateó y golpeó a Alex, así como con los padres del muchacho. En el encuentro, el joven se disculpó. Los otros menores que gritaron frases ofensivas, así como sus padres, fueron llamados a reuniones similares. La escuela no respondió a solicitudes para realizar declaraciones.

En el hospital, tras el ataque en el autobús escolar, un médico le diagnosticó a Alex síncope (o desmayo), dolor de cabeza, dolores estomacales muy intensos y náuseas, según un documento médico compartido con The New York Times.

"Al principio, sentí odio contra este chico que lo golpeó. Pero una semana después entendí que también es un niño. No es culpable", concluyó la madre de Alex.

 

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