Ucrania y la guerra mediática

Son realmente muy predecibles los comportamientos de los gobiernos mundiales ante la guerra en Ucrania. Con el océano de palabras e ideas derramado sobre este asunto en las últimas semanas, hay realmente poco que agregar acerca de ello, pues los mismos medios se han encargado de quitarse las máscaras –o desnudado sería el verbo indicado—ante la operación especial que Rusia ha emprendido sobre Ucrania para desmantelar los centros de armamentos diseminados en ese país, y todo ello permita deslindar cuáles son en verdad los intereses no sólo de Rusia, Estados Unidos y Europa, sino del mundo en su conjunto; o sobre quién se identifica con quién y cómo se mueven las fuerzas tácticas de los países grandes y pequeños, de las funciones nada ocultas de la OTAN y cuáles son los poderíos reales no sólo desde el punto de vista militar sino sobre todo ideológico y político, es decir lo que esta guerra aclara de una vez por todas en el escenario actual del mundo (y en detrimento de una verdadera filosofía de lo humano, hay que decirlo también) cuales son los intereses reales de cada bloque político y con quién y porqué se identifica éste o aquel, o con tal o cual. Es obvio que Europa y Estados Unidos están tratando de debilitar a Rusia en lo esencial, a fin de conformar el ya consabido Nuevo Orden Mundial de características aún más oprobiosas que los anteriores, si es que hay algún ingenuo por allí que aún no crea que esta descabellada idea pueda ser posible, habría que decirle que el porvenir inmediato está más repleto de cosas feas que las que hemos presenciado hasta ahora, incluyendo la pandemia; sus objetivos no son sólo económicos sino simple y llanamente de dominación política global, de apoderamiento de toda la energía fósil y mineral posible, aparte del agua (próximo objetivo) gas, electricidad, etc. mientras juegan con éste enorme sabotaje a Rusia y ésta se prepara a una alianza con China, con lo cual el panorama se ha ido despejando más, gracias a Dios (con mil perdones a los pacifistas reales) al menos eso ya se ha logrado y los contrincantes están plenamente identificados hasta este presente momento en que se libra (aunque usted no lo crea) la inevitable batalla por el dominio del mundo, como en las peores películas de la ciencia ficción, género por esta razón ya casi desaparecido.

Comenzó también una guerra mediática de proporciones grotescas, donde el caso de Televisión Española -en el hermoso país ibérico- más ilustrativo no puede ser: se trata esta vez de un medio que forma parte del estatus más reaccionario de España y cuyos trabajadores (reporteros, periodistas, cronistas, corresponsales, foros, panelistas, moderadores, etc.) están todos por igual al servicio de la madre patria y de las fuerzas más reaccionarias (oscurantistas, sombrías, devastadoras o como usted quiera llamarles) para que sus doctos participantes emitan opiniones a favor de Estados Unidos y presentando a Rusia como el malo de la historia, mientras enfocan a madres sollozando, niños heridos, edificios y autos destruidos, gente pasando hambre y frío, todos víctimas del demonio Ruso Vladimir Putin, ente diabólico que intenta a toda costa apoderarse de Ucrania, ocuparla o exterminarla, cuando éste ha dicho repetidas veces que ese no es su objetivo, sino impedir la militarización de ese país, e impedir este sea tomado y dominado por nuevos fascistas similares a los que pululan ahora en España disfrazados de partidos políticos como Vox, realmente decididos a hacerse del poder en el corto plazo, si los socialistas y populistas actuales decidieran compartir el pastel en los próximos años. Mientras, las empresas de cables sacan del aire a Rusia Today RT y a Sputnik, CNN y otras siguen fabricando Falsos Positivos y posverdades y no cesa la difusión de noticias negativas sobre Rusia, Venezuela o Cuba por Google y las redes sociales. Ahora sólo haría falta que sacaran del aire también a Telesur para que su inmensa obra de limpieza mediática sea completa. De la situación en éste damero geopolítico de los países latinoamericanos no quiero hablar aquí, pues podría sobrevenirme un ACV o un colapso nervioso con sólo aludir al delicado estatus en que nos encontramos en cuanto a lo que ha dado en llamarse correlación de fuerzas, donde nuestro continente es blanco estratégico.

Ya las cartas están echadas. Ya no hay manera de negociar ni de hacer hipócritas acuerdos diplomáticos con fascistas, capitaneados por un verdadero símbolo de lo que pudiera llamarse mandatario mediático: Volodimir Zelensky, un tigre de papel que a diario convoca por los medios a personas en distintos escenarios y bajo distintas vestimentas, en franela, en mangas de camisa, en corbata, en grandes salones o en la calle: cualquier escenario es ideal para este joven apuesto y rozagante, batallador, salido de las filas libertarias de la Ucrania posmoderna y de varios videos donde actúa, canta y baila al lado de su familia para que el mundo contemple su infinita razón y vitalidad, llamando a jóvenes de todo el mundo a pelear y si es posible morir por la libertad de Ucrania, y finje él mismo estar dispuesto a dejar su pellejo en esa guerra de donde en verdad saldrá aún más fortalecido para proyectarse en el mundo libre que le espera al lado de los flamantes mandatarios de Europa y los Estados Unidos. Zelensky es una clara pieza armada por la ideología fascista posmoderna sutil y elegante, pero sobre todo por los procedimientos de la propaganda nazi, solo que esta esta vez, en lugar de apoderarse de una imagen carismática como la de Hitler o Franco, opta por la de hacerse víctima universal de Rusia, lo cual al parecer le está funcionando muy bien.

Por supuesto, lo que nos espera no es nada bueno: encarecimiento de bienes y servicios, alimentos, combustibles, etc. todo consecuencia de una guerra mundial-global económico-mediática agudizada por el cambio climático y la preponderancia de aparatos sobre personas, de realidades virtuales sobre realidades presenciales; de dispositivos y medios sobre personas, etc. donde se va a ver reflejada nuestra decadencia civilizatoria como nunca antes. De veras pido perdón a los lectores por esta vena apocalíptica mía, pero no la puedo evitar, pues se halla presente en mí desde mi primera novela, una lejana distopía titulada La isla del otro.

Este año presenciaremos, probablemente, el declive moral más vergonzoso de Estados Unidos en toda su historia, o al menos en lo que va de siglo; el ascenso de China como primera potencia económica y el posicionamiento de Rusia como nación realmente robusta (algo muy distinto de un país simplemente poderoso), mucho más allá, incluso, de lo que pudiéramos imaginar.



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Gabriel Jiménez Emán

Poeta, novelista, compilador, ensayista, investigador, traductor, antologista

 gjimenezeman@gmail.com

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