Ecos de Rusia

La primera vez que oí la palabra Rusia fue en medio de un relato que solía contar mi padre, allá en mi pueblo natal de la Costa de Paria en el Estado Sucre, cuando más o menos a comienzos de la década del sesenta era yo apenas un niño, y no tenía noción alguna del tema, que eventualmente él sacaba a colación mientras los miembros de la familia desayunábamos en el comedor de la casa.

No tengo claridad con motivo de que evento mi padre insertaba su comentario, pues apenas me llegan vagos recuerdos de lo que nos contaba con su voz enfática y tonante, sobre una guerra en la que Alemania (nombre también nuevo a mis oídos) había invadido a Rusia; y cuando ya casi que la tenía vencida, el ejército ruso se levantó en medio del intenso frío y abriéndose paso a través de las inmensas masas de hielo que lo rodeaban todo, empezó a avanzar aniquilando al enemigo, y haciéndolos retroceder los persiguió hasta la propia Alemania donde los terminó de aplastar, y así fue como se ganó la guerra…

Ese eco lejano de aquel magno acontecimiento, que llegó a mí por primera vez en la recia voz de aquel pescador de un apartado pueblo oriental –mi padre–, nunca desapareció de mi memoria; y tal vez por eso ya con esa especie de antídoto en mi conciencia –e inclusive sin tener definición ideológica y sin saber claramente por qué–, con el tiempo siempre tuve una reacción aversiva hacia aquellas historias que glorificaban la participación de los Estados Unidos en la II Guerra Mundial. Es esa versión, profusamente difundida por el mundo y que veíamos en películas blanco y negro en el cine de nuestra comunidad de El Morro, donde los soldados gringos escenificaban acciones heroicas y dramáticas hasta el exceso, en su sacrificio por la libertad de aquellos pueblos sometidos por el agresor.

Lejos estaba de comprender que se trataba de todo un montaje en una vasta y sistemática operación de lavado colectivo de cerebro; porque, aunque no lo percibiéramos, estábamos y seguimos estando en guerra, en un escenario global en el que a unos países e inclusive regiones, les ha tocado el enfrentamiento bélico directo, mientras que en otros espacios esa guerra se estaba librando en el campo de nuestras mentes. Y por supuesto que no estoy diciendo nada nuevo, pero creo que es necesario que insistamos en este aspecto del asunto; porque hay mucha gente honesta y bien intencionada a las que les cuesta creerlo y entenderlo, y aun cuando la realidad la tienen frente a sus ojos y siendo partícipes de ella, prefieren la versión fílmica, o la que ahora se propaga por las redes.

Repetimos, lo que estamos viendo con el uso de todo este desarrollo tecnológico del universo de las comunicaciones, es un fenómeno en el que ya no se trata de interpretar la realidad (como sería lo plausible para transformar el mundo), sino de mentir borrando la verdad y reescribiendo la historia al gusto, conforme a los intereses de dominación. Es la consumación de aquella especie de predicción, que seguramente escribió Orwell ("1984") para estigmatizar al adversario en esta prolongada guerra; pero que contrariamente a su vaticinio, fue calcada con pelos y señales por el bando contrario donde él formaba filas.

Porque quién si no el Imperialismo, es el que ha desplegado bases militares que suman más de 700 por todo el globo para afianzar su dominio, y concentra en todos los países operarios, aparatos y equipos de la más alta sofisticación para espiar a la gente; cámaras de tortura secretas y cárceles donde desaparecen personas opuestas a sus designios. ¿Quién es el que mantiene el control sobre el sistema financiero mundial, ejerciendo coerción sobre las naciones y pueblos rebeldes con medidas ilegales que ellos llaman sanciones? ¿Quiénes son los dueños de la industria del entretenimiento y la comunicación, donde tienen a su servicio un verdadero ejército de asalariados (no sé si serán periodistas) reescribiendo la historia todos los días? ¡Ese sí es un verdadero ejercicio de pos verdad a escala planetaria! ¡Ese es el auténtico totalitarismo mundial!

COLOFÓN

Pero no olvidemos que estamos hablando de la guerra, y por muy amantes que seamos de la paz y la anhelemos, la realidad de su impredecibilidad y crueldad nos obliga a preocuparnos por sus efectos, consecuencias y posibles derivaciones en un contexto completamente nuevo para la humanidad; dada la proliferación del armamento nuclear y biológico tan alegremente ostentado por algunos actores del conflicto. Por eso ante la obstinación con la que se pretende cerrar el círculo de asedio y acoso a Rusia, sería deseable no ignorar las lecciones que la historia dictó en suelo europeo, para evitar un error de cálculo, cuando en un momento análogo se intentó enjaular al "oso siberiano…"

Y mientras termino este escrito, me llega el eco de mi propia voz con los versos del poeta Espronceda, que hace mucho tiempo cuando era joven yo solía recitar:

 

¡Hurra cosacos del desierto, hurra!

¡La Europa os brinda espléndido botín!

 



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