La praxis política: entre la ilusión y la estafa

Si la política experimenta un descrédito ante la ciudadanía y si impera la pérdida de confianza en el Estado como mecanismo para la solución de los problemas públicos, en buena medida es porque dicha praxis fue convertida por las élites y liderazgos en una estafa que, desde el discurso mismo, supone el engaño. Colocada en el centro de la arena pública, la mentira (https://bit.ly/3ivDXOQ) funge como un dispositivo de poder que abre el camino a la teatralidad en la cual fue convertida la plaza pública. Y no bastando con ello, el espectáculo, la parodia (https://bit.ly/3fOUa2F) y el ramplón mercadeo (https://bit.ly/33ZaKWR) de la imagen entronizan el tratamiento superficial de los lacerantes sociales, y quienes toman las decisiones en las distintas escalas de la administración pública lo hacen bajo el influjo del efímero criterio del costo/beneficio particular y del sectarismo que ahonda la sociedad de los extremos (https://bit.ly/3oWfhlT). En esta parafernalia, los mass media desempeñan un papel crucial al atizar el fuego vivo de la tragicomedia y al invisibilizar a los verdaderos beneficiarios de las estructuras de poder, riqueza y dominación.

No bastando lo anterior, la orfandad ciudadana se reproduce con las ausencias del Estado a medida que éstas son exacerbadas al vaciarse de sustancia sus funciones, acciones y decisiones. El predominio del fundamentalismo de mercado en una sociedad solo conduce a que el poder se re-concentre en entes privados y/o extra-estatales. De ahí que el margen de maniobra de las esferas de las élites políticas se reduzca a la adopción de una racionalidad tecnocrática orientada a la gestión y no a la comprensión y resolución cabal de los problemas públicos.

La praxis política es también el escenario de las ilusiones y los votantes siguen a los líderes como si fuesen los salvadores o mesías que prometen una mejor vida terrenal. El marketing y la comunicación política no hacen más que sobredimensionar –o ningunear o aplastar, según sea el caso– la imagen de un candidato y de un gobernante. De ahí la importancia de la pulsión emocional a la cual se apela en el votante (consumidor) a la hora de ejercer su derecho. No importa lo que se proyecta a través de los mass media y las redes sociodigitales; importa lo que el votante percibe. Y si esa percepción y sentir impuesto por la imagen tridimensional no demanda el ejercicio del razonamiento, entonces es opacada toda capacidad de ejercer el pensamiento crítico, la disciplina y la inteligencia. Lo anterior es parte consustancial del control sobre la mente y la conciencia, así como de la misma lapidación de la palabra (https://bit.ly/3aDAs7x).

En la era del algoritmo, la misma mutación antropológica (https://bit.ly/3v9Zao9) atraviesa no solo por la subsunción del individuo respecto al consumismo de mercaderías y baratijas, sino por el mercadeo de símbolos, imágenes y dirigentes envueltos en un paquete a la medida de quien tiene una necesidad o deseo creados. Es la producción en serie para las masas que son presas del homo videns –del cual hablaba Giovanni Sartori– y del homo digitalis que impone el ciberleviatán y que se arraiga con la ignorancia tecnologizada (https://bit.ly/2BMr039).

La impresión percibida por el votante depende del dominio que las élites tengan sobre los mass media, y desde allí se despliega el dispositivo de control sobre el neocórtex. Se impone el sentir sobre el pensar, y el prejuicio suplanta a la confianza. En esa vorágine, la televisión, Facebook, Instagram y Twitter son la principal arena de disputa; y desde allí se construyen lealtades efímeras, se disemina el odio a "el otro" y se impone la confusión como norma. El terreno propicio para todo ello es el pensamiento lineal, visual y analógico donde no importan las propuestas, los argumentos y el principio de verdad. Los modelos de político vendibles se corresponden con las aspiraciones de las masas; regularmente cosas materiales que éstas desean para sentirse realizadas tras crearse una necesidad desde los líderes de la opinión pública. De ahí la relevancia de la mentira y del afán de estafa al calor del vértigo de la sociedad aspiracional. El mismo malestar en la política y con la política (https://bit.ly/2ZKkZgg) es funcional a esta lógica voraz de la estafa pues siembra entre las masas el sentir de la indiferencia y la proclividad a la atomización. En este sentido, el incuestionable triunfo del individualismo hedonista (https://bit.ly/2QIhEMG) retiró al ciudadano de la plaza pública y lo recluyó en el anonimato más infame: el de audiencia pasiva y engañada tras la sobre-exposición a la desinformación masiva y a la venalidad de las emociones.

La praxis política es, por antonomasia, el terreno de la palabra. Y si ésta es sometida a la lapidación y a la tergiversación semántica, entonces se sientan las bases para la construcción y el reforzamiento de los dispositivos de poder. Subsumido el sentido de la palabra a los intereses creados y a la trivialización, no resta más que la descalificación, el ninguneo, la diatriba y la eliminación de "el otro". Quizás ello explique, en parte, fenómenos extremos como la importante cantidad de candidatos asesinados durante los últimos procesos electorales en una sociedad como la mexicana (https://bit.ly/3w8OHcV; https://cnn.it/3ilRmeU; https://bit.ly/3fT5lXX; https://bit.ly/2SVZCYx). Enfrentarse a la muerte violenta no solo clausura toda posibilidad de diálogo público, sino que evidencia el grado de descomposición de la vida pública y la misma crisis de Estado que se cierne desde décadas pasadas, sin otra opción más que el miedo y la resignación.

Si no se reivindica el valor de la palabra como instrumento para la construcción de diálogos, acuerdos y sentido de comunidad, la praxis política continuará capturada por el afán de estafa que se impone como modus vivendi y modus operandi. Y si ese valor de la palabra no se fusiona con la relevancia de la cultura ciudadana, no solo la sociedad seguirá presa del oscurantismo, sino que también la despolitización tenderá a arraigarse sin mediar contrapesos en medio de un mundo incierto.



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Isaac Enríquez Pérez

Ph D. en Economía Internacional y Desarrollo. Académico en la Universidad Nacional Autónoma de México.

 isaacep@comunidad.unam.mx      @isaacepunam

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