Hasta donde llegará China en 2025

Especial para el diario POR ESTO! de Mérida, México.
http://manuelyepe.wordpress.com/
Los comunistas chinos consideran que las empresas conjuntas con
productores extranjeros son una manera de impulsar sus industrias a lo
largo de la cadena de valor hacia sectores más sofisticados y al país
hacia las filas de las naciones ricas. La tecnología adquirida
mediante asociación económica con entidades de alto desarrollo
tecnológico se difunde en la economía china, contribuyendo a que las
empresas chinas compitan con las extranjeras de mayor nivel de
desarrollo.
China busca alcanzar la autosuficiencia en alta tecnología para el año
2025 mediante un plan denominado Hecho en China 2025 que apunta a la
idea de saltar para entonces a las primeras filas de la alta
tecnología, igualando y finalmente superando a las empresas de
Occidente.
Los países que han llegado a dominar al mundo en la economía, la
política y militarmente siempre han sido antes grandes defensores de
la libertad de comercio. Estados Unidos no utilizó el libre comercio
hasta que se convirtió en la potencia económica dominante tras la
Segunda Guerra Mundial. Hasta entonces, los aranceles que imponía
Estados Unidos eran los más altos del planeta. Al salir de la Segunda
Guerra Mundial como la potencia económica más fuerte del planeta,
Washington ha hecho cuanto ha podido para imponer el libre comercio,
los mercados libres y la libre empresa en la mayor parte del mundo que
dominaba, y no dudó en usar la guerra económica, la CIA y la fuerza
militar para lograr sus objetivos.
Hoy Washington, en cambio, se opone con tanta intensidad al modelo
chino en la economía, que está dispuesto a utilizar la guerra
económica, la intimidación militar y tal vez incluso la guerra
convencional para enfrentarlo.
El acceso a los mercados chinos y a la mano de obra de bajos salarios
es muy valorado por Estados Unidos, pero a Washington le molesta que
el acceso dependa de acuerdos de riesgo compartido o joint venture que
permitan que la tecnología estadounidense sea asimilada por las
empresas chinas. Estados Unidos, por su parte, exige que sus
inversionistas sean eximidos de esos condicionamientos, y que se
conceda a las empresas estadounidenses acceso sin trabas a todos los
mercados internos chinos y se les permita a empresas de Estados
Unidos competir con las empresas chinas en igualdad de condiciones,
sin favorecer a las chinas. Washington basa estas demandas en dos
objetivos de sus inversores: maximizar las oportunidades de ganancia
disponibles para los inversionistas estadounidenses en China e impedir
que Beijing construya grandes "corporaciones nacionales" capaces de
competir con las corporaciones de Estados Unidos.
La élite económica estadounidense ha expresado durante años sus
disgustos contra las empresas estatales de China. Se quejan de que a
los consorcios estadounidenses "se les niega acceso al negocio
lucrativo del Estado en China. Los empresarios de Estados Unidos
afirman que "en los últimos años, China ha aumentado
significativamente el papel del gobierno en la economía, que ha
impulsado el sector estatal desplazando a las empresas privadas y
extranjeras". Lamentan que las "empresas estatales chinas fuertemente
protegidas y subsidiadas... están golpeando a las empresas
estadounidenses no sólo en China sino también en la competencia
mundial".
En respuesta a estos supuestos agravios, Washington presiona para
reducir el papel de las empresas estatales chinas en la economía del
gigante asiático".
Cuando China habló de construir la Franja Económica de la Ruta de la
Seda, poco después, planteó ampliar el proyecto con una ruta de la
Seda Marítima.
China ha privilegiado también su relación con América Latina dentro
del gran proyecto de inversiones e intercambio económico. El proyecto
tiene como raíz la reconstrucción de la antigua Ruta de la Seda y la
creación de una marítima paralela, que impactará a unos 70 países, que
cuentan con el 75% de las reservas energéticas conocidas del mundo, el
70% de la población mundial y estaría en capacidad de generar cerca
del 55% del PIB mundial. La ruta se sostendrá sobre cinco pilares:
comunicación política, circulación monetaria, entendimiento entre los
pueblos, conectividad vital y fluidez.
La ruta de la seda pretende generar para los países involucrados una
mejor distribución de los ingresos, reducción de la pobreza y la
marginalidad, aumento del empleo y una nueva distribución de las
economías regionales.
El Gobierno chino aspira que la ruta se encuentre operando para el año
2049, cuando se cumplen 100 años de fundación de la República Popular.



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Manuel Yepe

Abogado, economista y politólogo. Profesor del Instituto Superior de Relaciones Internacionales de La Habana, Cuba.

 manuelyepe@gmail.com

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