La masacre de Gaza exhibe la hipocresía occidental sobre la "anexión" de Crimea por parte de Rusia

Traducción desde el inglés por Sergio R. Anacona

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Esta semana el presidente ruso Vladimir Putin inauguró el puente de 19 kilómetros de largo que une a la Península de Crimea con el sur continental de Rusia. A miles de kilómetros de distancia, en Palestina ocupada, se llevaba a cabo una masacre por parte de soldados israelíes con pleno apoyo de Estados Unidos, al tiempo que este abría su nueva embajada.

Ambos eventos no son tan dispares como uno pudiera pensar a primera vista. Ambos involucran "una anexión": la una ficticia y la otra muy real. Pero, la hipocresía occidental invierte la realidad.

Mientras personeros norteamericanos estaban abriendo su nueva embajada en Jerusalén en medio de la pompa y el ceremonial, unos sesenta (60) manifestantes palestinos desarmados fueron asesinados a sangre fría por francotiradores israelíes. Entre los muertos hubo ocho (8) niños. Miles de otros fueron lisiados por fuego graneado. El derramamiento de sangre podría incrementarse en el futuro.

La reubicación de la embajada norteamericana desde Tel Aviv –a la ciudad de Jerusalén ocupada por Israel—ordenada por el presidente Trump ha sido reprochada por la mayoría de las naciones. La maniobra norteamericana impide cualquier acuerdo de paz negociada el cual se suponía que legaría Jerusalén Oriental como la capital de un futuro estado palestino.

La decisión de Trump de reubicar la embajada norteamericana de manera efectiva respalda la pretensión israelí de obtener todo Jerusalén como la "indivisible capital del estado judío".

Israel ha ocupado toda la ciudad de Israel desde la Guerra de los Seis Días contraviniendo el derecho internacional.

En otras palabras, Washington ha pasado de la tácita aceptación a una abierta política cómplice en la anexión de territorio palestino por parte de Israel, anexión que se ha ido prolongando durante siete décadas, desde los inicios del estado de Israel el año 1948. La aprobación de hecho de Estados Unidos de la anexión de todo Jerusalén quedó marcada por la apertura de la embajada norteamericana como la culminación de setenta años de expansión y ocupación israelita.

Por otra parte, la inauguración de Putin esta semana de un puente que une el sur continental de Rusia con la Península de Crimea es un oportuno recordatorio de la descarada hipocresía de Estados Unidos y de sus aliados europeos.

Puesto que Crimea votó en un referéndum realizado en el mes de marzo del 2014 reunificarse con Rusia, su patria histórica, Washington y sus aliados se han quejado constantemente acerca de la supuesta "anexión" por parte de Moscú de la península en el Mar Negro.

Pareciera no importar que el pueblo de Crimea se viera motivado a realizar un referéndum de acceso luego de un sangriento golpe de estado en Ucrania contra el gobierno legalmente elegido por parte de agrupaciones neo-nazis apoyadas por la CIA en el mes de febrero del 2014. El pueblo de Crimea votó en un referéndum pacíficamente constituido para separarse de Ucrania y unirse a Rusia de la cual históricamente formó parte hasta el año en que la Unión Soviética de manera arbitraria asignó a Crimea a la jurisdicción de la República Soviética de Ucrania.

Durante los últimos cuatro años los gobiernos occidentales, sus medios corporativos de comunicación de masas, agrupaciones de expertos como también la alianza militar OTAN encabezada por Estados Unidos han montado una intensa campaña anti Rusia de sanciones económicas, difamación y actitudes ofensivas, todo basado sobre dudosas acusaciones en el sentido que Rusia "anexó" Crimea.

Las relaciones entre Estados Unidos y la Unión Europea hacia Rusia han descendido hasta el congelador de una nueva y potencialmente catastrófica Guerra Fría supuestamente motivada por la noción que Moscú habría violado el derecho internacional y cambiado las fronteras a la fuerza. La supuesta "anexión" de Crimea por parte de Rusia se menciona como una señal que Moscú amenaza a Europa mediante una agresión expansionista. Putin ha sido calumniado de ser el "nuevo Hitler" o el "nuevo Stalin" según el grado de analfabetismo político del agresor.

Esta distorsión occidental en torno a lo que ocurrió en Ucrania durante el año 2014 y posteriormente, puede fácilmente cuestionarse con hechos concretos como una insolente falsificación con el propósito de ocultar lo que en realidad fue una ilegal interferencia de Washington y sus aliados europeos en los asuntos internos de Ucrania. En suma, ¡La intervención occidental era en realidad el cambio de régimen! Con el propósito de desestabilizar a Moscú y proyectar el poderío de la OTAN sobre la frontera de Rusia.

Esta es una de las maneras de refutar la narrativa occidental sobre Ucrania y Crimea.

Al sopesar los hechos concretos, tales como el asesinato de docenas de manifestantes por parte de francotiradores de bandera falsa apoyados por la CIA en Kiev durante el mes de febrero del 2014 o la actual ofensiva militar apoyada por Occidente por parte de fuerzas neo-nazis contra las repúblicas separatistas del Donbass en la Ucrania Oriental.

Otra manera sería la de confirmar la integridad del supuesto principio legal occidental acerca de la práctica generalizada de la anexión territorial.

A partir de la incesante consternación expresada públicamente por gobiernos occidentales y por medios de comunicación de masas acerca de la supuesta anexión de Crimea por parte de Rusia, uno podría pensar que la presunta expropiación de territorio es una de las más lamentables violaciones del derecho internacional. ¡Qué caballerosos! Uno podría llegar a pensar que Washington y sus aliados europeos lo son al defender la soberanía territorial a juzgar por su aparentemente justiciero rechazo de la "anexión".

Sin embargo, la grotesca inauguración esta semana de la embajada norteamericana en Jerusalén acompañada por la masacre de manifestantes palestinos desarmados demuestra que las preocupaciones expresadas por Occidente en torno a la "anexión" no son otra cosa que una farsa diabólica. Durante siete décadas de creciente e ilegal ocupación del territorio palestino por parte de Israel, Washington y los europeos no han presentado ninguna oposición. Pero, cuando se trata de Crimea –aunque su planteamiento carece de toda validez—las potencias occidentales no dejan de protestar y retorcerse las manos acerca de la "anexión" por parte de Rusia, como si se tratara del mayor crimen cometido en la historia moderna.

Aún peor que la hipocresía, Estados Unidos y la Unión Europea de manera subrepticia han sido cómplices al permitir que Israel anexe más y más territorio palestino en franca violación del derecho internacional. Las periódicas masacres y poblaciones enteras que son mantenidas brutalmente sitiadas militarmente en la Franja de Gaza y en Cisjordania, nunca han sido objeto de una efectiva oposición por parte de las potencias occidentales.

Esta semana, Washington ha dado un paso más, en efecto jubiloso, por la anexión por parte de Israel de territorio palestino de la manera más provocativa, abriendo su embajada en la ocupada ciudad de Jerusalén. Luego, encima de esta violación del derecho internacional, tenemos la grosería de la Casa Blanca de Trump defendiendo la masacre de civiles desarmados como "un acto de defensa propia" cometido por las fuerzas de ocupación israelíes armadas por Estados Unidos. Se trata de una licencia para matar entregada por la Casa Blanca.

La patética y muda respuesta de parte de la Unión Europea y de la Organización de Naciones Unidas, ONU hacia este estado de terrorismo, demuestra su cobarde complicidad.

La embajadora de Estados Unidos ante la ONU Nikki Haley, durante meses ha estado acusando a Rusia de violaciones en Ucrania y Siria. Sin embargo, en relación con el asesinato masivo de palestinos desarmados cometido esta semana, la Haley guardó silencio. Sus únicas declaraciones fueron felicitar a Israel por la nueva embajada norteamericana en Jerusalén ocupado.

De tal modo que la próxima vez que escuchemos a Estados Unidos y sus aliados europeos pontificando sobre la "anexión" de Rusia, la única respuesta adecuada debería ser un profundo desprecio por su infame hipocresía hacia los derechos de los palestinos y el constante genocidio de su pueblo cometido durante la ocupación apoyada por Occidente.

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Finian Cunningham

Analista internacional


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