Locura rusofóbica afecta a EEUU

Jack F. Matlock Jr, embajador de Estados Unidos en la Unión Soviética
de 1987 a 1991, llamó a la ciudadanía de su país a poner fin a la
locura rusofóbica que domina al Congreso y a muchos de los medios de
comunicación de Norteamérica en un artículo publicado recientemente en
varios medios de prensa estadounidenses.

Cita como ejemplo flagrante de ello, al editorial principal del New
York Times del 17 de febrero titulado "Deje de permitir que los rusos
se salgan con la suya, Sr. Trump", en el cual los editores del
periódico repudian a Rusia por interferir en las elecciones de
Estados Unidos y demandan mayores sanciones contra ésta "para proteger
la democracia estadounidense".

"Nunca se me había ocurrido que nuestro sistema político, sin duda
disfuncional, fuera tan débil, subdesarrollado y enfermo que con
ineptas acciones en la Internet podría ser dañado" dice Matlock.
Pero el New York Times no es el único acusado. La mayoría de los demás
medios de prensa en de Estados Unidos, electrónicos e impresos, han
seguido esta línea. "Cada vez más, tanto en el Congreso como en los
medios, se ha aceptado como un hecho la interferencia de Rusia en las
elecciones de 2016".

Entre las acciones rusas que han disgustado al establishment
estadounidense y ahora se quieren presentar como hechos que han
contribuido desde Rusia al ascenso de Trump, está la creación por el
gobierno ruso de un sofisticado servicio de televisión (Russia Today o
RT) que proporciona entretenimiento, información y propaganda a
audiencias extranjeras, incluyendo a la de Estados Unidos. La magnitud
de sus televidentes quizás sea varias veces inferior a la de los
grandes medios de Estados Unidos pero indudablemente ha venido a
debilitar el monopolio informativo que han tenido los medios
occidentales y ha tenido una acogida enorme dondequiera, sin excluir a
Estados Unidos.

Los líderes rusos, como la mayoría de los de los demás países del
mundo pensaron que Clinton sería elegida, pero algunos altos
funcionarios rusos expresaron su preferencia por la candidatura de
Trump a raíz de que la Secretaria de Estado, Hillary Clinton,
comparara a Hitler con el Presidente Putin e instara a una
intervención militar más activa de Estados Unidos en el extranjero,
mostrando un tono rusofóbico contrastante con el de Donald Trump, que
entonces se pronunciaba en favor de la cooperación con Rusia en vez de
tratarla como a un enemigo, explica Matlock.

Nadie parece haber hecho ni un estudio, siquiera superficial, del
efecto que tuvieron las acciones rusas en la votación. No hay pruebas
de que las actividades rusas hayan tenido un impacto tangible en el
resultado de las elecciones, sostiene Matlock.

Pero el hecho más importante, oscurecido por la histeria anti Rusia,
es que fueron los estadounidenses quienes eligieron a Trump bajo los
términos establecidos en la Constitución; los estadounidenses crearon
el Colegio Electoral, que permite que un candidato con una menos de
votos populares se convierta en presidente, y son ellos los que
manipulan los distritos electorales a favor de un partido político
determinado cuando ello conviene al sistema.

La Corte Suprema emitió la infame decisión que permite el
financiamiento corporativo de los candidatos a cargos políticos. Los
estadounidenses crearon un Senado que es todo menos democrático, ya
que da una representación desproporcionada a los estados con
poblaciones relativamente pequeñas. Fueron los senadores
estadounidenses quienes establecieron procedimientos no democráticos
que permiten a minorías, bloquear una legislación o confirmar los
nombramientos.

Para Matlolck, el solo hecho de que los estadounidenses mismos hayan
sido quienes eligieron su sistema electoral no significa que la
elección de Trump sea buena para el país. En su opinión, las
elecciones presidenciales y legislativas de 2016 representaron un
peligro inminente para la nación. Han creado desastres potenciales que
pondrán severamente a prueba los frenos y contrapesos incorporados en
la Constitución. Esto es especialmente cierto hoy cuando ambas cámaras
del Congreso están controladas por el Partido Republicano, que a su
vez representa menos votantes que el partido de la oposición.

Matlock asegura que él no votó por Trump, pero cree que la imputación
de que las acciones rusas interfirieron en las elecciones, o dañaron
la calidad de la democracia en el país es ridícula, patética y
vergonzosa. "Y debería añadir peligrosa porque hacerse enemigo de
Rusia, la otra superpotencia nuclear, se acerca más a la locura
política que cualquier otra cosa que se me pueda ocurrir".

El ex embajador estadounidense concluye su artículo llamando a sus
coterráneos a desistir de la actual locura rusofóbica y animar a los
Presidentes Trump y Putin a restablecer la cooperación en cuestiones
de seguridad nuclear, la no proliferación, el control de materiales
nucleares y la reducción de armas atómicas, temas que son de vital
interés tanto para Estados Unidos como para Rusia.



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Manuel Yepe

Abogado, economista y politólogo. Profesor del Instituto Superior de Relaciones Internacionales de La Habana, Cuba.

 manuelyepe@gmail.com

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