La democracia en Cuba y en EEUU

Democracia y libertad, son dos categorías muy manipuladas por la élite
que gobierna Estados Unidos, hasta el punto que las ha instalado en la
mente de la mayor parte de sus ciudadanos de la nación como
calificativos del modelo de sistema capitalista que rige en esa nación
norteamericana, al que le asignan como destino manifiesto extenderse
por todo el mundo.

El "mérito" de sus ideólogos por haber logrado controlar las psiquis
de sus habitantes es mayor aún si se advierte que se trata de dos
categorías -democracia y libertad- que en la sociedad actual de
Estados Unidos han adquirido características diametralmente opuestas a
las que semánticamente les correspondería.

Hay otros conceptos comúnmente manipulados por la élite que gobierna
en la superpotencia mundial, como derechos humanos y gobernabilidad,
de los que se valen sistemáticamente, apoyándose en sus inmensos
recursos y las posibilidades que les están dadas por el control de los
medios de comunicación que ejercen a escala global.

Es, por ejemplo, insultantemente irónico y engañoso el hecho de que
Estados Unidos utilice el bloqueo económico como medida coercitiva
contra muchas naciones que, como es el caso de Cuba, ha visto
vulnerados todos los derechos de su pueblo durante más de medio siglo
y, no obstante, presumen ante la opinión pública mundial como
principales defensores de la vigencia de los derechos humanos de los
pueblos. Pretender actuar al mismo tiempo como fiscal acusador y juez
en los casos de violaciones que solo detecta en los gobiernos que no
subordinan sus soberanías a la voluntad y conveniencia de Washington,
es el colmo del cinismo.

La práctica de presentarse como modelo del mundo responde a la
intención de cuestionar y controlar el manejo de los asuntos internos
de los países que se les están sometidos. Siempre vinculan las
características de tal sumisión a sus respuestas a pedidos de
asistencia financiera, transferencia de tecnología o apoyo en
conflictos políticos con terceros país.

Debe saberse que, cuando la revolución cubana llegó al poder en 1959,
la lucha que unificaba al pueblo cubano en aras de su
autodeterminación era, en primer lugar, y por sobre todas las cosas,
la lucha por los derechos humanos y la justicia, aspiraciones que
tenían como principal oponente a las autoridades de Washington.
Cuba es probablemente el único país en el mundo donde nunca, desde
1959, ha sido torturado un solo prisionero, donde nunca en este
período ha tenido lugar ejecución extrajudicial alguna y donde jamás
las fuerzas policiales han usado chorros de agua, golpes de toletes u
otras formas humillantes de represión contra manifestantes. Cuba es en
la actualidad el único país en América Latina donde, en los últimos 58
años, no han existido fuerzas paramilitares ni escuadrones de la
muerte, ni asesinatos, ni desapariciones o tortura de prisioneros, ni
se ha utilizado violencia alguna contra el pueblo.

En Cuba, desde 1959, (si se exceptúa la Base Naval de los Estados
Unidos en Guantánamo), ningún prisionero ha sido jamás asesinado,
torturado, violado sexualmente, llevado al exterior para ser torturado
a distancia, encerrado sin juicio o "desaparecido" simplemente, al
estilo de las brutales dictaduras latinoamericanas patrocinadas
Washington durante el vergonzoso Plan Cóndor.

En Cuba, desde 1959, solo en la base naval que Washington mantiene
ilegalmente junto a la bahía de Guantánamo, pudiera uno encontrar
dirigentes civiles y militares que promuevan o permitan la tortura
física u otras formas equivalentes de humillación contra detenidos.
Tales vergonzosas prácticas fueron introducidas en Latinoamérica por
la Escuela de las Américas del Departamento de Defensa de Estados
Unidos, donde se forman oficiales para las fuerzas armadas de los
países que controla la superpotencia.

Métodos para quebrar prisioneros mediante técnicas de depresión
sensorial, aislamiento, negación de sueño, nudismo forzoso, miedo
inspirado por animales entrenados para ello, actos de humillación
sexual o cultural, ejecución simulada y amenazas de violencia o
muerte contra detenidos o sus seres queridos, entre otras prácticas
inhumanas, se extendieron por los cuarteles y estaciones militares y
policiales del continente a partir de la asesoría de consejeros e
instructores venidos de Estados Unidos.

En Cuba no hay presos políticos, si por tal se entiende gente
encarcelada por propagar o profesar ideas políticas contrarias al
gobierno.

Quien tenga dudas acerca de dónde la democracia funciona y dónde es
pura ficción puede comparar, con objetividad y amplitud, el sistema
electoral de Cuba -donde el pueblo es quien postula, elige y controla
a sus líderes sin intermediarios- con el que llevó a la presidencia de
Estados Unidos al señor Donald Trump.

O, sin ir más lejos, con las recientes elecciones en Colombia que
aplaude Washington.



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Manuel Yepe

Abogado, economista y politólogo. Profesor del Instituto Superior de Relaciones Internacionales de La Habana, Cuba.

 manuelyepe@gmail.com

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