La hipocresía de la Unión Europea se desborda en torno a Cataluña

Traducción desde el inglés por Sergio R. Anacona

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El presidente ruso Vladimir Putin calificó de "conmovedor caso de doble rasero" cuando señaló cómo la Unión Europea hace la vista gorda a la campaña por la independencia de Cataluña –en rudo contrate con la política intervencionista y de bloqueo en otras partes.

En particular, Putin comparó el caso de Kosovo que declaró su independencia de Serbia el año 2008. En ese entonces la Unión Europea fervientemente respaldó la declaración separatista de Kosovo de la República Serbia, siguiendo la política de Washington para el desmembramiento de Yugoslavia.

De tal modo, según la Unión Europea, el caso de Kosovo es un caso aceptable de secesión, pero no así el caso de Cataluña.

Podríamos también citar Crimea, aunque las circunstancias políticas son muy diferentes.

Crimea realizó un referéndum para separarse de Ucrania y unirse a la Federación de Rusia el año 2014 –luego que el gobierno elegido de Kiev fue derrocado a través de un violento golpe de estado. El punto acerca de Crimea es el siguiente: La Unión Europea nunca ha dejado la cantaleta lo que denomina la ilegalidad del referéndum de Crimea y la supuesta malvada intervención desestabilizadora de Rusia. La Unión Europea ha asestado varios paquetes de sanciones económicas contra Rusia lo cual ha acarreado un grave deterioro de las relaciones.

No obstante puede decirse que el referéndum de Crimea fue realizado constitucionalmente, en cambio la secesión de Kosovo se realizó luego de una agresión militar por parte de la OTAN contra Yugoslavia.

Pero, a pesar de este ultra intervencionismo de parte del bloque europeo en los asuntos internos de Ucrania, incluyendo el apoyo clandestino al golpe de estado en Kiev en el mes de febrero de 2014 los dirigentes de la Unión Europea guardan un extraño silencio en torno a esta crisis al interior de su propio bloque respecto de España y Cataluña.

La región nororiental de España con Barcelona como centro realizó un referéndum el 1º de octubre que a pesar de la violenta intervención de la policía por orden del gobierno central de Madrid produjo una mayoría de sufragios a favor de la independencia.

Mariano Rajoy, primer ministro de España, desde entonces, sin pensarlo dos veces, ha rechazado el resultado del referéndum y ahora procede contra el gobierno regional de Cataluña encabezado por Carles Puigdemont.

El gobernante Partido Popular de Mariano Rajoy ha triturado el plebiscito catalán tildándolo de "ilegal" señalando que viola la constitución de España. Rajoy se ha negado a participar en cualquier negociación con el gobierno regional de Puigdemont a menos que el referéndum sea repudiado –medida que sería en extremo humillante.

La política de Madrid equivale a una violenta represión. A pesar que esta represión se está llevando a cabo al interior de un estado miembro de la Unión Europea, está causando una gran inquietud. Mientras los miembros de la Unión Europea se muerden los labios en torno a la cuestión de Cataluña, contrariamente, pareciera que siempre están listos para condenar a Rusia por la supuesta represión de micro protestas organizadas por el sospechoso disidente, Alexei Navalny.

Se reconoce que el problema catalán está inmerso en un complicado argumento legal. Podría decirse que los catalanes están actuando fuera de la constitución cuando realizan unilateralmente un referéndum. Los catalanes pro independencia replican que les forzaron la mano debido a los años de actitud reacia de parte de Madrid para atender sus aspiraciones separatistas. Existe también un considerable electorado en Cataluña que está contra la independencia de España.

Sin embargo, lo que resulta revelador aquí es la expedita posición asumida por la Unión Europea en torno a la disputa catalana-española. Cuando Mariano Rajoy asistió a la cumbre anual de la Unión Europea antes de este fin de semana, fue generalmente saludado por dirigentes que cerraron filas en su apoyo.

Como lo tituló la agencia Reuters: "Cataluña no tiene amigos entre los líderes de la Unión Europea".

El presidente de Francia, Manuel Macron dijo que se trataba de un problema interno y privado de España y pidió "unidad" para con el premier Rajoy. La canciller alemana, Angela Merkel, hizo énfasis en que la disputa debe ser resuelta "dentro de la constitución" del estado español –desconociendo el referéndum de Cataluña—y apoyando así la posición de Madrid.

"Se trata de un asunto interno español", reiteró el primer ministro holandés, Mark Rutte. La agencia Reuters también citó a un alto funcionario diplomático quien reveló la cínica evaluación que estaban haciendo algunos líderes de gobierno, diciendo que, "No hay mucho que ganar apoyando a Barcelona y si mucho que perder enojando a Madrid".

Quizás fue la ambigüedad del presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, que se ganó el premio a la superficialidad expedita, cuando declaró "No está en nuestra agenda" a los medios de comunicación. "Todos nosotros tenemos nuestra propias emociones, opiniones y evaluaciones, pero hablando formalmente, no existen bases para una intervención de la Unión Europea (en la disputa catalana-española)".

Por supuesto que aquí la preocupación fundamental es que la Unión Europea no desea exacerbar los movimientos separatistas en otras partes de la unión compuesta por 28 estados. El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, admitió que Cataluña podría desatar un "efecto dominó" sentando un precedente para más movimientos separatistas dentro de Bélgica, Italia y Escocia.

Por otra parte, si Bruselas tuviera que mediar en España podría ser acusada de interferir en asuntos soberanos, agregando así leña al fuego de los partidos populistas y euroescépticos que han surgido como urticaria a través de toda Europa, desde los Países Bajos, Dinamarca, Francia, Alemania, Polonia hasta Hungría y posteriormente Austria y la República Checa con Sebastián Kurz y Andrej Babis respectivamente.

Políticamente hablando, la visión agnóstica de la Unión Europea en torno a la cuestión catalana podría ser comprensible teniendo en cuenta los intereses particulares de los gobiernos europeos. ¿Pero dónde están los principios de esa posición?

Al ignorar el problema, la Unión Europea queda expuesta a la crítica de ser inescrupulosa y de promover raseros dobles. Después de todo, los principios para la fundación del bloque, establecen la "solidaridad" con los derechos democráticos de las agrupaciones minoritarias dentro de la unión.

Haciendo uso de la palabra en el foro Valdai en Sochi la semana pasada, el presidente Vladimir Putin no solo destacó la flagrante hipocresía y patrones dobles de la Unión Europea respecto de Cataluña y Kosovo. También señaló que la intrusión de la Unión Europea en los asuntos internos de Serbia el año 2008 sirvió para desatar una política secesionista a través de Europa –la cual ha regresado para cazar a Bruselas.

En momentos en que los líderes de la Unión Europea luchan por mantener su autoridad política y moral ante los ojos de sus electorados, su auto ventajismo y cobarde indulgencia hacia Madrid en torno a Cataluña es un lamentable ataque a su propia imagen.

Todas las mojigatas declaraciones hechas por los gobiernos europeos acerca de los principios democráticos son vistas nada más como una retórica ociosa que puede ser desechada en cualquier momento que sea necesario.

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Finian Cunningham

Analista internacional


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