El candor electoral mexicano

Oír en la TV declaraciones del elector común sobre lo acontecido en la reciente contienda electoral para elegir al presidente de México, deja la impresión de un gran candor popular para entender lo ocurrido con el Instituto Federal Electoral (IFE) y su dudosa actuación de proclamar el candidato ganador. Sin duda, en estos hechos hay elocuente evidencia de gravísimas fallas en el IFE; en los mecanismos de participación ciudadana; y en el conteo manual de votos realizado por “científicos.” En este espejo deben mirarse los aguerridos enemigos del proceso electoral venezolano, si es que a estas alturas, aún no han tenido suficiente con lo ocurrido en Perú, donde es imposible una auditoria de votos; o los aberrantes mecanismos electorales de Colombia; o las absurdas elecciones presidenciales en los EE.UU.: “modelos de democracia”.

Y esta apreciación de ingenuidad en el elector mexicano no carece de lógica. En el siglo XX en México jamás hubo contienda electoral, a no ser la disputa interna en el PRI para sacar el “gallo tapado”, que sería el sucesor en la presidencia de la República. Durante setenta años las mayorías nacionales mexicanas permanecieron al margen de la participación en la contienda política para la elección de un candidato ajeno al PRI. El presidente escogido (elegido) en el seno del partido, era ratificado por elección nacional para presentarlo ante la comunidad internacional como expresión de la “democracia.”

Así ocurrió durante décadas, hasta que surge la propuesta de la izquierda, nace la controversia política; se activa la participación popular; y comienza a ser cuestionado el predominio de setenta años del PRI. Este intento de cambio fue derrotado en 1988 por el fraude contra Cuahtemoc Cárdenas y a favor de Salinas de Gortari. En la elección del año 2000, ante el deterioro del PRI, imponen el candidato de la derecha, “cachorro” del Imperio (Fox), que dispuso de todos los poderes mediáticos y financieros (además del fraude).

Las mayorías nacionales permanecían ajenas a toda participación para cambiar el rumbo trazado por el PRI. Fueron 70 años de mansedumbre política. Algo parecido a lo ocurrido en Venezuela a partir de 1958. El elector iba a las urnas con la misma ingenuidad atribuible al actual y novato elector mexicano. Durante cuarenta años el péndulo adeco/copeyano llenó todo espacio político. Pero en ese lapso, el pueblo aprendió la contradicción entre su propia realidad y la promesa, mentira y engaño de los partidos gobernantes. Aquí hubo cuarenta años de aprendizaje. Mientras en México fueron setenta años de sumisión impuesta por la dictadura del PRI. Por ello se nos ocurre calificar de inexperta, candorosa, la actitud hasta ahora asumida frente al fraude. Veremos si las mayorías mexicanas, como en 1988, aceptan el fraude o enfrentan el poder de los fámulos del imperio.


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León Moraria

Nativo de Bailadores, Mérida, Venezuela (1936). Ha participado en la lucha social en sus diversas formas: Pionero en la transformación agrícola del Valle de Bailadores y en el rechazo a la explotación minera. Participó en la Guerrilla de La Azulita. Fundó y mantuvo durante trece años el periódico gremialista Rescate. Como secretario ejecutivo de FECCAVEN, organizó la movilización nacional de caficultores que culminó en el estallido social conocido como el ?caracazo?. Periodista de opinión en la prensa regional y nacional. Autor entre otros libros: Estatuas de la infamia, El Fantasma del Valle, Camonina, Creencia y Barbarie, EL TRIANGULO NEGRO, La Revolución Villorra, los poemarios Chao Tierra y Golongías. Librepensador y materialista de formación marxista.

 leonmoraria@gmail.com

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