Pedagogía social

La emigración al "Imperio"

Ayer viernes 1° de julio de 2016 salí, como todos los días, a mi jornada de rutina. Jubilado, pensionado, todavía con algunas responsabilidades encima, trato de estirar todo lo posible, como todo venezolano de a pie, los ya precarios ingresos que obtenemos del Estado luego de dedicar buena parte de nuestra existencia a asegurarnos un futuro digno. Mi hija mayor me dejó en el cuartel Libertador, adyacente a Luz, donde todavía concurro al Centro Experimental de Estudios Latinoamericanos "Dr. Gastón Parra Luzardo", Ceela, a tratar de pergeñar algunas cuartillas para contribuir, como lo hacemos desde hace varios lustros, a alimentar alguna de las tantas revistas que edita la universidad a través del Condes. Allí compartimos, además, con algunas y algunos colegas y empleados en el sano afán de cordializar y socializar con ellos, a la vez que distraernos en la conversación común de estos días, la carestía de la vida.

El tema de ayer fue la "fuga", "huida", "autoexilio", de compatriotas a otro destino. La mayor parte de ellos al "imperio" en busca de ¿El Dorado? A España no, muy solicitado antes, porque de este país están "huyendo" los mismos hispanos. Algunos hablan de los centenares de miles que ya se han ido y de otros tantos que arreglan sus maletas para seguirlos. Y nos preguntamos: en su yo interno ¿qué piensan del futuro de su país estos compatriotas ya idos y otros potenciales emigrantes? Después del lugar común de que en este país ya no se puede vivir, la respuesta obligada es: van en busca de mejores oportunidades, de realizarse allá en el norte, de superarse, en el país que recibe con los brazos abiertos y las oportunidades de trabajo y bondadosos salarios a nosotros los "sudacas". Al país donde es tema de discusión de nunca acabar en el Congreso estadounidense una Ley que limite, no tan sólo la entrada y permanencia de los afrolatinos, de los mestizos, de los de piel cobriza en ese país, sino el trabajo, ya que uno de los argumentos es que le quitan puestos de trabajo a los "gringos", trabajo que no quieren realizar por jornales de hambre que a los "sudacas" les pagan, sueldos miserables, sin beneficios sociales de ninguna naturaleza.

Dentro de algunos años, cuando esto haya cambiado, porque aquel viejo cuento de que "esto no lo arregla nadie", no es otra cosa que eso, un cuento de los que no están dispuestos a "joderse" por su país, entonces sí, entonces regresarán. A reclamar ¿qué? ¿El premio por el "sacrificio" de haber vivido varios años en el mejor país del mundo dándose "la gran vida?

Acabo de regresar de un evento de esos donde un venezolano que no se ha ido, ni se irá nunca, hizo una serie de planteamientos, todos ellos como una contribución para salir adelante de esta situación crítica que atravesamos. Y como él, muchos otros lo están haciendo a lo largo y ancho del país. ¡Ah, que vamos hasta ahora por el camino equivocado! Los indicadores no dicen nada positivo, pero tenemos que insistir, desde aquí adentro, en arreglar esta crítica situación, que por lo demás no obedece a ninguna ley de la ciencia económica. El desabastecimiento, el acaparamiento, la especulación y su hija expósita, la inflación, no surgen de la noche a la mañana así, espontáneamente. No, aquí concurren otros factores extra económicos, factores políticos, cuyo último fin, declarado una y mil veces, es el derrocamiento del gobierno. Que por lo demás mucho ha hecho para agravar la situación.

Otra pregunta: ¿será que quienes se han ido o piensan irse han pensado hacer como Bolívar?, quien varias veces salió expulsado, perseguido, para volver luego con más bríos, con nuevos planes, a luchar por su patria. Y luego que aquí logró su propósito, se fue a liberar otros pueblos con su ejército de llaneros, de indios, de descamisados. Éstos que se van ahora, que se están yendo, que planean irse, sólo piensan en sí mismos, no en su familia, eso es falso dígalo quien lo diga. Los que se van, acostumbrados al consumismo, consumen allá en su destino lo poco o mucho que puedan devengar. Ni un churupo arriman para los parientes que aquí quedan. Lo dicen las estadísticas. Los venezolanos que se van son los peores emigrantes latinoamericanos que existen. Así lo informan las estadísticas de las remesas, donde figuran en primer plano haitianos, dominicanos, jamaicanos, salvadores, hondureños, colombianos, peruanos, mexicanos...Los venezolanos figuramos en el puesto 23° de 25 países cuyas remesas son registradas por los organismos internacionales que hacen seguimiento a esos indicadores. Deberían adquirir carta de ciudadanía en aquellos países y no volver. Ya se fueron de un país que los vio nacer, crecer, que les dio estudios y salud a costos muy importantes, y se han ido a ofrecer, a vender sus conocimientos, su formación, su preparación, a un país extranjero que en nada contribuyó a su formación, que no los está llamando, pero que sí está dispuesto a explotarlos, a exprimirles hasta la última gota de sudor y de preparación que aquí hayan adquirido, como lo han hecho con éste y decenas de países de todo el orbe durante más de cien años.

En el salón donde se realizó la presentación en comento, estábamos unas 120 personas, ninguna de las cuales, por supuesto, dispuesta a irse, pero sí a oír propuestas, a alimentar sus ideas con el propósito, quizás, de redondear alguna que ya chisporrotea desde hace algún tiempo en su cabeza. Fueron dos horas, una de exposición amplia, muy pedagógica, ilustrativa, donde se trató con amplitud cada uno de los siguientes temas: 1) "Un compromiso con el sector privado es necesario". 2) "Hay que subir la producción petrolera a todo riesgo".

3) "Economía y elecciones en el centro del debate". 4) "Que cese el financiamiento del déficit a través del BCV". 5) "Necesario renovar el modelo socialista venezolano".

Terminada la exposición, las inquietudes quedaron, se multiplicaron. La gente no se fue; al contrario, se formaron varios grupos espontáneos para insistir en los temas propuestos, cada quien en el afán de hacer algún aporte, de contribuir con ideas en la búsqueda militante de soluciones. Ésos son los venezolanos que necesita el país, no los que se van porque no están dispuestos a luchar desde aquí, armando, formando trincheras de luchas, de ideas. Los que se fueron, los que se están yendo, llevan un rencor por dentro, van a hablar mal de Venezuela, de su país. Que les vaya bien, ojalá no vuelvan porque no quieren a su patria.

Este país se arreglará más pronto que tarde, nuevas ideas, nuevos propósitos, nuevos planes, surgirán, no hay duda de eso. En peores situaciones nos hemos visto. Hace años, muchos años, cuando Venezuela apenas contaba con dos universidades, ningún banco, sin administración pública, sin un pozo petrolero, acosado por guerras civiles, con la población, la ganadería y los campos diezmados, con un 80 % de su población analfabeta, poblada solo de campesinos, conuqueros, pescadores, sin carreteras, sin hospitales, salimos adelante. Y ahora, con 100 universidades, decenas de tecnológicos, 1.000 hospitales, miles de kilómetros de carreteras, decenas de miles de técnicos y profesionales, donde hace apenas tres años teníamos la mejor distribución del ingreso de América Latina, el mejor índice de bienestar, donde prácticamente no existían ingresos fiscales salvo los petroleros, con siete de las quince metas del milenio alcanzadas y superadas, ¡CLARO QUE SALDREMOS ADELANTE!

 

 

 

 



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César Eulogio Prieto Oberto

Profesor. Economista. Miembro de Número de la Academia de Ciencias Económicas del Estado Zulia. Candidato a Dr. en Ciencia Política.

 cepo39@gmail.com

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