Hace 100 años...y todavía en las trincheras

En este año se marca el 100º aniversario de las dos más grandes matanzas militares de la historia –las batallas de Somme https://en.wikipedia.org/wiki/Battle-of-the-Somme
y Verdún   https://en.wikipedia.org/wiki/Battle-of-Verdun
ambas ocurridas durante la Primera Guerra Mundial.  Resulta impactante, cuando analizamos la mentalidad actual de los traficantes de la guerra de las potencias de la OTAN encabezadas por Estados Unidos podríamos llegar a la conclusión que no ha habido muchos cambios en lo fundamental.  Contemplamos el mismo criminal derroche del potencial humano por parte de oligarquías que no rinden cuentas a nadie.  

Durante las campañas del Somme y de Verdún, ambas partes sufrieron la pérdida de dos millones de muertos, tanto por el ejército británico y el francés en la guerra de trincheras con su enemigo alemán.  La batalla del Somme fue la más letal de toda la guerra llevada a cabo entre los meses de julio y noviembre de 1916 mientras que Verdún fue la más larga batalla que se prolongó desde el mes de febrero hasta diciembre del mismo año.  

Para el ejército inglés el día inaugural de la batalla del Somme permanece como el peor día de la historia militar, sufriendo alrededor de sesenta mil muertos y desaparecidos en cuestión de horas.

La Primera Guerra Mundial que se prolongó desde 1914 hasta 1918 y que se luchó principalmente en territorio francés involucrando a las grandes potencias europeas –incluyendo a Rusia—una contra otra, produjo un total de 17 millones de muertos de los cuales –la mayoría, 11 millones—eran militares.  

Resulta asombroso pensar que apenas veinte años después, tuviera lugar una guerra mundial aún más catastrófica   La Segunda Guerra Mundial que se prolongó desde 1936 hasta 1945  produjo por lo menos sesenta millones de muertos.  Además, en esa carnicería fue la población civil la que aportó la vasta mayoría de los muertos.  

Ambas guerras se tornaron emblemáticas de las matanzas a escala industrial.  Ametralladoras, tanques, aviones y barcos de guerra fue desplegados a escala nunca antes vista en la historia de la guerra.  

Sin embargo, la Primera Guerra Mundial quizás se destaca como la más inútil y la más salvaje.  Después de todo, la Segunda Guerra Mundial se conoció en Rusia como la Gran Guerra Patria cuando hombres y mujeres de la manera más valiente entregaron sus vidas para derrotar a la ideología brutal y genocida del imperialismo fascista esgrimida por las Potencias del Eje encabezadas por la Alemania Nazi.

En contraste, no hubo semejante y noble contenido moral o ideológico en torno a la Primera Guerra Mundial.  Sencillamente se trató de una arrebatiña de poder entre las monarquías y las gobernantes clases capitalistas de Europa.  No se trató de ninguna coincidencia que la matanza de millones de ciudadanos comunes en las trincheras estimulara fermentos insurreccionales como la Revolución de 1917 de los trabajadores rusos.  La guerra también estimuló los movimientos obreros y a los políticos socialistas a través de Europa y Estados Unidos en su aversión ante la barbarie de los gobernantes traficantes de la guerra.

Cuando examinamos las batallas del Somme y de Verdún, no podemos dejar de asombrarnos ante la depravación de la matanza.  Durante días, semanas y meses a oleadas tras oleadas de hombres desde las líneas opuestas, siguiendo órdenes superiores, avanzaban sobre la tierra de nadie donde morían destrozados por los obuses y el fuego de ametralladoras.

Millones de seres humanos fueron obligados a soportar privaciones extremas, enfermedades, hambre, el terror causado por las armas químicas y el infierno de ver como sus compañeros eran  mutilados en las trincheras infestadas de ratas.

¿Y todo para qué?  Con todo el lodo y la carnicería destilando sangre, las líneas del campo de batalla apenas experimentaban algún cambio a  través del flujo y el reflujo de la matanza.  Y todo este sufrimiento debido a la rivalidad y el prestigio de una pequeña clase dominante del respectivo país en guerra, la cual a su vez obtenía inmensas fortunas financieras gracias al genocidio.

Sin embargo el aspecto contemporáneo sería como sigue: Al examinar el mundo moderno, nos preguntaríamos ¿algo habrá realmente cambiado en nuestro mundo moderno?  El mismo grosero despilfarro de recursos y vidas humanas pareciera prevalecer.   Todo a favor de los gobernantes que no rinden cuenta a nadie y a sus amos corporativos.  

Estados Unidos y sus aliados occidentales, Gran Bretaña, Francia y otros miembros de la OTAN, se calcula que cada año destinan un estimado total de un millón de millones de dólares para gastos militares.  Estados Unidos asume la mascada del león, con unos 600 mil millones de dólares.

En comparación, los gastos militares de la alianza encabezada por Estados Unidos en  la economía productiva y los servicios públicos de educación y salud son solo una fracción de lo que destinan para los medios de guerra.

Durante la última Cumbre de los G7 http://www.japan.go.jp/g7/
el conjunto de los líderes reunidos, según se informa, expresaron su preocupación por el descenso de las perspectivas de crecimiento económico, la creciente pobreza y el desempleo dentro de sus sociedades.  ¿No es acaso ridículo que estos supuestos líderes expresen semejantes preocupaciones en circunstancias que ellos mismos destinan cada año millones de millones de dólares en sus maquinarias de guerra?  

Por ejemplo, ¿en qué proporción el problema del desempleo en Francia podría ser resuelto si su gobierno en adelante destinara los 50 millones de dólares para gasto militares que su país destina cada año, los dedicara a actividades socialmente productivas?  

No obstante y de manera perversa, el gobierno francés de Francois Hollande, exige en cambio que los derechos de los trabajadores y los servicios públicos sean recortados con el objeto de estimular la economía.  

La misma malévola inutilidad puede señalarse en relación a Estados Unidos, Canadá, Gran Bretaña, Alemania y otros.  ¿Cómo es que en las supuestas democracias se permite que la incesante mala asignación de recursos económicos se lleve a cabo sin el más mínimo debate público y para qué decir, crítica?  ¿No es acaso prueba del despotismo que una minúscula fracción de la sociedad pueda someter a la mayoría a un chantaje destructivo?

Más aún, el despilfarro de tanto potencial económico y  social en forma de militarismo entre las potencias de la OTAN engendra la despreciable lógica de hacer la guerra total.  Resulta verdaderamente alarmante como Estados Unidos y sus aliados de la OTAN se encuentran elaborando el caso para una guerra contra Rusia o contra China –todo sobre la base de espurias reclamaciones o por negarse a resolver supuestas disputas a través de la diplomacia y el diálogo.

No es sorprendente que Rusia y China se vean obligadas, del mismo modo, a dedicar una mayor cantidad de recursos económicos en gastos militares a expensas del desarrollo social y productivo dentro de sus sociedades.

El círculo vicioso del militarismo y la guerra se hace global y auto sustentable, además que el ímpetu de esta dinámica catastrófica es en gran medida iniciado por una oligarquía social de patrones corporativos, del capital financiero, cabilderos y políticos comprados.

A un siglo del horror de la Primera Guerra Mundial y sus épicas matanzas, no es exagerado sostener que la mayoría de nosotros los seres humanos, aún estamos siendo obligados en contra de nuestro mejor juicio y necesidades, de ir a la guerra mandados por una oligarquía de generales de salón, políticos y financistas.

¿Cómo es posible que nosotros estemos efectivamente sumidos en la  pobreza y las carencias sociales esperando el estallido de la guerra?  

A cien años del Somme y de Verdún, seguimos en las trincheras.

Nota.- Sus comentarios y opiniones acerca de este artículo serán bienvenidos en

            Editorial@strategic-culture.org

*Traducción desde el inglés por Sergio R. Anacona



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Finian Cunningham

Analista internacional


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