Secuelas de la ley de ajuste contra Cuba


Ahora que se ha incrementado el número de ciudadanos estadounidense
que visitan a Cuba –aún no pueden hacerlo como turistas, pero sí con
permisos especiales que otorga el gobierno de su país en virtud de la
voluntad expresada por el Presidente Obama de avanzar hacia la
normalización de las relaciones– son muchos los que, solo una vez en
la Isla, conocen de otras características sorprendentes de los
vínculos migratorios de su país con el vecino.
Como regla, durante el último medio siglo, el ciudadano promedio
estadounidense solo ha tenido acceso, a dramáticas noticias sobre
"fugas del comunismo" protagonizadas por cubanos "amantes de la
libertad", u otras relacionadas con la mala situación económica por
que atraviesa la isla y el descontento en que vive su población por
ello.
A su llegada se enteran que los cubanos han tenido, desde los años
1960, la singular ventaja de ser automáticamente admitidos como
futuros ciudadanos de los Estados Unidos con solo declarar que son
contrarios al gobierno de su país. Esta prerrogativa no se ofrece a
ninguna otra nacionalidad del planeta.
Indagan por qué a Cuba se le aplican reglas tan diferentes de las que
se emplean con los demás nacionales del tercer mundo - como los
mexicanos y centroamericanos- que son cazados como criminales
peligrosos cuando intentan cruzar la frontera, en el caso de
dominicanos y haitianos cuando son capturados en la travesía marítima
desde sus países y devueltos sin compasión… ni publicidad.
Ignoran que los objetivos del "embargo" a que han estado sometidos los
cubanos durante más de medio siglo fueron trazados el 6 de abril de
1960 por el Secretario Adjunto del Departamento de Estado, Lester D.
Mallory, en documento secreto desclasificado en 1991, que expresaba
que "debido a que el pueblo apoya tanto a Castro, habría que derrotar
la revolución cubana por medio del desencanto y el desaliento basados
en la insatisfacción, y crearles dificultades económicas…negarles
dinero y suministros, para disminuir los salarios reales y monetarios
a fin de causar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno
cubano…".
Esta genocida política de bloqueo económico, comercial y financiero de
los Estados Unidos contra Cuba fue complementada desde noviembre de
1966 con la Ley de Ajuste Cubano, que habilita automáticamente a los
cubanos llegados -legal o ilegalmente- a territorio de Estados Unidos,
para adquirir residencia permanente al cabo de apenas un año y un día
de su entrada al país. Esta Ley no sólo ha sido utilizada con
propósitos publicitarios y para sustraerle a Cuba médicos,
científicos, técnicos, artistas y profesionales de todas las ramas del
saber y los servicios, sino que también ha sido blandida, amenazante,
como eventual recurso para provocar una crisis migratoria que serviría
de pretexto para una agresión militar.
Los grandes avances sociales y las victorias políticas de la
revolución han contrarrestado los esfuerzos de la superpotencia por
quitarle el apoyo patriótico popular masivo de que disfruta el
proyecto socialista cubano, pero los más de cincuenta y cinco años de
guerra económica de Estados Unidos contra Cuba han impedido que la
sociedad cubana se desmarque del síndrome migratorio que afecta a toda
América Latina y al Tercer Mundo en general.
Si las leyes del "embargo" buscan "causar desesperación y hambre" en
los cubanos, la Ley de Ajuste les invita a renunciar a los esfuerzos
comunes por revertir estas condiciones y, en vez de ello, escapar a
una sociedad opulenta, prohibida para otros ciudadanos del mundo
subdesarrollado, a cambio del riesgo de sus vidas y un poco de
publicidad contra su patria en aras de tal privilegio.
Los aspirantes a emigrar convocados por la Ley de Ajuste Cubano sirven
a Washington como supuesta "evidencia del fracaso del sistema
comunista imperante en la Isla, la ruina de su economía y el
incremento de la represión política del régimen cubano".
Desde 1961, las penurias materiales impuestas a la Isla por el bloqueo
económico de Estados Unidos son la motivación principal de los cubanos
que emigran, aunque invariablemente los grandes medios de prensa
controlados o influidos por Estados Unidos les identifican como
exiliados políticos, disidentes, evadidos del comunismo o luchadores
por la libertad y la democracia.
Al producirse a fines de 2014 el anuncio del restablecimiento de
relaciones diplomáticas entre Cuba y EEUU como parte de un proceso
hacia la formulación de nexos normales, muchos cubanos temieron que
pronto desaparecerían los privilegios migratorios que, con viles
fines, ofrece la Ley de Ajuste y se apresuraron a hacer uso de las
ventajas migratorias aún vigentes.
Sobrevino por ello la nueva crisis migratoria que ha dejado a varios
miles de cubanos varados en terceros países por la absurda política
anticubana de Estados Unidos. Como en las anteriores, solo la
rectificación de estas políticas puede aportar una solución viable y
duradera, que ojalá pueda hallarse en el contexto de los esfuerzos
actuales de rectificación emprendidos por la superpotencia en sus
relaciones con Cuba. Diciembre 22 de 2015.



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Manuel Yepe

Abogado, economista y politólogo. Profesor del Instituto Superior de Relaciones Internacionales de La Habana, Cuba.

 manuelyepe@gmail.com

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