Un decálogo en torno a Paulo Freire

1. Paulo Reglus Neves Freire nace en Brasil, Recife, a inicios de la segunda década del siglo XX, un 19 de septiembre de 1921. Transitaba sus 22 años de edad cuando ingresa a la universidad de su ciudad natal, en Pernambuco. Transita derecho, filosofía y, también, la psicología del lenguaje. Pero el ejercicio docente lo atrapa y se quedará dictando clases de portugués en secundaria. A los 24 años contrae nupcias con una maestra de primaria, Elza Maia Costa de Oliveira, con quien procrea 5 vástagos. La experiencia de la pedagogía liberadora tiene su acción práctica, cuando en el año 1962, enseñó a leer y escribir a 300 trabajadores de los plantíos de caña de azúcar en sólo 45 días. Quizás, desde entonces y junto al monumental éxito, también, de la experiencia cubana, la alfabetización se convertiría en emblema en uno de los hechos socio-educativos-culturales de la revolución en América Latina. Freire tal como alcanzó a ser ministro de educación de su país, también fue preso político y exiliado de la dictadura gorila brasileña. Su propuesta sobre la pedagogía crítica implica un binomio: aprendiz-maestro, que se transforman por una praxis concreta, e históricamente determinada, en sujetos políticos en acción. Todo ello se traduce en una de sus máximas: la lectura del mundo precede a la lectura de la palabra. A ese postulado, de largo aliento marxista, va unido un militante y comprometido compromiso social católico. La fe como expresión de la acción social transformadora, liberadora. Ello se expresa en su obra, de 1975, de dos ediciones en ese mismo año, Editorial Tierra Nueva, intitulado: Acción Cultural para la Libertad.

2. En la parte 6 del trabajo citado llega a decir: Los grupos revolucionarios tienen una naturaleza utópica, al contrario de la derecha que tiene una imposibilidad congénita de ser utópica. Esta no es una distinción arbitraria, sino que sirve para diferenciar radicalmente los objetivos y las formas de acción llevadas a cabo por los grupos revolucionarios y por los grupos de derecha. La utopía revolucionaria tiende a ser dinámica antes que estática; tiende a la vida antes que a la muerte; al futuro, como un desafío para la creatividad humana, antes que como una repetición del presente; al amor como liberación de sujetos, antes que como posesión patológica; a la emoción de la vida antes que a las frías abstracciones; a vivir conjuntamente en armonía, antes que gregariamente; al diálogo antes que al mutismo; a la praxis antes que a la ley y al orden; a hombres que se organizan reflexivamente para la acción, ante que a hombres organizados para la pasividad; al lenguaje creador y comunicativo, antes que a signos prescriptivos; a desafíos reflexivos, antes a eslóganes domesticadores; y a valores que se viven , antes que mitos impuestos. Es indispensable que los revolucionarios sean testigos cada vez más de la diferencia radical que los separa de la elite derechista. No es suficiente condenar la violencia de la derecha, su postura aristocrática, sus mitos. Los revolucionarios debe probar su respeto por el pueblo, su confianza en él, no como meta estratégica, sino como condición implícita para ser un revolucionario. Esta confianza en el pueblo es fundamental en todos los momentos, pero especialmente en el período de transición...

3. La primera lectura que emprendimos de este autor fue Pedagogía del Oprimido, editado 1970, para luego arribar a la Educación como práctica de la Libertad, publicado en 1967. De alguna manera se principió la lucha contra la Educación Bancaria. Participamos en procesos de alfabetización en la parroquia La Vega, junto a sacerdotes y religiosos que realizaban una pastoral de educación popular. Necesariamente, tenía que ser una teoría que se pudiera convertirse en práctica… La cultura del silencio requería no tanto de la voz de aquella cultura, sino en uno de los instrumentos de expresión de aquella voz todavía ausente. Tales lecturas la hicimos en la década de los años setenta en el transcurso de un bachillerato lleno de batallas, trabajo cultural y militancia socio-política. Existen 29 máximas más 11 postulados sobre educación y transformación social de Paolo Freire. Ello arroja un total de 37 premisas, proposiciones y principios educativos-sociales del pensamiento de la pedagogía crítica. Es preciso reinventar el mundo, propone. La educación es indispensable en esa reinvención. Pero también advierte: La educación no cambia el mundo, cambia a las personas que van a cambiar el mundo. No Menos de 31 libros y trabajos publicaría Paolo Freire. No puedes enseñar a amar. La única forma de enseñar a amar, es amando. El amor es la transformación definitiva.

4. Freire ofrece un poderoso instrumento teórico-práctico para emprender, resuelta y decididamente, la Revolución Cultural, la cual tendría dos vertientes, inseparables, históricamente dialécticas, complementarias. Tremendamente justa y necesaria. Una vertiente, de totalidad, la Revolución Social y otra vertiente, de carácter particular, la Revolución Educativa. Lástima que dicha expresión fue tan manida por la derecha venezolana en los gobiernos de la de la IV República, que ya produce cierto terrible escozor de duda. Sin embargo, es vital emprenderla. Un país que alcanza a alfabetizar 1 millón 500 mil seres humanos tiene que estar, de algún modo, transitando un proceso de transformación social. Un programa social, el Plan Extraordinario Mariscal Antonio José de Sucre, popularmente conocido como Misión Sucre, el cual entre los años 2003 al 2015, en 12 años ha alcanzado egresar 300 mil profesionales, en 26 carreras universitarias, tiene que estar diciendo algo. En otras palabras, ello significa que se han graduado, en promedio, 25 mil participantes. De cada período de cuatro años han egresado 10 mil profesionales. Algo tiene que decir sobre alguna manera de emprender una transformación. Las mil 193 Aldeas Universitarias se han desarrollado como un producto social educativo-cultural de sinergia institucional y participación comunitaria. La universidad ha llegado a cada puerta de las casas, en municipios y parroquias, de venezolanos y venezolanas, garantizando el acceso, en tanto derecho constitucional, gratuito a la educación universitaria. Ello da cuenta, de una u otra manera, de que si existe un proceso educativo revolucionario, el cual podría estar inspirado no sólo en Simón Rodríguez sino, también, en Paolo Freire.

5. Un verdadero proyecto revolucionario…con una dimensión utópica es un proceso en el que el pueblo asume el papel de sujeto, en la aventura de transformar y re-crear al mundo. La derecha, necesariamente, se opondrá a tal proyecto, y tratará de inmovilizarlos. De esa manera, y usando los términos de Erich Fromm, la utopía revolucionaria es biofílica, mientras que la derecha, en su rigidez, es necrofílica. Las muertes pensadas del 11 de Abril y las 43 asesinatos recientes constituyente una escandalosa prueba de esta derecha políticamente apátrida y asquerosa. La cultura de la muerte es justificada por las sotanas de la jerarquía miserable. Mientras que le fe de Freire es expresión de la fe católica liberadora. Por qué no se han pronunciado sobre los degollados, acto vil y asqueroso, obispos de una infinita podredumbre espiritual. Sólo se les pide un mínimo de gesto cristiano. Aviesos, trogloditas espirituales, politiqueros de mierda.

6. La utopía revolucionaria tiene dos vertientes, históricas, complementarias, concomitantes que implican, por un lado, la denuncia de una realidad injusta y, por el otro, la proclamación, decidida, de un pre-proyecto, de formación económica social, de justicia y paz. Por ello, los líderes revolucionarios no pueden: denunciar la realidad sin conocerla, proclamar una nueva realidad sin tener el esquema de un proyecto que, aunque emerja de las denuncia, sólo se hace viable por la praxis. Un revolucionario no puede conocer la realidad sin confiar en el pueblo, así como en hechos objetivos que deben ser la raíz del conocimiento. No puede denunciar y proclamar individualmente. No puede crear nuevos mitos de la denuncia y de la anunciación. Es requerido un deber ser anti-ideologías, en la medida en que resultan de un conocimiento científico de la realidad. Y finalmente, un revolucionario no puede renunciar al pueblo, no sólo durante el período entre la dialéctica de la denuncia y de la anunciación y la concreción de un proyecto viable, sino también en el acto de darle a tal proyecto los datos de la realidad concreta. Así proclama Freire la palabra.

7. Paolo Freire empieza asomar algunas categorías que comienzan a ser parte de un tejido teórico y de una praxis social revolucionaria, que lleve a la concientización del pueblo, a través de una radical denuncia de las estructuras deshumanizadoras y de la derecha, la cual sólo inventa formas de acción cultural para la dominación. Algunos de esas categorías: acción cultural para la libertad, acción cultural dialogal, acción cultural para la dominación, concientización popular, comunión con el pueblo, cultura del silencio y revolución cultural, entre otras tantas. En torno a ésta última precisa: Toda revolución cultural tiene como finalidad la libertad. La acción cultural, al contrario, si es patrocinada por el régimen opresor, puede ser una estrategia para la dominación, y en este caso nunca se transforma en revolución cultural. La revolución siempre es cultural, si se da en la fase de denuncia de una sociedad opresora y de proclamación de una sociedad justa, o en la fase de la nueva sociedad inaugurada.

8. El legado de Freire convoca. El proceso venezolano parece haber saldado cuentas con la ausencia de la cultura académica, la cultura letrada y con el devenir cotidiano de la cultura popular, anda haciendo gestos interesantes. Reconocimientos importantes a nivel mundial lo expresan. Sería mezquino no reconocerlo. No obstante, todavía no se emprende una política pública con la cultura festiva, con la cultura popular residencial, de largo aliento. Todavía parece practicarse más una pedagogía bancaria que una andragogía revolucionaria. Parece que acabamos de descubrir la frontera y desde hace rato, un largo rato, el vallenato se ha posesionado en el barrio. Parece existir la ausencia, total, de una política cultural pública con las comunidades étnicas binacionales-biculturales. La cultura del Mis Venezuela se ha vuelto a expandir sobre el entramado popular, sólo que ahora el sistema de orquestas interpreta el mambo. Y tves trasmite La Hechizada. El trajín descarado de 25 mil millones de dólares le cambia la vida cultural a cualquiera. Pero la cultura popular sabe inventarse sus sancochos. Esta guerra económica también es cultural y en esa materia somos los Poderes Creadores del Pueblo. Lo dijo Freire: Decir la palabra verdadera es transformar al mundo.

9. Los temas y tópicos de la Educación Popular se cruzan con los de la Cultura Popular. Mientras la primera ha tomado un claro perfil histórico, definitivo, determinante; la segunda anda por las dudosas teorías interpretativas, sino por la negación de quienes la usaron como bandera de combates y luchas sociales pero ahora tienen cierta pena y lamento. Pero en este segundo caso, el Campo Industrial Masivo tiene sus narices metidas hasta los teque-teque. Se ha impuesto que lo popular es que alcanza el Campo Industrial Masivo y ello es precisamente inexacto. Lo popular se relaciona tremendamente con la Cultura Residencial, aquella que brinda sentido de pertenencia. Aquella sin con la cual sería imposible afirmar: yo pertenezco aquí. Los seres humanos en una formación económico social históricamente determina alcanzan un determinado nivel académico. Utilizan los bienes culturales de lo producido industrialmente y masificado pero qué los diferencia, cuál es la particular característica que los hace ser culturalmente de una determina geografía, de una determinada cosmovisión. Las maneras particularmente culturales de asistir a la vida. Quién puede imaginar al pueblo venezolano sin una hallaca en tiempos decembrinos. Los únicos estúpidos históricos que propusieron comer hallacas en enero fueron las derechas venezolanas. Tan rancias y sin ningún sentido de pertenencia. Así sean poquitas y elaboradas, ahora, entre varias familias, las hallacas, las arepas y el sancocho forman parte de nuestra cosmovisión étnica cultural, sólo para citar algunos ejemplos. Esa cultura culinaria brinda sentido de pertenencia, alegranza y fe. Un encuentro cultural se sucede para compartir la cultura indígena de la cayapa, la alegranza de la fe católica popular y el maravilloso encuentro familiar. Una nación que cultiva y realiza una cultura festiva numerosísima y extraordinariamente diversa tiene en su alma una tradición peligrosamente revolucionaria. Dicen en Curiepe, llévese su bastimento, yo sé lo que le digo. Hay algo allí de primavera archivada, para decirlo con las palabras de Aquiles Nazoa.

10. Afortunadamente, existen educadores venezolanas y venezolanas, que no han olvidado a Pablo Freire y sus propuestas, anualmente, tienen una presencia significativa con la reflexión, las mociones educativas, la propuesta actualizada. Digo que las estrellas le dan gracias a la noche porque encima de otro coche no pueden lucir más bellas. En esta batalla es posible cansarse pero nunca, nunca, claudicar. En esta guerra popular prolongada, que nadie, pero que nadie, dude que el amor el nuestra arma.El amor por la humanidad doliente es el primer acto revolucionario.

 



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Efraín Valenzuela

Católico, comunista, bolivariano y chavista. Caraqueño de la parroquia 23 de Enero, donde desde pequeño anduvo metido en peos. Especializado en Legislación Cultural, Cultura Festiva, Municipio y Cultura y Religiosidad Popular.

 efrainvalentutor@gmail.com

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