Imperialismo y balcanización

El imperialismo estadounidense es buen heredero del imperialismo británico. Si estudiamos detenidamente su accionar durante los últimos 70 años nos damos cuenta, sin dificultad alguna, cuánto se parecen. Nadie puede dudar, a la hora de analizar similitudes, la relación padre e hijo entre uno y otro. Uno se presenta ya desgastado, con síntomas evidentes de arterosclerosis, con pocos reflejos y sumamente irascible. Este es el hijo, se entiende. El padre, por supuesto, presenta estos mismos síntomas, pero potencializados por su decrepitud. Ambos decadentes, pero ambos también peligrosos, agresivos, criminales como en su juventud o más aún.

Dividir para debilitar y así reinar es la guía de acción que siempre ha impuesto el imperialismo. La balcanización de América Latina se debe, entre otras razones, al arte de la diplomacia, las libras esterlinas y los cañones ingleses. En otras regiones del planeta, con mayor o menor éxito, también lo han hecho. El saldo ha resultado positivo para el imperialismo, a tal punto que esa metodología, prácticamente sin grandes modificaciones, se sigue ejecutando con ese manual ya casi bicentenario.

Como ayer fue Yugoslavia, hoy es Siria e Irak las víctimas del descuartizamiento. En Libia ya llevaron a cabo la mitad de lo planificado, falta solo la segunda parte, que es la conformación de los nuevos estados "independientes" y la distribución de sus respectivos tutores. El método es generar caos, descontrol, desgobierno, destrucción de lo establecido; luego más caos hasta límites antes nunca vistos, y recién ahí, cuando el pueblo está desgastado de tanto dolor, muerte, injusticia y violencia, la "pacificación", que necesariamente implicará el reparto territorial. La culpa de tantas calamidades no será nunca del imperialismo, sino que será del nuevo país o países vecinos. Los odios entre ellos serán estimulados, quienes antes vivían en un mismo espacio ahora serán enemigos a muerte. Solo se podrá convivir bajo el arbitraje de una fuerza mayor, por fuera, que tenga autoridad suficiente para cumplir el papel de árbitro y mantener el orden. Estados Unidos, Francia, Inglaterra, Holanda… siempre estarán dentro de esos países con posibilidades de garantizar la estabilidad.

En realidad muchos sabemos que grupos, como Al-Qaeda, Al-Nusra, el Estado Islámico, Boko Haram, y otros similares, son simples organizaciones mercenarias armadas, financiadas, entrenadas e inventadas por el imperialismo. A veces directamente por el ejército estadounidense, otras veces por diferentes miembros de la OTAN, o por la Mosad, o por simples gobiernos serviles que se prestan a ello.

Estos grupos terroristas mercenarios –verdadero rostro del imperialismo que no quiere mostrar–, cumplen un doble papel. Por un lado acosar militarmente a los gobiernos que ellos –y el imperialismo–, quieren derrocar. Y por otro presentarse como fuerza "independiente", enemiga tanto del gobierno que adversa como del imperialismo.

Antes, la confrontación se daba bajo el siguiente esquema: A un gobierno adverso a los intereses imperialistas se lo trataba de derrocar ¿Cómo era el procedimiento habitual? Boicot económico, bloqueos, sabotajes, golpes de estado, magnicidio, etcétera. Lo más normal era que la oposición a ese gobierno fuera ayudada fuertemente de afuera para cumplir con sus objetivos.

Sin abandonar esa metodología, el imperialismo ha incorporado nuevos elementos: la conformación de grupos sumamente violentos que actúan contra el gobierno a derrocar, pero mostrándose "independientes" del imperialismo, hasta muchas veces como de tendencia antiimperialista.

El Estado Islámico entonces se apodera militarmente de territorio sirio e iraquí, mientras los estadounidenses, con la excusa de combatir a los terroristas, invaden y bombardean Siria e Irak. En realidad es como quien le pusiera un escorpión a alguien en la cabeza, y luego de cometer tal desatino intentara matar al ponzoñoso animal de un balazo. Todos sabemos que, de mediar buena puntería, el escorpión moriría, pero es de suponer que no solo él.

Así, el manual del "divide y reinarás" se sigue aplicando, tal vez con algunas innovaciones, pero con el mismo guion de costumbre. El objetivo, con terroristas mercenarios de por medio, es hacer y deshacer el mapa las veces que sea necesario a fin de facilitar la reproducción permanente del gran capital.

Tal vez con el invento de estos grupos terroristas sanguinarios, lo que pretenden los "civilizados" estadounidenses y europeos es ocultar la verdadera naturaleza del imperialismo en su fase más fascista. Pero esa farsa se tiene que develar. No son las costumbres "bárbaras" de los pueblos de la periferia lo que engendra monstruos como el EIL, sino que es la penetración imperialista, la gran burguesía y sus aliados la verdadera madre hacedora de tantos crímenes contra la humanidad.

Con este retoque a la táctica tradicional la posibilidad de rebalcanizar regiones enteras está latente: ¡Alerta el África toda!, ¡Alerta Pakistán, la India, Indonesia, Filipinas! ¡Alerta México! ¡Alerta Venezuela! ¡Alerta el Cáucaso! ¡Alerta China y Rusia!



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Fernando Bossi

Historiador argentino. Co-Presidente de la Unión Bicentenaria de los Pueblos. Director de la Escuela de Formación Política Emancipación y del Portal ALBA alianzabolivariana.org

 fernando.bossi.rojas@gmail.com      @BossiRojas

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