Estados Unidos se rehusa a reconocer sus escuadrones de la muerte en uniforme azul

Comentaristas de prensa y políticos están denominando a la violencia que estalló en Baltimore luego que el afro-norteamericano Freddie Gray sufriera la ruptura de su espina dorsal mientras estaba detenido por la policía, como “un llamado a despertar”.  No obstante, estos autoproclamados “expertos” en colapso social de los pobres, la mayoría de los vecindarios de clase obrera afro-norteamericana a través de todo el país, están evitando hablar acerca de las verdaderas razones por las que pueblos y ciudades a través de Estados Unidos están estallando en protestas y recurren a la revuelta cada vez que un joven afro-americano es asesinado por la policía.  Estados Unidos, al igual que las dictaduras fascistas de América Latina durante las décadas del 60, 70 y 80 está plagado de “escuadrones de la muerte” policiales.  Funcionarios policiales de uniforme ahora actúan como jueces, jurados y verdugos para infligir sentencias de muerte en las calles de Ferguson, Misuri, suburbio de Saint Louis; Nueva York; Charleston del Norte; Carolina del Sur; Baltimore y otras ciudades y pueblos a través de los Estados des-Unidos.

 

Una parte de las razones de la aparición de escuadrones de la muerte oficialmente sancionados en las filas de la policía se debe a la paulatina militarización de las fuerzas policiales de los pueblos pequeños, los condados, las ciudades y los estados de la nación a partir del ataque del 9 de septiembre.   Encuadrado en lo que han denominado “programa 1033” el Pentágono ha provisto a la policía con toda clase de artículos excedentes militares tales como transportes blindados de personal (conocidos como vehículos resistentes a las minas, protegidos contra emboscadas, MRAPS, sigla en inglés) fusiles automáticos M-16 de tipo militar y hasta morteros y vehículos Humvees.  Parte de este equipamiento fue ampliamente desplegado en Ferguson, Misuri durante las protestas por el asesinato a tiros por un policía blanco del adolescente afro-norteamericano Michael Brown.

 

Debido a que Baltimore, a diferencia de Saint Louis y Charleston del Norte,  está considerado dentro del área nacional de la capital Washington, DC los medios corporativos norteamericanos y los funcionarios de gobierno frente a un grupo de estudiantes manifestantes afro-norteamericanos que acompañaban el funeral de Gray, reaccionaron con una suerte de alarma existencial generalmente atribuida a “amenazantes” naciones-estado tales como Irán, Venezuela y Corea del Norte.  Los medios de prensa expresaron más simpatía con los dueños corporativos de la farmacia CVS que fue saqueada durante la jornada que con la familia de Gray, la cual pedía calma y tranquilidad.

 

La policía de Baltimore, la cual estaba ansiosa de enfrentarse con la indignada población afro-norteamericana de Baltimore, decidió detener los autobuses escolares que transportaban a los estudiantes secundarios de regreso a sus hogares.  La policía también montó barricadas en las calles de Baltimore.

 

Los estudiantes secundarios fueron obligados por la policía a abandonar los autobuses.  Luego la policía acorraló a los jóvenes en un sector del vecindario de Mondawman.  La estación cercana del metropolitano fue cerrada por la policía y así a los estudiantes se les impidió regresar a sus casas en los autobuses escolares, los buses del transporte público o por el metropolitano.

 

Testigos presenciales y parientes de los estudiantes secundarios y los profesores, todos, comprobaron el hecho que los estudiantes fueron ilegalmente detenidos por la policía.  Cuando unos cuantos estudiantes comenzaron a lanzar piedras contra la policía, la policía comenzó a lanzar piedras contra los estudiantes --quienes, debe decirse con énfasis—fueron primeramente provocados por la táctica de mano dura de la policía al bloquear todo el transporte público local.

 

Básicamente, la policía adoptó las tácticas empleadas a diario por la policía israelí contra los palestinos en la Franja Occidental; les niegan el tránsito, acorralan a la población objeto de represión y responden con fuerza abrumadora y a menudo con brutal violencia.  De hecho, la policía de Baltimore como también la del condado de Saint Louis que actuaron en el caso de Ferguson, han recibido entrenamiento policial y “anti-terrorista” israelí, incluyendo el uso de aparatos acústicos de largo alcance (LRAD sigla en inglés) que es un armamento sónico, vallas portátiles que se emplean contra la muchedumbre e instrucción en Krav Magá arte marcial israelí impartido por policías israelíes y por la Fuerza de Defensa Israelí.

 

Este entrenamiento es cortesía de programas apoyados por la Liga Anti-Difamatoria (ADL sigla en inglés)  derechista y proto-fascista y por el Instituto Judío para los Asuntos de la Seguridad Nacional (JINSA, sigla en inglés).  La ADL organizó archivos masivos sobre disidentes norteamericanos, dirigentes pro derechos civiles y sobre clérigos cristianos antibelicistas para la policía estadal y federal.  Oficiales policiales retirados que recibieron entrenamiento patrocinado por la ADL en Israel aparecieron en televisión proclamando que la masiva “muestra de fuerza” de la policía y del ejército en Baltimore debería ser un ejemplo para el resto de la nación.

La policía de Baltimore trató de justificar sus acciones extremistas alegando falsamente que pandillas de afro-americanos tales como la Bloods o la Crips avanzaban sobre la ciudad para provocar la violencia. La fuente del rumor resultó venir de mensajes infundados colocados en los medios sociales, muy probablemente emitidos por la unidad de inteligencia de la  policía de Baltimore.  Las pandillas respondieron a la especie señalando que ellos no tenían tales planes.

El mensaje hacia las minorías del país fue muy claro: la policía tiene libertad para sumariamente ejecutar civiles a voluntad y cualquier manifestación, sea en guetos negros, barrios hispanos o reservaciones de indígenas norteamericanos, serán enfrentadas con abrumadora fuerza policial, vale decir, “dominio fulminante”.

El gobernador republicano de Maryland, Larry Hogan, despachó a cientos de efectivos de la Guardia Nacional de Maryland hacia Baltimore para colaborar con la policía en Baltimore y en jurisdicciones foráneas con el objeto de aplicar el toque de queda.  El programado partido de béisbol entre los Baltimore Orioles y los White Sox de Chicago a jugarse en el estadio de Camden Yards fue prohibido al público.  Esta es la primera vez en la historia del béisbol que un juego se realiza en un estadio vacío.  La serie de fin de semana programada para realizarse en el estadio Camden Yards fue trasladada a Saint Petersburg, Florida.  Esto se parece bastante al “castigo colectivo” que se aplica en Israel contra los palestinos en Gaza y en la Franja Occidental y es de donde las autoridades de Baltimore y Maryland consiguieron la idea.  Los disturbios que se produjeron luego del funeral de Gray, fueron precedidos la noche anterior por un choque entre la policía y los hinchas afro-norteamericanos que abandonaban el estadio de Camden Yards.  La solución para las autoridades fue el “castigo colectivo” para la mayoría de la población afro-norteamericana de Baltimore.  De manera creciente los afro-norteamericanos, los hispanos y los nativos norteamericanos se están convirtiendo en los “palestinos” de Estados Unidos.  Gente disponible para que la policía en cualquier momento del día practique “tiro al blanco.”

El gobernador republicano de Nueva Jersey, Chris Christie, postulante presidencial para el 2016, quien como ex fiscal federal --tan prepotente como obeso—despachó efectivos de la policía estadal de Nueva Jersey hacia Baltimore para colaborar en la acción policial.  El empleo de policías foráneas en Baltimore para apoyar a la policía local fue una clara ilustración de los estrechos vínculos que existen entre las instituciones policiales de todo el país para apoyar la “línea azul” y a los funcionarios policiales que enfrentan investigaciones debido a ejecuciones extra judiciales de ciudadanos.  Como se ha visto en otros incidentes a través del país, el sindicato Orden Fraternal de la Policía y las secciones de asuntos internos de los departamentos encargados de investigar los casos de brutalidad policial, a menudo conspiran para encubrir evidencias sobre mala conducta policial.  Mientras tanto, dirigentes políticos norteamericanos están recetando soluciones paliativas, como ser las cámaras fotográficas corporales para resolver el problema de la brutalidad policial.  Las cámaras corporales no van a resolver los problemas subyacentes tales como el alto índice de desempleo existente en las áreas proclives a la violencia policial contra el ciudadano, como tampoco va a tratar el hecho que Estados Unidos es el país con la más alta tasa  de población carcelaria en el mundo con alrededor de 2,2 millones de personas, la mayoría afro-norteamericanos, que sufren largos períodos de prisión por delitos no violentos relacionados con las drogas.

Los medios corporativos y los políticos republicanos, incluyendo al gobernador Hogan, encuentran que es gracioso lo que hicieron respecto a los miembros afro-norteamericanos del concejo local de Saint Louis y de otras ciudades al atacar a la alcaldesa afro-norteamericana de Baltimore, Stephanie Rawlings-Blake y tildarla de “incompetente” por permitir que las cosas se salieron de lugar en su ciudad, sin recurrir a una inmediata y masiva demostración de fuerza.  Su colega, alcalde de Filadelfia, Michael Nutter defendió sus medidas en Baltimore.

Se trata de una práctica familiar utilizada por los oligarcas republicanos el describir a la minoría demócrata de funcionarios públicos como “manos blandas con el delito” con el objeto de conseguir ventajas políticas baratas a consecuencia del asesinato policial de ciudadanos minoritarios.

Después de la oleada de disturbios que sacudieron las ciudades de Estados Unidos durante 1968 luego del asesinato del Reverendo Martin Luther King en lo que ahora es considerado por muchos haber sido una conspiración del gobierno con participación del FBI para silenciar al líder luchador por los derechos civiles, el presidente Lyndon B. Johnson comentó lo siguiente: ¿Y qué esperaban Uds?  Yo no sé por qué se sorprenden tanto.  Cuando uno le tiene un pie en el cuello a un hombre y lo tiene sometido durante trescientos años y luego lo suelta, ¿él qué va a hacer?  Él te va a volar la cabeza.”

Casi 50 años más tarde, la policía norteamericana continúa atacando a los afro-norteamericanos con tácticas de “escuadrones de la muerte” que alguna vez fueron populares entre los dictadores fascistas de lata más represivos de América Latina, cabecillas de juntas que fueron presionados por las mismas agencias norteamericanas involucradas en el asesinado de King y que actualmente militarizan a la policía de Estados Unidos.

Traducción Sergio Anacona

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Wayne Madsen

Escritor. Especializado en Asuntos Internacionales


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