La relaciones económicas que deben venir

Los acuerdos al máximo nivel estatal entre Cuba y Estados Unidos y el
restablecimiento de relaciones diplomáticas entre los dos países,
anunciados el 17 de diciembre de 2014 por los presidentes Raúl Castro
y Barack Obama, presagian una nueva etapa en las relaciones
bilaterales, que obviamente debe comenzar por el cese del bloqueo
económico, comercial y financiero y otras absurdas “sanciones” contra
Cuba para abrir paso al desarrollo de vínculos entre naciones
independientes que, por ser vecinas, están llamadas a ser intensas.

En los frecuentes encuentros que he sostenido en La Habana en la
última década con académicos visitantes de Estados Unidos interesados
en conocer mi opinión acerca de las perspectivas que veo en las
relaciones entre Cuba y su país, una de las preguntas más reiteradas
ha sido si los cubanos no temen que la entrada en el escenario cubano
de las corporaciones estadounidenses pueda distorsionar el curso de
los logros sociales de la revolución.

Siempre les he recordado que hace muchos años que Cuba mantiene nexos
comerciales con empresas capitalistas de países de todo el mundo, con
la excepción casi única de Estados Unidos, y no me parece que los
capitalistas de Canadá, Europa, Asia, Latinoamérica y el Caribe, sean
mejores ni peores que los de Estados Unidos. Sólo que a estos últimos
les ha estado vedado por su gobierno comerciar con Cuba.

He pretendido hacerles comprender que Cuba ha sido capaz de
relacionarse comercialmente con el mundo a partir del absoluto respeto
al derecho internacional y el acatamiento recíproco de las leyes y
regulaciones de las dos partes contratantes para beneficio mutuo, y
que no pienso que las circunstancias en los vínculos con socios
estadounidenses serían diferentes.

Es obvio que el aislamiento a que se han sometido las firmas
exportadoras estadounidenses en función de la política de aislar a
Cuba impuesta por su gobierno por más de medio siglo habrá de
perjudicarles en el futuro, porque los socios cubanos, y los usuarios
o consumidores de la isla, se han familiarizado con otros mercados más
lejanos a causa de la práctica de esa irracional política.

Desgraciadamente, Washington sigue hablando a diestra y siniestra de
boicots y bloqueos contra Rusia, Venezuela y cuanto gobierno en todo
el mundo no se pliegue a sus políticas de guerra y su hegemonía
global. El público estadounidense debía exigir el cese de esos
boomerangs, no solo porque puede repercutir contra ellos, sino porque,
casi siempre, perjudican a los sectores más humildes de los pueblos,
cuya seguridad y derechos humanos resultan ser los principales
afectados.

Contra Venezuela se desarrolla ahora, a raíz de las buenas nuevas
respecto a la rectificación por Washington de su estéril política
hostil contra Cuba, una campaña construida a base del supuesto de que
el esperado deshielo político a través del Estrecho de la Florida
afectará la solidaridad de La Habana con Caracas. “¿Cómo justificará
Venezuela su política antiimperialista cuando su principal amigo se ha
convertido en un aliado del imperio?” pregunta un plumífero al
servicio de las campañas mediáticas de Washington contra Caracas.
¡Nada más absurdo!

Es obvio que las fuerzas más reaccionarias de la superpotencia acosan
así a los países que no reconocen el derecho de Estados Unidos a
manipular las relaciones internacionales, para que no saquen ventajas
del fracaso de la política de hostilidad contra Cuba que ha resultado
de crecientes presiones de su propio pueblo y de la comunidad mundial,
que ahora han sido respaldadas por el gesto de valentía del presidente
Obama, asediado por las fuerzas neoconservadoras que la han
propugnado.

Un reciente sondeo realizado por el diario The Washington Post y la
cadena mediática ABC revela que el 64 por ciento de los
estadounidenses apoya la decisión del presidente Barack Obama de
restablecer las relaciones diplomáticas con Cuba. Entre los que votan
por el partido demócrata el porcentaje llega al 77% y al 49% entre los
republicanos.

El 85% de los demócratas y el 64 % de los republicanos se manifiestan
favorables a la eliminación de las prohibiciones que tienen los
estadounidenses para viajar a Cuba.

Pese a haber estado sometidos a una carga de propaganda hostil solo
comparable a la que los medios estadounidense han utilizado contra sus
más poderosos enemigos durante la II guerra mundial y la parte más
álgida de Guerra Fría, son numerosas las personalidades políticas,
religiosas, intelectuales, científica y de los negocios que han
aplaudido la decisión de Washington y La Habana de normalizar sus
relaciones diplomáticas, rotas desde los primeros días del triunfo de
la revolución cubana en 1959.


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Manuel Yepe

Abogado, economista y politólogo. Profesor del Instituto Superior de Relaciones Internacionales de La Habana, Cuba.

 manuelyepe@gmail.com

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