El pasado en el presente

Alfa y Omega

Los que se cansen, los que traicionen, serán aplastados por la marcha inexorable de la historia.



El General Bolívar no fue ni de los que se cansan, ni de los que traicionan un ideal. Los hombres pasan, las ideas perduran; pero los seres humanos capaces de sacrificarlo todo por una causa justa, los que actúan como piensan y piensan como actúan, si logran dar las respuestas certeras al momento histórico que viven, casi siempre tienen un destino excepcional y de magna trascendencia. Bolívar fue uno de estos monolíticos moldes, un hacedor de sueños de imborrable impronta. Su práctica política y su condición de genial estratega militar, le hicieron pasar al mundo de los inmortales, de los grandes, al alcanzar las independencias de Venezuela, Colombia, Bolivia, Ecuador, Perú y Panamá (El Departamento del Istmo fue separado de Colombia por los yanquis para construir el Canal y apoderarse de él).

En toda la historia de nuestra América, ninguna vida asume mayor interés, ni dramatismo más intenso que la del extraordinario hijo de Caracas, quien nace el 24 de julio de 1783. Estadista integral, hombre de teoría y acción, ya que logró plasmar sus pensamientos constitucionales y legislativos, sus estrategias y tácticas guerreras al vencer enemigos, libertar pueblos y crear naciones. El hecho de casi consolidar una América Latina unida, una gran nación hispanoamericana, por sí solamente lo hacen meritorio a ocupar un lugar entre los grandes estadistas de la humanidad.

El Libertador muere el 17 de diciembre de 1830; pero no realmente de tuberculosis, sino llevado al patíbulo por los enemigos de la Patria: los oligarcas. Pero Simón Bolívar no fallece solo, morirán los dos gigantes juntos: La Gran Colombia y El Libertador, la obra y el genio. Va al sepulcro no por la enfermedad física, bien que ello puede creerse porque en efecto el padecimiento era grave, sino que la tisis no era otra cosa que la manifestación de profundas causas: los godos criollos minaron su salud o quizás como dicen algunos historiadores, los oligarcas le mandaron a envenenar, lo cierto es que le hostigaron hasta hacerle morir. “El General Vencedor de las Dificultades”, el genio que fulguró en el Campo de Marte, el brillante y probo legislador, es acosado por los corruptos oligarcas, quienes eran tan ladrones del erario público, que Bolívar tuvo que dictar un decreto de pena de muerte para tratar de ponerle coto a sus fechorías.

Le abre la aristocracia tramoyista y corrupta al Libertador el más bochornoso de los procesos que conoce la historia política de nuestra América, elaborándole una sentencia funesta: los intentos de magnicidio, la persecución ideológica y la expulsión de la Patria. Sucre, “el Abel de Colombia”, la primera víctima de los alevosos desmanes de la clase política latifundista fue asesinado en Berruecos. Páez, quien llegará hacer el más ambicioso de las nuevas promociones de terratenientes, a quien le estaba reservada tanta gloria como al General Bolívar, la llena de detritus, al ingresar al acontecer histórico por la puerta fangosa de la traición, cuando firmó la expulsión del Libertador del territorio venezolano. ¿Pero cuáles argumentos esgrimen los enemigos de la Patria contra el Jefe Supremo de la Guerra a Muerte por la libertad?

Lo persiguen por decretar la educación popular, la justicia social, la abolición de la esclavitud, la eliminación de la servidumbre de los autóctonos, la nacionalización de las riquezas mineras, el reparto de los bienes incautados entre los combatientes de la independencia. Lo acusan de posiciones anticlericales porque reprimió y mandó a fusilar a más de un cura realista durante la guerra de emancipación: estos ponían a Dios de parte del Rey de España y en contra de la República. Le proscriben por ofrendar su vida a la unidad de Colombia, le sentencian al ostracismo porque sentó cátedra en defensa de la soberanía nacional, le rechazaron por pregonar que la Patria era toda la América Hispánica. En síntesis, este es el Liberador, que a pesar de estar consciente de la necesidad de la guerra civil para el exterminio de los enemigos internos y mantener la unidad de la Gran Colombia, la evita. Es el General Simón Bolívar que está intranquilo en su sepulcro, por la traición, la entrega y la felonía de la ultra derecha venezolana y la amenaza que se cierne sobre el país por parte del imperialismo yanqui.

¡Luchemos juntos por la Patria Socialista donde impere siempre la justa distribución de las riquezas y la justicia social! ¡Fortalezcamos la unión contra los vende patria cuyo objetivo es destruir a la República Bolivariana de Venezuela y a la Revolución Socialista! ¡Llevemos a la práctica el legado del Comandante Supremos Hugo Rafael Chávez Frías cada día, cada hora, cada minuto, cada segundo! ¡Cerremos filas en apoyo al gobierno constitucional del Presidente Nicolás Maduro Moro! ¡Penas severas para los corruptos como proclamó el Libertador! ¡Empuñemos todos, la espada de Bolívar para que siempre la política esté subordinada a la moral revolucionaria!





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Jesús Antonio Muñoz Freites

Filósofo. Docente. Cronista Oficial del Municipio Los Taques en el estado Falcón

 jesusfreites11@hotmail.com      @camaradatroski

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