Un infierno anunciado

Libia 1946: Muhammad Idriss está siendo reconocido por el Reino Unido como Emir de la Cirenaïca (región este del país). Luego con la declaración de independiente formal en diciembre 1951, fue proclamado rey de Libia. Es así como los vencedores de la guerra mundial decidieron de la suerte de Libia como lo hicieron de otras regiones del mundo.

El rayuelo Idriss fue derrocado en 1969 sin violencia por un golpe de Estado militar del Coronel Gadhafi –a semejanza del golpe de Gamal Abdennaser y sus compañeros de armas contra el rey Farouk en el vecino país de Egipto. Luego, Gadhafi desde el poder, tal como lo describe en su “Libro Verde”, trató a lo largo de cuatro décadas de crear un sistema político original ajeno por completo a los conocidos modelos occidentales. Descartó con desdén a los partidos políticos por considerarlos inocuos y parasitarios. Implementó unas reformas sociales radicales desde arriba, de corte populista y paternalista; realizó una redistribución –aunque no equitativa- de la renta petrolera a favor de la reducida población libia (seis millones actuales), la cual había gozado entonces el privilegio de país rentista con mayor ingreso anual per cápita superando con creces cualquier otro país africano. Más de cuatro millones de trabajadores africanos, asiáticos y técnicos occidentales asumieron las funciones necesarias a todos niveles de la vida social y productiva del país.

Dentro de un contexto de confrontación y hostilidad entre fuerzas imperiales al acecho de las riquezas del país y el gobierno “nacionalista” libio, cuanto más agresiones y amenazas externas más resistencia pero también más concentración del poder central en manos de Gadhafi y mayor vigilancia policiaca de la ciudadanía. En cierto modo, Libia parecía un país asediado. Gadhafi siguió por décadas casi atrincherado, protegido por una guardia pretoriana y fuerzas armadas léales traídas del Sahara (Tuareg más algunos saharauis) y del Sahel (Mali, Níger). Estaba, rodeado por su familia, elementos leales a su persona de su clan y otra tribu allegada. Aunque sin título de estadista, Gadhafi detenía todo el poder real: Y como bien decía Lenin, “El poder corrompe. El poder absoluto corrompe absolutamente”.

A Gadhafi le sobraban enemigos externos a la vez creaba otros a su alrededor, contribuyendo a su aislamiento. El caso más emblemático es la región de la Cirenaica al este por donde desemboca gran parte del petróleo hacia puertos del mediterráneo. Sus habitantes se han considerado frustrados tanto por la pérdida de su rey Idriss como por el agravante ingreso discriminatorio –según argumentan- de la renta petrolera. Mantuvieron una hostilidad constante llegando a un estado de beligerancia abierta en contra del poder central de Trípoli con drástico castigo y constante represión gubernamental hasta la irrupción de la chispa tunecina desde el país vecino. Por supuesto, ese caldo de cultivo por décadas había sido aprovechado por fuerzas imperiales enemigas para reclutar, entrenar y fomentar intentos de magnicidio y golpe de estado para finalmente iniciar desde allí precisamente la conocida intervención militar criminal de la OTAN preparada de antemano, con Francia al frente, contra el Estado libio soberano.

Es así como esta región del este con su capital Benghazi dominada por la tribu de los Senoussi (rey derrocado) se consideraba y era de hecho victima de discriminación y represión. No era nada casual ver allá las miles de banderas del tiempo del rey ondear en Benghazi al día siguiente del principio mismo de los bombardeos de la OTAN, sustituyendo la bandera verde impuesta por Gadhafi: ¿Vuelta al punto de partida? ¿Revancha y venganza del regionalismo de Benghazi? Dicho de paso, el candidato “salvador”, General retirado Khalifa Haftar, es también originario de Benghazi.

En cuanto a su política externa, junto con sustanciales ayudas financieras a gobiernos africanos y también generosas donaciones de dinero a otras partes, Gadhafi siguió una política errática de gobierno. Pasó de un anti-imperialismo militante pagando por ello un alto precio en represalias, hacia una desesperada búsqueda de reconciliación con occidente llegando hasta entregar a sus enemigos armas altamente sofisticadas incluyendo las defensas anti-aéreas del país, una suerte de rendición que lo volvió un objetivo “blando” ideal para los planes ya en marcha del intervencionismo imperial.

De allí la gran confusión característica de la política exterior versátil de Gadhafi, a veces conciliadora, otras veces aventurera y bélica incluso en contra de países vecinos como Chad y Túnez donde gran parte de la población tunecina le mantuvo mucho rencor por varias ofensas. Recuerdan el maltrato gratuito policiaco sufrido por trabajadores despojados, emigrados allá, en represalia por diferencias con el gobierno tunecino de aquella época; así como episodios de agresión armada e intervención en asuntos internos tunecinos. Semejante memoria viva llevó tanto al gobierno de transición post-insurrección como a una parte de la población hasta ayudar directamente a los enemigos de Gadhafi durante los bombardeos de la OTAN, infiltrando armas, municiones y comida junto con mercenarios desde Túnez, para luego aplaudir de forma indecente y ciega la caída final tan horrorosa y deshumanizante del hombre, caída cuyas desastrosas consecuencias los tunecinos sin embargo lamentan muchísimo hoy.

Libia arrasada salta al vacio

He aquí la secuencia mortífera del cinismo imperial: Las fuerzas de la OTAN bombardean la población civil indiscriminadamente, hacen pagar sus bombas con petróleo libio, luego se imponen para reconstruir lo destruido por ellos mismos también pagado con petróleo libio. Según la doctrina de Washington, esto se llama el “caos creativo”.

Por otra parte, luego de asesinar impunemente miles de ciudadanos inocentes y destruir las infraestructuras del país, se puso al descubierto la vacuidad objetiva del sistema personal de gobierno, revelando la ausencia de un Estado, de una Nación con su debida defensa territorial y por consiguiente de toda veleidad de unidad nacional. El régimen socavado brutalmente desde sus cimientes dejó ver un gigantesco cráter. Ese vacío se llenó muy pronto de una verdadera plaga, con los peores enemigos del pueblo libio, manteniéndolo como rehén.

Pasada la euforia ilusoria inicial por la caída de lo que occidente llamó la dictadura, ese vacío de poder y de Estado creó una confusión general, un trágico desconcierto en la población entregada a los criminales. Se vio impotente frente a la dispersión de millones de armas sofisticadas en cualquier mano, atrayendo de inmediato a bandas y bandidos, aventureros, mercenarios de toda calaña, agrupaciones terroristas o “katayeb” (núcleos fuertemente armados formados desde decenas hasta cientos de hombres) las que proliferan a través esa enorme dispersión de pobladores y regiones antagónicas. Hay que añadir a ese cuadro desastroso las vendettas locales para saldar a pleno sol viejas cuentas pendientes y viejos rencores entre vecinos. La sangre libia derramada por la OTAN sigue derramándose sin cesar.

Con apoyos técnico-militares y financieros externos, abiertos y ocultos, el espacio de Libia se ha vuelto el terreno predilecto del terrorismo con varias ramificaciones de Al Qaeda. Se han creado campamentos para entrenar y luego exportar terroristas de origen distinto pertrechados con armas de guerra sofisticada hacia países vecinos al norte y centro de África, hacia Siria e Irak, pronto más allá hacia las márgenes occidentales asiáticas de Irán, Rusia y China.

En definitiva, EE.UU., la OTAN e Israel han contribuido en crear con arrogancia y total impunidad una base gigantesca del terrorismo internacional a su servicio el cual pretenden combatir cuando en realidad siguen cultivándolo con eficiencia. O sea, queda claro que el mejor aliado actual y brazo armado de las fuerzas imperiales e Israel para fomentar caos en países del Sur, los musulmanes en primera intención, son esas fuerzas terroristas enropadas de una seudo religiosidad de la Edad Media. Europa neocolonial a la vez ella misma vasalla del imperio USA y sus aliados Israel, autocracias del Golfo, adiestran a estos desarraigados, marginales, despreciables y crueles desechos humanos, los pertrechan, los manipulan en función de sus planes invasivos. A la vez, ellos tratan (en vano) de cuidarse de sus creaturas cuando se les viran en contra como boomerang en terrenos afgano, iraquí, sirio y otros tantos.

Es así como con Libia se ha creado una nueva Somalia a las puertas de otros países africanos al norte y al sur. Sin embargo y para su desgracia también, estas fuerzas neocoloniales occidentales consideran sus intereses con vista corta. Mientras los aviones militares de sus países estaban matando día y noche la población libia inocente, los “Indignados” en la Plaza del Sol en Madrid y los “Ocupy Wall Street” en Nueva York hacían reclamos sociales legítimos más sin embargo desconectados en esos mismos instantes de su responsabilidad ciudadana y moral en relación con crímenes llevados a cabo por sus respectivos gobiernos en su nombre. Se olvidan del hecho patente de que estamos todos conectados. Vale preguntar: ¿Y qué tal por ejemplo de la proximidad también de las puertas de esa Europa vasalla, neocolonial y cobarde a la hora en que está ya recibiendo el fulgor del boomerang con sangre y luto en sus calles? ¿Y qué tal de sus ciudadanos rabiosos mercenarios de regreso de Siria e Iraq con manos ensangrentadas y afán de sembrar allá también un caos nada “creativo”, muerte y desolación en aquellos parajes de la civilización occidental tan decadente con sus valores manchados con la sangre de los pueblos invadidos, con sus bellas laderas y praderas enriquecidas con la rapiña de los pueblos del Gran Sur?

¡Trágico destino del pueblo de Libia!

En las condiciones descritas no se puede hablar propiamente de una transición política posible en Libia entre el régimen derrocado desde afuera por fuerzas militares extranjeras y la caricatura de sistema parlamentario que tratan de implantar con varios intentos fracasados de antemano. Es más ridículo que ilusorio tratar de crear de la nada un sistema político parlamentario de tipo occidental en un país totalmente desarticulado y sin ninguna tradición de partidos políticos con su corolario “democrático” de la alternancia de gobierno: ¡un turno pa’ti, otro pa’mi! Al igual que copeyanos, adecos y sus derivados en la Venezuela de antes.

Lo que se observa hoy en Libia es una lucha férrea entre facciones rivales basadas en regionalismos y clanes. El hecho evidente es que actualmente no existe allí ni gobierno, ni Estado ni Nación alguna. Todas las estructuras políticas y sociales del país están por re-inventar. Sin embargo y para desgracia del pueblo hermano libio, las condiciones no están reunidas para llevar a cabo con rigor semejante tarea institucional a largo plazo. Hoy en Trípoli, predominan facciones “políticas” rivales improvisadas, débiles frente a las presiones y a los intereses extranjeros, occidentales por los unos, la fracasada cofradía de los Hermanos Musulmanes y al Qaeda para los demás: Un verdadero atolladero en un callejón sin salida.

Si sumamos la carencia alimentaria actual y otros productos en Libia, su desastre se extiende al país vecino, Túnez, por un amplio contrabando operado por libios y tunecinos sacando por camiones y remolques productos agrícolas, agua potable y materiales de construcción. Estos hechos ilícitos agravan la ya desastrosa situación económica en Túnez provocada por dos fallidos gobiernos “islamistas” de Enahdha. Además se observa desde la caída del régimen libio un flujo migratorio intenso hacia Túnez de unos dos millones de personas, o sea un tercio de la población libia, elevando aquí de forma artificial precios de alquiler, venta y construcción de la vivienda así como precios para la canasta básica. En el otro sentido, se importa hacia Túnez siempre por la misma vía del contrabando, armas sofisticadas para uso del mismo terrorismo importado con su implantación en las montanas y ciudades tunecinas.

Ese intercambio insólito, tanto injusto como mortífero está induciendo un sentimiento de rechazo en la población tunecina. Se oye a menudo el siguiente lamento: A ellos le han destruido su país y le han matado seres queridos. Entonces nosotros solidarios y por deber hospitalario los hemos recibido y protegido por millones. ¡Ahora nos lo devuelven con el hambre y la muerte!

En esta situación trágica de un pueblo abandonado a su suerte como un barco a la deriva, no es de extrañar que el hermano pueblo libio hoy tan desesperado llame a un “salvador”, un jefe providencial para primero hacer “la limpieza del terror”, como ellos dicen, sacar a esos bandidos matones y terroristas, apoyados de forma descarada por amplios medios financieros incluyendo transporte marítimo y aéreo de las autocracias del Golfo, con el Qatar al frente de ese bandidismo internacional al servicio del occidente neocolonial.

Pirómanos disfrazados de bomberos

Recogemos en parte aquí la conclusión de Kawther Hayder en su artículo:

Con su conocido cinismo, luego de haber sellado la suerte de ese país, los pirómanos de ayer se están ahora apresurando a las puertas libias calificándose de bomberos. Por una parte, el pueblo libio necesita de forma vital de la solidaridad internacional. Por otra parte, como es legítimo, les toca a los gobiernos de países africanos de la región norte y del sur tomar medidas urgentes y drásticas de seguridad para aislar desde afuera a los terroristas, al vigilar sus propias fronteras y garantizar la protección de las respectivas poblaciones vecinas. Primero deben coordinar sus esfuerzos entre ellos mismos luego con ese general libio que pretende aglutinar seguidores para ganarse un mandato (sic) del pueblo a la manera de un General Sissi.

En todo caso y en última instancia, sea cual haya sido la trayectoria pasada tortuosa y algo sospechosa del General retirado Khalifa Haftar, por el hecho de sus eventuales nexos con los servicios de inteligencia de los EE.UU durante su largo exilio en Washington, si acaso la población libia ahora tomada como rehén por los terroristas pudiera hacer un llamado a un mejor “salvador”, otro hombre “providencial”, de nada le serviría. Sea éste sino otro jefe, su suerte está ya echada.

En Túnez, se observa el gran nerviosismo de Enahdha y derivados, esa « Quinta columna » apegada a un Morsi fracasado luego derrocado. Al perder el importante apoyo de la casa madre de los Hermanos Musulmanes en Egipto, Enahdha está ahora tratando de salvar la “base” de su retaguardia en Libia para sus propios intereses y supervivencia política. Intenta maniobrar sigilosamente para de alguna manera influir a favor de sus aliados “islamistas”, estos terroristas notorios, en el curso de los trágicos acontecimientos libios y en la región.

Hemos pues de seguir con vigilancia constante estos acontecimientos “en pleno desarrollo”, ¡como diría nuestro buen amigo Walter Martínez!

Al Pueblo Tunecino y a los Pueblos del Mundo: ¡SEAMOS ALERTAS y ORGANIZADOS!



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Rashid Sherif


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