Ecuador 1

Quito y alrededores

La primera cosa que me sorprendió al llegar al Ecuador fue la gran cantidad de personas que habitan en la capital, Quito, con rasgos y vestimenta típica indígena. La segunda fue la cantidad de edificios históricos que alberga el centro de Quito, particularmente de iglesias de órdenes religiosas. Todo muy bien restaurado y cuidado.

En efecto un paseo por Quito te retrotrae a la época donde la Santa Inquisición gobernaba casi la tierra. Y el poder terrenal que tenía la Iglesia y sus órdenes religiosas, eran uno de los elementos de la conquista y de la implantación del nuevo orden, del sometimiento del conjunto de la población a la corona española y a los nuevos amos de los vastos territorios y riquezas de América.

Lo curioso, lo impactante, para mí, es ver cómo pudo ser capaz la Iglesia católica de combinar represión y creencia en la nueva fe. Hasta el punto que esta fe perdura en los descendientes de aquellos indígenas. Y cómo la teología de la liberación y sus aguerridos militantes, curas, monjas, seglares, no han podido tampoco parar la ola de reacción instaurada en la Iglesia católica desde el papa polaco Wotlya. Ni siquiera en la tierra de los indios, como es predominantemente Ecuador.

Así conviven de manera casi natural el lujo de “la Compañía”, es decir, de los jesuitas, con la pobreza de los asistentes a las misas. Paneles, columnas, toda la iglesia de la compañía  del “sagrado corazón de Jesús” están recubiertos de láminas de oro. La construcción de esa iglesia costó vidas humanas de indios. Hoy dicha iglesia se abre al servicio público y se puede visitar en horas de museos, excepto cuando hay misas. Personas que trabajan en la iglesia me dijeron que quien recauda y gestiona dichas visitas es una fundación de la Compañía. Pero no sé si el estado ecuatoriano aporta dinero para el mantenimiento de estos bonitos y enormes edificios eclesiásticos, como el del que hablo, o como el de la congregación franciscana, el edificio religioso más grande de toda América. Seguramente sí. Aún el poder de la iglesia y sus respectivas órdenes, es muy grande. En los últimos 10 años, me dicen curas progresistas, los obispos conservadores nombrados por Roma y venidos de fuera, como los de India, han ido ahogando todo el fermento de cambio progresista que caracterizaba la iglesia sudamericana años atrás. Hoy todo espíritu revolucionario es ahogado en sangre...de Cristo. La marginación del ala progresista y luchadora es tal que ha quedado en absoluta minoría. La esperanza, para ellos, es que el papa Francisco revierta la situación. Pero también hay dudas de que pueda hacerlo.

Quizás me entretenga tanto en papel de la Iglesia porque es evidente que hasta en los países con gobiernos progresistas, como Ecuador, cuyo presidente surgió y defiende la “revolución ciudadana”, esos gobiernos buscan la alianza con la Iglesia, y parece que hasta Ecuador tiene ministros del Opus Dei. Esta influencia se tiene que notar en el papel de mujer y sus derechos, como el de aborto, en la educación pública, en la sanidad, y en muchos otros aspectos económicos.

La capital, Quito, tiene unos dos millones de habitantes. Fuera del casco antiguo histórico donde se aprecian las huellas persistentes de los arquitectos y urbanistas españoles, con sus calles rectilíneas y sus edificios armoniosos y bien construidos, la ciudad se desparrama a lo largo del valle a una altura media de más de 2.500 metros, hasta las laderas de volcanes y picos de más de 4.000. Ver Quito esde un lugar alto, de día o de noche, es todo un espectáculo que impresiona.

Cerca de Quito está la Ciudad del Medio Mundo. Un pueblo por donde pasa la línea que divide el mundo en Norte y Sur. La experiencia de ir hasta ahí fue muy grata e interesante. El monumento y sus pabellones explican la odisea científica de franceses y otros científicos, entre ellos españoles, para averiguar el lugar por dónde pasa la línea. Las polémicas científicas, los aventureros científicos que murieron en el descubrimiento del Amazonas, acercaron al conocimiento de las fuerzas naturales a la humanidad. Sin embargo la visita al museo alternativo Inti-iñani, me impresionó aún más al poder comprobar con experimentos realizados por mí mismo, cosas curiosas y aún sin mucha explicación sobre las singulares fuerzas que actúan en ese punto preciso de la tierra y no en ningún otro. Como que el agua gire en sentidos diferentes al desaguarse en un barreño con sólo que se separe un metro de la línea del ecuador. Como que sea posible descansar verticalmente y en equilibrio un huevo en la cabeza de un clavo. O como que se pierde el equilibrio y la fuerza si estás parado o caminando por encima de la línea que separa los dos polos terrestres. Si creyera en dioses o brujos, diría que es cosa de magia.

Cuando tenga un poco de tiempo buscaré la explicación científica que, desgraciadamente, no me dió la joven guía que nos hizo todas las demostraciones. Como buen catalán me vino una idea y le sugerí que al final del recorrido vendieran un folleto con la explicación de los experimentos que allí habíamos realizado. No sé si acogerán la sugerencia, pero creo que harían un negocio seguro.



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Alfons Bech

Militante obrero, y revolucionario marxista. Miembro de de la CCOO, la federación sindical más grande de España. Activista político de L?Aurora y EUiA.

 albech12@gmail.com      @alfonsbech

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