El Impostor que imposturó al Impostor

Hubo de ser, por ironía del destino, en el sepelio del grande Nelson Mandela donde –así lo dice la Asociación Sudafricana de Sordos- un Impostor sirvió de traductor a otro Impostor, es decir –no sé si la palabra es correcta- imposturó al Impostor. Sé que impostura es un engaño con apariencia de verdad y lo cual cuadra perfecta y armoniosamente con el Impostor que imposturó al Impostor.

            El Presidente Obama estaba tan distraído mirando y pensando en la hermosa –aun cuando tiene sus años encima- Primer Ministro de Dinamarca Helle Thorning Schmidt que no se percató que un Impostor le imposturó su discurso. La catira le tenía el corazón como un pocillo de loco: escachapado por todos lados. Mientras tanto, la primera dama de Estados Unidos miraba hacia el Cielo como buscando un consejo de Dios. Pero la primera dama no estaba dispuesta a calarse esos gestos que más parecían de un romance fugaz que de relaciones diplomáticas y como por arte de magia apareció sentada entre la catira y Obama pero ambas damas ni siquiera se miraban de reojo. En fracciones de segundo ya había odio acumulado en corazones individuales disputándose la risa descarada que tenía el Presidente Obama y que ya se había garantizado muchas fotografías para colocarlas en su facebook, pero de pronto quedó tan serio –al quitarle su asiento su esposa- como cuando lo llamaron de Estados Unidos para reclamarle la horrible traición al imperialismo por haberle dado la mano al camarada Raúl Castro en una expresión de saludo protocolar.

Lo cierto es que a Obama le daba lo mismo un traductor Impostor que uno autorizado por la Asociación Sudafricana de Sordos con tal que la catira lo mirara, lo aplaudiera y le sonriera. Thamsanga Jantjies movía las manos como cualquier experto en magia. No es de extrañar que algunos foráneos llegasen a creer que Thamsanga era un experto árbitro de Rugby, deporte en que Sudáfrica fue campeón mundial en presencia del grande Madiba. El Presidente Obama, hubo un momento en que ya no le estaba gustando la hacedera de señas de Thamsanga porque se estaba imaginando que iban en dirección de la catira. Lo que es de Dinamarca es de Dinamarca pero lo que es del mundo es del imperialismo estadounidense. Así piensa Obama y así pensará todo Presidente de Estados Unidos mientras no triunfe el socialismo en este planeta.

De verdad verdad, la catira, la Primer Ministro de Dinamarca es buenamoza como también lo es –hay que reconocerlo- la Ministro de Defensa de Ecuador o la Ministro del Deportes de Venezuela. Además, son mujeres elegantes que detentan, aun con sus diferencias, poder político pero ser la Primer Ministro de un país capitalista desarrollado no es cualquier cosa. Por cierto, Dinamarca tiene uno de los mejores estándares de vida del mundo y el del socialismo tiene que ser superior o mejor. Pero muchos de nosotros, incluso, venezolanos que jamás nos cambiaríamos la identidad, debemos reconocer que algunos nacimos en el campo, nos criamos en el campo, nos gusta muchísimo el campo pero cómo quisiéramos vivir en Dinamarca matrimoniado con la Primer Ministro Helle. ¡Elucubración, simplemente, elucubración y nada de esa elucubración es cierta en mis sentimientos!

Bueno, lo cierto es que Thamsanga ha sido acusado por la Asociación Sudafricana de Sordos como un Impostor, es decir en palabras criollas, como un pirata. Thamsanga, luego de verse envuelto en tremendo lío de piratería y no reconociéndola, sostuvo que sufrió un episodio de esquizofrenia. Que la emoción que vivió lo hizo perder la concentración, escuchó voces raras y padeció de alucinaciones. No ha dicho si esas voces venían de la hermosa boca de la catira y si esa alucinación fue haber creído que también tenía un romance, no importa si fugaz, con la catira. Claro, ni pendejo que fuera para decirlo sabiendo que un Presidente imperialista tiene potestad para mandar a matar a cualquiera que considere su enemigo en cualquier región de este planeta. Muchísimas veces lo han hecho. Qué político maduro de este tiempo no recuerda la famosa, triste y macabra Operación Cóndor.

Thamsanga se defiende sosteniendo que estaba emocionado y feliz por su sola presencia en el estadio donde miles de miles de personas le rendían homenaje póstumo al grande Mandela. Fue sincero mientras que Obama no es capaz de reconocer que perdió su concentración en el homenaje y sufrió de ataque de risas anonadado por la belleza y la elegancia de la catira sin dejar descansar a su cámara fotográfica hasta que se percató que no tenía rollo. En ese momento Obama más que Presidente de Estados Unidos, era un galán demostrando que en cosas de romance entre razas diferentes el Apartheid no tiene vida.

Ahora, con todo lo de esquizofrenia que pueda acusarse a Thamsanga y por mucho que sea cierto, debe reconocerse en el “Impostor” que imposturó al Impostor Obama que tiene mucha razón cuando sostiene que la Asociación Sudafricana de Sordos –por lo menos- debió hacerle algunas señas que indicaran que estaba haciendo una interpretación incorrecta de las palabras de Obama. Entre sordos se sordean –no sé si es correcta la palabra- como un bombero no le pisa la manguera a otro bombero, dicen los apagafuego. Y así como Sudáfrica llegó a ser campeón en Rugby, Thamsanga se considera campeón en el lenguaje de signos. Y campeón es campeón aunque tenga cochocho. Thamsanga recordó que él fue el interprete y nadie lo llamó impostor por su trabajo en lenguaje de signos en el funeral del activista sudafricano antiapartheid Walter Sisulu el 5 de mayo de 1989. Debe recordarse que Sisulu fue condenado, junto a Mandela y otros, a cadena perpetua y estuvo durante 26 años en prisión.

Finalmente, independiente de lo esquizofrénico y la ausencia de concentración por la emoción, Thamsanga es un campeón sin hacerle daño a nadie –por lo menos- como Impostor imposturando a un Impostor pero Obama es un campeón en políticas imperialistas que causan un terrible daño físico y espiritual a la humanidad.

Tengan la seguridad que la catira no dará absolutamente nada ni a Obama ni a Thamsanga. Cómo quisiera estar entre los dos para ver si la catira se decide por este cristiano que no juega fútbol ni cree en religión alguna pero sí en Marx. ¡Simplemente: elucubración! ¿Qué dirá mi querido camarada el negro Cheo que vive en Suecia?



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Freddy Yépez


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