Bachelet y Matthei: ¿el pueblo chileno se equivocó?

El pueblo chileno, mayoritariamente del 50% que hizo uso del voto en el proceso electoral para elegir nuevo o nueva Presidente, no quiere dictadura política de derecha. Prefiere, por ahora, mil veces un gobierno político socialreformador pero que esté –igualmente- bien lejos de una dictadura del proletariado pero respetando las reglas esenciales del capitalismo. El resultado electoral en primera vuelta, así lo testimonia. La señora Bachelet no es comunista aunque por su cabeza alguna vez haya pasado velozmente el nombre de Marx. Nada de crítica contra eso. Es su decisión ideológica y debe respetársele.

La casi segura futura Presidente de Chile, la doctora Bachelet –se deduce de su primer Gobierno- no pisará ni un solo centímetro de espacio más allá de donde el reformismo se silencia por completo ante las amenazas de la oligarquía y del imperialismo. Las palabras tienen la facultad de volar como el viento pero los hechos tienen que ser, no pocas veces, testarudos en la tierra para lograr sus cometidos. La mayoría del pueblo chileno  que votó –sin que ella alcanzase la mitad más uno-  lo hizo por la candidata Bachelet. Y eso, en sí, es un puntillazo que se clava en el ojo de quienes en Chile anhelan volver a traer al Gobierno a los hijos activos del monstruo y bonapartista Pinochet. Y más lo comprueba la mayoría que obtuvieron, tanto en el senado como en la cámara de diputados, los partidos políticos que apoyaron la fórmula de la doctora Bachelet. Hasta este momento de escribir el artículo desconozco la opinión de la mayoría de los mapuches en relación con la victoria de la señora Bachelet.

No es la primera vez que un pueblo elige a un candidato o candidata para la Presidencia de un país que no es la mejor opción desde el punto de vista de una concepción de mundo liberado de la esclavitud. La doctora Bachelet no representa esa concepción. Claro, en el Chile actual con unas Fuerzas Armadas arraigadas en las visiones golpistas y epígonos al imperialismo es extremadamente difícil –por no decir imposible- proponerse la transformación económicosocial del modo de producción capitalista en socialista sin antes derrocarlas, desbaratarlas y crear, entre otras cosas, un nuevo Estado, con nuevas Fuerzas Armadas y Policiales. Eso no está planteado en el quehacer político chileno de este momento.

Por supuesto, aunque no se comparta, desde tan lejos no es justo quien intente dictarle las normas de comportamiento a cualquier pueblo o sociedad. Mi respeto por el pueblo chileno. Pero el mundo es globalizado y nadie tan globalizado como el marxismo. Por ello es que se emiten opiniones sobre hechos o personajes que viven, piensan y actúan muchísimo más allá de las fronteras del contexto donde quien opina se desenvuelve. Sin embargo, no emito opiniones para ofender o descalificar a ningún chileno ni ninguna chilena y menos al pueblo chileno por el hecho de haber votado mayoritariamente, en la primera vuelta, por la doctora Bachelet y no por la candidata de mi preferencia a distancia y sin ser de origen chileno. Aunque mucho me alegra que Camila haya quedado como diputada. Ahora es su turno de usar el recinto y las oportunidades del Congreso para exponer y luchar por sus ideas. Si se burocratiza y se desvía de la esencia por lo cual luchó cuando era estudiante, es su problema y ella misma tendría la potestad de resolverlo.

Si yo fuese chileno hubiera votado –sin dudar ni un solo instante- a la Presidencia por la camarada Roxana Miranda, conocida en Chile como la tía Roxy. Si alguien me hubiese dicho o preguntado: ¿Por qué vas a perder tu voto dándoselo a alguien que no tiene chance y así favoreces a la derecha? Para responderle me hubiese degustado un buen café flor de patria y luego de encender un cigarrillo y lanzar unas bocanadas de humo, entonces, hubiese respondido con mucha brevedad: -Pierdo mi voto con la mejor aunque no gane.

¿Quién es la tía Roxy? Una mujer de corazón anchuroso como el mar, sensible muchísimo más allá de donde se detienen los políticos que saben que prometiendo villas y castillos no van a cumplir, honesta por demás, luchadora tanto de día como de noche, revolucionaria integral, mujer de compromiso incluso antes que su boca pronuncie sus palabras. Mejor dicho: camarada que con el tiempo, con sus luchas, con sus esfuerzos, con sus sacrificios, se ha hecho parte de la legión de los imprescindibles.

La tía Roxy es costurera. De allí obtiene el sustento para su familia, para ella misma y hasta para cumplir con sus actividades políticas. Tiene un pensamiento muy claro de la política y de la ideología. Sabe muy bien qué representa el Estado chileno, cuál es la clase que disfruta de las riquezas que son del pueblo pero se las expropian, cuál papel juegan las Fuerzas Armadas con esa ideología bonapartista que llevan en sus cabezas, quiénes son aliados de los revolucionarios en un momento específico y cuáles podrían ser los permanentes, qué significa la propiedad privada sobre los medios de producción en este tiempo. En fin: la tía Roxy, es camarada revolucionaria y punto. No puede ganar una elección presidencial en Chile en este tiempo pero aun así  –lo repito- si yo fuese chileno votaría por ella con todos los dedos de mis manos. Ella fue la mejor, la más clara, la más precisa, la que más hizo uso de verdades, la que mejor describió a la sociedad chilena en los debates presidenciales. Y en el Chile actual eso no aporta votos, porque para buscar éstos es imprescindible la demagogia política y reflejar fidelidad al capitalismo chileno.

La tía Roxy es la que defiende a los pisoteados, a los explotados, a los oprimidos, a los condenados, a los más pobres, a esos que les duele la panza por no tener comida, a los que andan descalzos por no tener calzados, a los que no estudian porque les niegan el derecho a la educación, a los desempleados, a los marginados; en fin: al pueblo pueblo, ese que pierde en las elecciones porque termina siendo Presidente o Presidenta una persona que no representa la lucha por sus verdaderos intereses económicosociales. Por eso, la consigna central de la campaña de la camarada tía Roxy fue “¡Que mande el pueblo!, pero la inmensa mayoría de éste no quiso entenderla”. Tal vez muy pocos sepan que la camarada tía Roxy fue víctima de encarcelamiento en el Gobierno que hace pocos años presidió la señora Bachelet.

La tía Roxy dijo algo, en la campaña electoral, que miles de miles de chilenos escucharon pero no se volvieron sensibles hacia sus propuestas. ¡No importa! Vale la pena recordarlo para que más allá de las fronteras de Chile, otras personas lo sepan: “Soy resentida, tengo resentimiento, mil veces me han hecho sentir la desigualdad en mi país, he sido pisoteada. Yo quiero que se vayan todas esas cúpulas políticas”. ¿Acaso eso no es lenguaje de revolución proletaria?



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Freddy Yépez


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