Guerra total de Obama contra un exiliado norteamericano

El presidente Barack Obama se ha encontrado con la improbable horma de su zapato. El ex recluta de las Fuerzas Especiales del Ejército, convertido en técnico de la CIA; además convertido en contratista de la Agencia Nacional de Seguridad, NSA (sigla en inglés). Obama ha emitido en relación con Edward Snowden lo que equivale a una orden de captura para quien en el mes de mayo abandonó su trabajo en la NSA-Hawaii como contratista para la Booz Allen Hamilton y viajó desde Honolulu hacia Hong Kong portando un tesoro oculto de documentación clasificada que describe la vigilancia electrónica masiva, sin orden judicial, de la NSA a los ciudadanos norteamericanos y a miles de millones de personas en todo el mundo.

Obama, que se cree un político fogueado, tranquilo en la lucha, formado en un sector sin respeto por las normas al sur de Chicago, ciertamente no le gustó ser eclipsado por un joven blanco, preocupado por la privacidad, especialista en inteligencia que creció en Carolina del Norte y en los suburbios de Maryland en Baltimore.

Después de todo, Obama heredó de George W. Bush los poderes de vigilancia más invasivos que nunca hubo en manos de un presidente de Estados Unidos y él no iba a permitir que un joven impúdico de anglófono apellido Snowden avergonzara al primer presidente afro-americano que además ostenta un apellido keniano.

En el caso del soldado de Primera Clase del ejército, Bradley Manning, acusado de publicar información clasificada a través de Wikileaks, información que incluía más de 250 mil cables del Departamento de Estado, Obama se tomó a título personal la guerra contra los filtradores haciendo la siguiente declaración antes del juicio: “Nosotros somos un país legalista. Nosotros no permitimos que cualquiera tome decisiones acerca de cómo aplicar la ley. ¡Él (Bradley Manning) infringió la ley!” Tal como lo ha demostrado al ordenar asesinatos de ciudadanos norteamericanos en el exterior vía aviones no tripulados, Obama no tiene ningún inconveniente en ser juez, jurado y verdugo. Al personalizar su intento de atrapar a Snowden, Obama hizo que su misión fuera política y no delictiva. Esto solo hace que Snowden sea un refugiado político digno de que se le conceda asilo por cualquier medida razonable del derecho internacional.

Obama, que nunca ha dominado las complejidades de la diplomacia, comenzó haciendo exigencias globales en el sentido que Snowden fuera devuelto de inmediato a Estados Unidos para enfrentar lo que los seguidores de Obama llaman “justicia”. En su primera solicitud a los funcionarios de la Región Administrativa Especial de Hong Kong para que Snowden fuera extraditado a Estados Unidos, el Departamento de Estado estaba tan precipitado que se equivocó en el nombre de Snowden llamándolo James en vez de Joseph y omitió su número de pasaporte. Hong Kong indicó que no podía procesar la solicitud de extradición de Washington por errónea e incompleta. El gobierno de Obama, actuando como cualquier dictadura tercermundista, respondió amenazando con cancelar el acuerdo recíproco de visa liberal entre Hong Kong y Estados Unidos y otras sanciones no especificadas.

El Departamento de Estado de inmediato revocó el pasaporte de Snowden aunque él consiguió viajar hacia Moscú con un documento de salvoconducto emitido por el cónsul de Ecuador en Londres, Fidel Narváez, decisión que le significó una fuerte reprimenda de parte del presidente de Ecuador, Rafael Correa. Luego, los medios corporativos informaron que Correa había rechazado la solicitud de asilo en Ecuador hecha por Snowden, en circunstancias que nada de eso ocurrió. Lo que dijo Correa fue lo que dijeron otros países. La solicitud de Snowden de asilo en Ecuador, podría ser considerada solo si él estuviera físicamente presente en territorio ecuatoriano. Correa no podría garantizar salvoconducto desde Moscú a Ecuador.

Cuando Snowden voló hacia Moscú, con la obvia vista gorda de China, Estados Unidos amenazó a los chinos con acciones de represalia, no obstante las revelaciones de Snowden produjeron un agujero gigante en la propaganda de Washington en el sentido que China constantemente lo sometía a la piratería cibernética patrocinada por el estado chino. En realidad, las revelaciones de Snowden al periódico South China Morning Post, brindan evidencias que la NSA apunta hacia las redes civiles y procesadores en China y Hong Kong, incluyendo aquellos que operan en hospitales y universidades. Hong Kong exigió una explicación de parte de Estados Unidos. China logró demostrar que Obama es en extremo hipócrita.

Una vez que Snowden llegó a Moscú, el intervencionista y neo-conservador embajador de Estados Unidos en la capital rusa, Michael McFaul comenzó a presionar a Rusia para que extraditara a Snowden a Estados Unidos a pesar del hecho que no existe un tratado de extradición entre Estados Unidos y Rusia. McFaul no fue el único embajador que se enfrentó con el gobierno anfitrión por Snowden. El Sub Secretario de Estado, William Burns, el tipo que Obama y el Secretario de Estado, John Kerry nombraron para atrapar a Snowden y devolverlo a Estados Unidos, comenzó a enviar cables a todas las misiones diplomáticas norteamericanas en el exterior indicándoles que no debían detenerse ante nada con tal de agarrarlo.

Cuando Islandia fue advertida de no dar asilo a Snowden, el Parlamento Islandés presentó un proyecto de ley que habría concedido la ciudadanía islandesa a Snowden. El proyecto de ley fue patrocinado por seis miembros de pequeños partidos minoritarios –el Partido Pirata, el Movimiento de Izquierda Verde, el partido Futuro Brillante y la Alianza Social Demócrata—pero el gobierno de Obama fue capaz de esgrimir la suficiente influencia sobre el gobierno de centro-derecha para asegurarse que el proyecto de ley muriera en la raya.

Cuando Snowden reservó pasaje en un vuelo de Aeroflot Moscú-la Habana, Obama puso a su gobierno en estado de alerta roja, pero Snowden no abordó el avión. Por otra parte, debido a que Ecuador había dado asilo en su embajada en Londres a Julian Assange, co-fundador de Wikileaks, Washington pensó que Snowden podría haber planeado un escape hacia Quito. El Vicepresidente Joe Biden llamó por teléfono al Presidente Rafael Correa para presionarlo para que no le diera asilo a Snowden. Ecuador, al ser amenazado con la cancelación del acuerdo preferencial de comercio, lo cancelo de todos modos, acusando a Obama de chantaje y ofreció una cantidad igual a la perdida por Ecuador por la cancelación del acuerdo, es decir, 23 millones de dólares para financiar un curso sobre Derechos Humanos para funcionarios de gobierno norteamericanos.

Cuando el presidente boliviano, Evo Morales y el presidente venezolano, Nicolás Maduro viajaron a Moscú para asistir al Foro de Países Exportadores de Gas formado por 13 naciones, Obama y la NSA una vez más se pusieron en alerta roja en caso que cualquiera de los dos líderes decidiera sacar a Snowden fuera de Rusia en sus aviones presidenciales. Desde Moscú, Maduro informó que él consideraría la solicitud de asilo de Snowden.

La NSA ordenó una sobrecarga en la vigilancia de las comunicaciones de Maduro y Morales, especialmente las de Morales quien hasta bromeó con dar asilo al filtrador norteamericano. En respuesta a una pregunta acerca de conceder asilo a Snowden, Morales respondió “¿Y por qué no? …su caso a desatado un debate internacional y por supuesto Bolivia está lista para ayudar a la gente que denuncia cosas.”

La errónea creencia que Morales había decidido trasladar a Snowden desde Moscú a La Paz a bordo de su avión presidencial Falcon, Estados Unidos a través de sus embajadores en Roma, París, Madrid y Lisboa, convencieron a esas naciones de cerrar sus espacios aéreos al avión de Morales en abierta violación de las universalmente aceptadas normas del derecho internacional, cosa que puso al presidente boliviano a su comitiva y tripulación en grave peligro. Morales y su equipo fueron obligados a aterrizar en Viena donde permanecieron durante catorce (14) horas.

El Ministro de Relaciones Exteriores de España, José Manuel García-Maragallo informó que el gobierno de Obama le comunicó al gobierno español que Snowden se encontraba en el avión de Morales, lo cual era falso.

Se dice que esa misma información fue reenviada por el embajador norteamericano a Viena, William Eacho, un financista de la campaña de Obama e inversionista bancario de Bethesda, Maryland. El embajador de España en Viena, Alberto Carnero Fernández intentó abordar el avión de Morales mientras estaba en la pista en Viena con el objeto de buscar a Snowden.

El acto de piratería aérea cometido por Estados Unidos contra Morales provocó una tormenta de fuego en América Latina. Las solicitudes de asilo de Snowden fueron aceptadas por Venezuela, Nicaragua y Bolivia. La Primera Dama de Uruguay y senadora, Lucía Topolanski también señaló que Uruguay concedería asilo y varios legisladores brasileños presionaron a la Presidenta Dilma Rousseff para que le concediera asilo a Snowden. Los países latinoamericanos todos condenaron el aterrizaje forzado de Morales en Viena mientras que los cinco países europeos involucrados ofrecieron explicaciones incoherentes sobre sus acciones. Las organizaciones regionales de América Latina condenaron al gobierno de Obama y a los cinco países europeos, todos los cuales constituyen el “tercer partido” como colaboradores en la recolección informática que hace la NSA, que ofrecieron excusas por sus actuaciones --pero no razones válidas. No sorprende que Italia y Francia estuvieran entre los países que también rechazaron las solicitudes de asilo de Edward Snowden.

Otros países que rechazaron el pedido de asilo de Snowden debido a la masiva presión ejercida por el gobierno de Obama son la India, Alemania, Polonia, Finlandia y Brasil. Cuando se extendió el rumor que Zimbabue podría ofrecer asilo a Snowden, el equipo de Obama que viajó con el presidente a África hizo saber que las drásticas sanciones que se impusieron al gobierno del Presidente Robert Mugabe serían incrementadas.

Snowden retiró su solicitud de asilo a Rusia luego que el Presidente Vladimir Putin dijo que Snowden primero tendría que dejar de publicar información clasificada.

Obama ha mantenido una vendetta personal en contra de todos los filtradores de la seguridad nacional, pero en el caso de Snowden, Obama se ha convertido en una especie de resuelto Capitán Ahad* persiguiendo a su presa. Obama no se detendrá ante nada para capturar a Snowden, tal como lo ha demostrado con sus acciones contra el avión de Morales, conocidos planes de contingencia del Pentágono contemplaban obligar al vuelo de Aeroflot Moscú-La Habana a aterrizar en Miami si Snowden hubiese estado a bordo y amenazas de sanciones comerciales contra varios países que consideran otorgar asilo a Snowden.

El secretario de prensa de Obama, de aspecto imberbe, de manera arrogante declaró que “A Snowden no se le debe permitir proseguir en ningún viaje internacional que no sea para viajar de regreso a Estados Unidos.”

La ironía es que gente alrededor del mundo, al margen de su etnicidad, comenzó a celebrar al tranquilo tipo blanco proveniente de los suburbios de Baltimore luchando contra el matón del sur de Chicago. Obama, al asumir la guerra contra un solo ciudadano norteamericano a título personal, no solo ha hecho de Snowden un refugiado político sino también un héroe nacional norteamericano.

*Capitán Ahad, personaje central de la novela Moby Dick de Herman Melville

*Traducción desde el inglés por Sergio R. Anacona

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Wayne Madsen

Escritor. Especializado en Asuntos Internacionales


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