Se inclina la balanza en el conflicto sirio

El periódico TheGuardianpublicó hace unos días una fotografía infinitamente triste de un muchachito sirio de a penas nueve o diez años de edad cruzando una calle sosteniendo un viejo fusil con bayoneta calada.  Aparentemente el niño pertenece al batallón Mártires de Maaret al-Nuan que mantiene el control del pueblo de Maaret al-Numan.

Niños soldados en la cuna de la cultura y civilización islámica y en una de las sociedades más modernas del mundo árabe, es algo realmente inconcebible.

Las potencias occidentales han tenido éxito al destruir una ciudadela más del Medio Oriente Musulmán, lo cual podría ser aun más trágico que la destrucción de Irak.

La decisión tomada por el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, de suministrar ayuda militar a los rebeldes sirios luego de alegar que existe evidencia concreta de ataques por parte de las fuerzas del gobierno empleando gas nervioso es sencillamente abominable.  Los informes que citan a funcionarios norteamericanos sostienen que el armamento incluye armas cortas, municiones, fusiles de asalto y una variedad de armas antitanques tales como granadas a control remoto que se disparan desde el hombro y otros misiles.  Según la AssociatedPress, se espera que la CIA asuma el entrenamiento de los rebeldes sirios en el empleo de estas armas que la Casa Blanca ha accedido a suministrar.

Como lo plantea el senador John McCain, ya existe un creciente clamor en el sentido que Obama más bien entienda que solo con suministrar armamento a los sirios no va a cambiar la ecuación en el terreno o en el equilibrio de poderes, agregando que el poderío aéreo de Bashar al Assad tiene que ser eliminado y neutralizado.  Nosotros, (Estados Unidos) podemos hacerlo sin tener que arriesgar un solo avión norteamericano.

Pareciera que McCain está en la vanguardia de la política del gobierno de Obama hacia Siria.  El Wall Street Journal ha citado a funcionarios norteamericanos revelando que la proposición original del Pentágono para armar a los rebeldes sirios, también contempla una reducida zona de interdicción aérea dentro de Siria la cual sería puesta en efecto desde el territorio de Jordania.  Pareciera que el gobierno de Obama está visualizando a Jordania como el principal punto de apoyo para montar las operaciones de cobertura militar contra el gobierno sirio.  El pretexto para una zona de exclusión aérea sería que esta apuntaría hacia la protección de los rebeldes sirios pero no se necesita mucho ingenio para darse cuenta que el requisito operativo del  Pentágono es la disolución de la frontera sirio-jordana para convertirla en una zona fuera del alcance de las fuerzas del gobierno sirio.

Logísticamente hablando, esto también abre la puerta para un involucramiento militar directo de Israel dentro de Siria y aceleraría así el derrocamiento del gobierno.

El informe del Wall Street Journal es específico y revela que la zona de exclusión aérea se extendería hasta 40 kilómetros al interior de Siria y según los funcionarios norteamericanos, esta será puesta en vigencia empleando aviones que volarían desde bases en Jordania y se desplazarían al interior del reino.  Estados Unidos ya ha instalado baterías antiaéreas Patriot y caza-bombarderos F-16 en Jordania.  Los funcionarios afirman que los aviones norteamericanos que participarían en la zona de exclusión aérea volarían desde Jordania y también desde navíos de la flota norteamericana en el Mediterráneo o el Mar Rojo.  Hasta el costo de la operación ha sido calculado 50 millones de dólares diarios.  Estados Unidos espera que sus aliados,  presumiblemente Arabia Saudita y Catar asuman el costo de la zona de exclusión aérea.

Lo que emana de todo esto es que la zona de exclusión aérea tomaría alrededor de un mes en ser implementada, lo cual probablemente explique por qué el gobierno de Obama ha diferido hasta ahora el anuncio.  El Wall Street Journal agregó que los funcionarios dicen que habría una limitada ventana para realizar todo esto (poner la zona de exclusión aérea en operación).  Si Rusia decide suministrar a Siria el avanzado sistema antiaéreo de largo alcance S-300 haría que una zona de exclusión aérea tan limitada como esta fuera mucho más riesgosa para los pilotos norteamericanos.  Existiría aquí la sugerencia que en tal eventualidad Estados Unidos no tendría otra opción que la zona de exclusión aérea cubriera toda Siria.  Eso podría costar más dinero, pero, por supuesto, Arabia Saudita y Catar con gusto abrirían sus carteras.

Con todo, pareciera que la balanza se estaría inclinando en el conflicto sirio.  Lo curioso es que el gobierno de Obama está metiendo los cambios en terreno movedizo.  La decisión de la Casa Blanca aun no ha sido apoyada por ninguna evidencia concluyente en el sentido que el gobierno sirio emplea armamento químico, ni siquiera señala a qué evidencia se refiere ni cómo la obtuvo.  La declaración misma está cuidadosamente redactada de tal modo que plantea tantas interrogantes que uno de los más reconocidos expertos en seguridad de Estados Unidos, Anthony Cordesman del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales en Washington, cree que el descubrimiento de armamento químico es una trama política para justificar la intervención militar directa norteamericana en Siria en esta coyuntura por razones estratégicas.

El hecho que el gobierno de Obama haya decidido dar este paso,  incluso antes que sus aliados europeos, constituye una incógnita.  Se nota un cierto grado indecoroso de apuro.

Muchos factores podrían haber contribuido.  La creciente desesperación debido a que el equilibrio militar de manera creciente se inclina a favor de las fuerzas del gobierno sirio; las abundantes críticas de parte de los aliados de Estados Unidos en el Medio Oriente respecto al recelo que ha tenido el gobierno de Obama para involucrarse militarmente; la virtual imposibilidad de reunir a las numerosas agrupaciones sirias de oposición en la mesa de negociaciones del proyecto Ginebra II; y la estridente opinión bipartidista en gestación entre las elites políticas de Estados Unidos --sin duda aguijoneada por el cabildeo pro israelíen el sentido que Obama debe actuar en Siria antes que sea demasiado tarde.

Del mismo modo, Siria bruscamente ha apartado del escenario central el profundo bochorno del gobierno de Obama a raíz de las recientes revelaciones del informante de la CIA, Edward Snowden.  La atención internacional ha obviado las dañinas revelaciones de Snowden, todo lo cual ayuda a la Casa Blanca.

Cualesquiera sean las motivaciones a nivel macro o micro, la decisión del gobierno de Obama arruina las condiciones para una directa intervención militar occidental en Siria similar a lo que sucedió en Libia.  Existe ahora solo una muy remota posibilidad para que Estados Unidos regrese seriamente al proyecto de Ginebra II.  Queda planteada una incómoda interrogante: ¿Estuvo alguna vez Estados Unidos seriamente interesado en el proyecto Ginebra II o fue solamente para ganar tiempo?

Curiosamente, a diferencia de Libia, donde Obama dirigió desde atrás, en el caso de Siria, él está al frente y podría haber mientras tanto aventajado a sus aliados de manera que el sistema de alianzas podría ser puesto en el marco de forzar un cambio de régimen en Siria.  Rusia enfrenta una tarea cuesta arriba para producir una salida durante la cumbre de los G8.

El gélido intercambio durante la conferencia de prensa del Presidente Vladimir Putin y el Primer Ministro inglés, David Cameron, luego de su reunión en Downing Street 10 remarcó lo desesperanzador de la situación.

Putin preguntó, Ud. no negará que uno en realidad no necesita apoyar a gente que no solo mata a sus enemigos sino que abre sus cuerpos y come sus intestinos delante del público y las cámaras.  ¿Es esa la gente que Ud. quiere ayudar?  ¿Es a ellos a quienes Ud. desea suministrar armamento? 

Luego probablemente esto tenga poca relación con los valores humanistas que se han estado predicando en Europa durante cientos de años.  Cameron no respondió.

Nota.-  Sus comentarios y opiniones acerca de este artículo serán bienvenidos en

editorial@strategic-culture.org

Traducción desde el inglés por: Sergio R. Anacona

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